Cuando el silencio me ahoga, enciendo la radio y me llegan de un planeta lejano voces que apenas comprendo: ese mundo tiene su tiempo, sus horas, sus leyes, su lenguaje, preocupaciones, diversiones que me son radicalmente extraños.
Simone de Beauvoir.







Autolesión.

Hoy pensaba, con las yemas sangrando que era
lunes. La ceniza y la violeta piel de las ojeras,
y otra cosa:
las motas blancas de pintura salpicando mi
camiseta preferida, ya insalvable.

Pretendo estar a la altura y que su familia no me
odie y que no todo el mundo me odie y quisiera
ser delgada y bajita y tener una carrera
universitaria y predicar mi verdad y que
fuera verdad y salpicar con risas la ensalada y
despertar guiñándole un ojo con las tetas
bien puestas que quisiera estar
haciéndomelo siempre.

Pero por dios a quién pretendo engañar.

Hoy ni siquiera me he duchado.
Miedo y asco en el tercer piso.

Mosaico

No estoy para mucho.
Es cierto: me han crecido candados donde van las
presuntas alas. Debían salirme a cierta edad, algo falló.
Todo ha venido fallando desde cierto día, lo recuerdo muy bien
recuerdo exactamente la ropa que llevaba. Recuerdo
que los tipos del bar de abajo dijeron algo así como
"qué sexy". Yo por entonces tenía la costumbre de atar
cuerdecitas negras en mis tobillos, eso les gustaba a los
tíos, bueno, yo les gustaba, después de todo estaba
más delgada y sobre todo todavía no tenía estos
candados, todavía no había comprobado la dureza de
la roca, no sabía nada del fracaso, creía en el amor y
nunca nada iba a abatirme, ya me entienden, esa fuerza.
También tenía el pelo rubio, no sé, él me dijo la segunda noche
que estaba muy buena. Yo estaba desnuda sobre la cama y
debía ser cierto. Claro que la autoestima nunca fue lo mío
pero ahora lo sé: era cierto. De todos modos nada
se había debilitado tanto como para que no quisiera
levantarme por las mañanas o me costara horrores
sonreir y hacer como que existo. Esa mierda.
Trabajaba entonces en una tienda de ropa, en un centro
comercial. Lo típico, chica monísima empleada en una tienda
de nombre estúpido, muy famosa.
Tampoco sé por qué cuento esto, digamos que estoy
recapitulando. Las paredes están sucias, no es broma.
He pasado exactamente siete horas (siete)
desde las dos a las nueve, construyendo un mosaico con
azulejos rotos sobre una mesa vieja.
Ha quedado preciosa, pero después me siento en una silla
apoyo los codos en ella y pienso en cómo hago las cosas:
de esa forma obsesiva. Sabía que si dejaba de pegar
esos ladrillitos en algún momento nunca acabaría
la mesa, y en realidad lo que estoy deseando es que él llegue
y vea lo que he hecho y piense que tiene una novia
fantástica que hace cosas bellas para uso y disfrute de ambos.
Quiero que piense que merece la pena seguir aquí
y aunque no sé cómo abrir los ojos, y aunque es como si hubiera
perdido cierta capacidad de gestión del dolor y el abismo,
quiero que piense que merece la pena seguir aquí
así que hago esas mesitas, pienso en cubrir toda la casa de
puto mosaico, en cambiar cortinas, en trasplantar el ficus
en ir al gimnasio, en hacer cientos de cosas que
de algún modo le hagan pensar
que merece la pena seguir aquí.

Y de todas maneras, cuando me levanto
siempre, por las mañanas
la que se lo pregunta, soy yo.
¿Mecece la pena seguir aquí?
En el mundo, quiero decir.

Es raro nunca me había planteado una
cosa así. Además, qué coño.
(Supongo)
La respuesta es sí.

No tengo sentido del humor, o poco.
Estos poemas son una gilipollez, es lo mismo
que hacer mesas y hacer esos dibujos de colores
en una casa que no es la mía.

A bocajarro la muerte parece esperar detrás de cada
letra, nieva sobre mi y dentro de mi hay una escalera
un punzón y naves quemadas, el inicio de
un poema es como el final del mismo.

Nada.

La cuestión es que yo he dejado de leerme. Y
que llueve otra vez
cómo decías tú
sobre los taxis.

El trigo del loco


El trigo del loco, de Arturo Méndez Cons. Para saber más, pincha aquí

Erosión

Tengo esta mano muda acariciando la piel con los bordes rojos.
Circulación sanguínea obstruida, es este muro de acritud y desencanto.
Golpear romper cristal arañar la pared con vicio de animal moribundo
pretendiendo qué.

La gata salió disparada se dio contra una puerta, no es posible que yo
destile toda esta
maldad.

Paso tiempo queriendo mejorar, tal vez voy
mejorando
algunas mañanas me hacen masajes shiatsu
ahora voy más en bicicleta, camino, cocino y leo
soy amable con las vecinas aunque las odio con
espíritu matinal y vehemencia, sus miradas
son como huecos agujeros negros de vidas
enceradas. Con todos esos hijos de visita los domingos y
paellas y cementerios.

Adoro entrar al mercado central, siempre que lo hago
miro hacia arriba, es hermoso un cielo artificial y enorme
guarecida al final, con los pies helados cuando paso por la zona
de las pescaderías y siempre
trato de comprar en
los puestos donde se agolpan más
señoras, éstas suelen tener el pelo corto
haciendo formas.
La laca es otro instrumento para mantener
el tipo frente al viento a borbotones, fiero y nuevo derrumbando
torres, esas señoras se mantienen ahí
cabalgan desde las siete de la mañana.

No son mis vecinas.

Las calles estos días están mojadas como lenguas,
no hay andenes aquí cerca, sólo fruterías y huesos
masticados sin prudencia, dientes rotos.
Una suerte de trabajadores puntuales.

Digo buenas tardes, muestro entusiasmo fácil y
sin sustancia, me inquieto, no quiero
ver a nadie. Ni cenas, ni lecturas, ni amigas ni
memoria.

Una trampa, siempre la misma, voy cayendo
desesperada, un pato cazado, la misma presa
idiota de una corrosión magnética.

Triste como un patíbulo rosa.

Y los aullidos de los recién nacidos.

Me quita el sueño pensar en hijos.

Me quitan el sueño los expendedores automáticos de
tickets y
bebidas
refrescantes.

Con todos esos colores, la chispa
de la
vida

desata incencios
en gente así.

yo

Fiebre de sábado noche.

Y después operas con las manos en tu regazo, implorando
un cirujano valiente, pulverizador de enfermedades y huecos.

Como en aquella película, dentro del bar la música
va haciéndose en off, una alucinación de desmayos
tú particularmente deshecha,
conversas en el espejo, temas
recurrentes
un viaje
una peluquería
un sueño
nostalgia con eructos y paralelogramos.

Todo se construye sobre una base modesta,
nunca un borde logró raspar la piel o el vestido, pero
tu padre exige fechas y papeles que perdiste
la madre grita envuelta en flechas y mantitas
la abuela enferma con delgadez y
................es lo que toca, merendar ahora,
olvidarlo todo, tragar placebo, vencer
y si acaso
empadronarse
en la nada.

Karavana

Anunciaros que Arturo Méndez Cons y yo hemos inaugurado un nuevo blog de difusión artística que esperamos sea el principio de un recorrido (incierto, eso sí) hasta la publicación en papel de todo tipo de autores y variadas disciplinas, aunque ya sabeis que nos centramos sobre todo en la literatura.
Podeis visitarlo pinchando en el nombrecito del invento: Karavana
¡Gracias!

Derrota

Los pájaros no quieren mi comida. Las manos me huelen
(y es un perfume que aprendo a odiar)
a pan duro
y agua.
Lanzo las migas desde el
tercer piso. Desmenuzo ese trozo
de pan
con una ilusión nefasta, buscada
hasta la extenuación

Ellos vienen, de uno en uno y se las llevan muy rápido
pero cuando él
se asoma para verlo, ningún pájaro baja del naranjo y
él dice que

los pájaros no quieren mi comida.


También dice que como demasiados dulces, bollería
industrial.

Hoy todo es más difícil tratar conmigo es arriesgarse
porque me hiere como me hiere un pez muerto y envasado en el
supermercado,
con esos ojitos abiertos mirando la nada.

Cadáveres horribles.

Y ahora las calles me parecen la guerra con sus señoras y
esos niños recién nacidos y feos.
Los bares atestados de hombres
y de ancianos que comen calamares.
Que recogen con el dedo húmedo un resto de
rebozado sobre la mesa y se lo llevan
a la boca.

Ahora voy andando y pienso en meter la cabeza por el agujero que
tienen los contenedores para vidrio,
en no mirar a los lados cuando
cruzo la carretera, en la posibilidad de un atropello y voy andando y pienso
en ocultarme en la trastienda de un
comercio y cerrar la persiana metálica
y en no escuchar nada, en no ver nada
y voy andando y pienso
en la carne descompuesta
en el perfume de mis genitales
en el cabello sin brillo
en la triste desidia de los edifcios a medio construir y en sus manos que
apartan
las mías será que ya no estoy alegre y no soy rechoncha y saludable si no
gorda
y
enferma.

Ahora por primera vez tomo pastillas y me averguenzo de mis
pensamientos negros, del puño estallado en la pared con poca fuerza por miedo a
dolerme a no empezar de verdad a dejar ir esta locura poco práctica
la vulnerabilidad de un espejo.
Y todo tiene la sangre espesa e incluso quiero que todo acabe, toda esta presión
saben, de tantos pascales y dentro de mi cabeza, una atmósfera de autolisis
negra y bastarda. Bailando con
el enemigo. Bailando sola.
Si de lo que hablamos es de mantener la cordura y la calma.

Pero están esos pájaros que no quieren
mi comida y está toda la basura mezclada y el forzarme
a hacer cosas como
un beso
una bonita mirada.

No puedo
respirar.

Él abre la puerta mientras yo escribo este poema, la puerta
del cuarto y me mira insatisfecho, hace esa mueca.
Yo temo hacerle daño como temo aplastar un animal recién nacido.
Porque le amo y pese a todo lo que se tambalea, es como si quisiera
mantenerle ahí afuera, no dejar que
algo en él se muera.

Preferiría mil veces verlo todo
morir
en mi.

Pongamos que violas la palabra, haces con ella un pequeño nudo que aprietas, una soga en tu cuello.
Es limpio y concreto, fugacidad de peldaños, un ronquido que rompe la estancia
cuando el padre muere, una estación de quirófanos y medias tintas,
todo concentrado en el pulmón que exhala con malicia la tarde y los periódicos
la inanición y la burla, liberadas por un momento.
Lo escribes y es justo escupir después, todo lo mascado queda liviano.

Lo que comprendí la noche en que nos besamos, cuando hablábamos mucho y
nos rozábamos apenas, es que una arteria (femoral, por ejemplo)
es un esqueleto violáceo que suma y sigue la vida,
y ella aporrea la puerta, un segundo de pericia,
otro nuevo día, suena el despertador a las nueve.

Guarradas y química, en este barrio no es lo mismo
tú paseas por el centro
todas van con esos trajes de marca y
muchas veces en bicicleta
aquí.............. no hay más que señoras
que se arrugan como pájaros muertos,
un hombre bajaba siempre al bar a las cinco y media pero desde
hace
unas semanas, está allí ya a las tres.
Para jugar, a las máquinas y arrastrar los dientes por el suelo quemado
de neumáticos y chicles.

Después de todo no soy tan fea, me miro al espejo parece
que no estoy muerta, no tengo
estudios es cierto, y mi trabajo es poco cualificado, pero ya sé ya
que muchos lo quisieran para si.

Ya sé que puedo perder peso y sé que también tengo familia.
Y sé que hubo amor cuando bailábamos agarrados aquellas canciones
de los ochenta en un pueblo pequeño de Alicante.

El resumen es insuficiente, debería ponerme a limpiar por dentro
sacar aquí, para pasmo de los presentes, toda la furia y las ganas
un humor vítreo descargado para la ocasión
un perfume cautivador que se empeñe en sacar afuera
todo esto con lo que volver
a seducirte.

Pasa un minuto, dos.
Parece que nunca vas
a volver pero sé que lo
que ocurre es que no sé
cuando voy a
volver
yo.

Así son las cosas. Y así se las hemos omitido.

Me da igual, he vuelto a beber leche.
Despierto y tras abrazarle bebo un vaso a rebosar.
Me sienta mal,
la leche....................... pero me gusta.


Y supongo que hay momentos en la vida en los que uno tiene que tomar una decisión.

Tengo diez minutos para escribir, necesito escribir. No sé por qué en realidad me parece tan manido eso de escritor de nacimiento que no puede evitar soltar sus cositas por aquí y por allí, exponiéndolas, eso sí, al mundo entero... sin importarle pero sin quitarle ojo a los posibles lectores. ¿En manos de quién caerá? Algún violador, desaprensivo, alicatador o masajista de shiatsu. Ahí va de todos modos.

Decir que no tengo ganas de nada no sirve de nada. Los miedos se agolpan y la vida se convierte en una escalerita muy pequeña en la que uno anda con tacones haciendo equilibrios. Lo que te salva es débil, y además estúpido. Pero te salva, supongo. ¿Volvemos a lo del balance?, ¿tomar una decisión?

Ahí estás, las vecinas se ríen de ti,
las cajeras de supermercado
y todos los clientes del estanco.
En la sucursal te miran de reojo,
todo el mundo.......................................... lo sabe.


Quieres acabar con esto de una vez, quieres autolesionarte

que tu cabeza explote
contra la pared,
que tu codo reviente
contra la pared

(apoyas la espalda en el muro y luego elevas el brazo para impactar fuertemente con el codo)

Bueno, y eres feliz, reconócelo.
En el fondo sí.
Tienes todo lo que puedes desear.
Incluso amor.
Y del bueno, parece.

Ah, es que a mi siempre me pareció que había algo........... detrás,

..............que nunca nada es en si mismo lo que es.

Y puede que tengas razón pero eso no le quita valor ni sentido a un sentimiento que al menos en ti, parece limpio.
Es limpio, y tiene más cosas.
Entonces, por su parte igual. Limpio y tiene más cosas.
Bien, es importate la limpieza en este ámbito. El acto de amor es lo más parecido a un combate, lo menos que se puede hacer es jugar limpio.
Deja de sentirte así.
Es bien fácil, sólo tiene que llegar el buen tiempo. Solo tiene que hacer sol durante más horas, sólo tengo que ir en manga corta y todo irá mejor. Sé que esto cansa.
Nadie quiere a un imbécil en su casa. Es cansado andarse con bultitos y escondrijos para las necedades.
Te prometo que estaré mejor. A partir de ya. No tendrás que emplearte a fondo.

No más besos. No más peluqueras en activo.
No más desastres, todo es precioso.


El aire

La luz.


El frío.


Una pereza milimétrica de poros y relojes.
La canción que bailamos, después de un par de copas.

Yo te miraba. Siempre pensé que tú a mi no.

Mira qué bien.

Kilos de pereza

Voy dándole a la mesa

ritmo
ritmo
ritmo

con los nudillos casi pelados, con dolor

insisto en la pesadilla insisto
en el gas
(frío y asco, náusea trasladada
a los dedos)

La onda en el agua tras las piedras.

Casas con ladrillo caravista y balcones
de hierro
forjado.

En este pueblecito donde bendicen a los perros

El sol en la espalda me está cortando hay cosas que podrían
ser amables pero para mi vienen ya oxidadas amarillas
crema para suicidas, vaselina
para suicidas, todo fácil, un remolino de aire en el pulmón
te extrañas, no.

Y las mujeres son amables,
van subidas sobre sus zapatos que gimen y pequeños
los tobillos se les desmandan, hay edades en las que se prefiere
el frío
los espejos están rotos hace siglos, mejor saberse muerta que fea y
ridícula, con veinte años engullidos bajo la combinación
las miro yo, así con mis treinta, con los ojos hinchados
un atropello de palabras, boxeo de amor
en la nuca, la soga de un verso mal dicho, no dicho,
la nevera
que es el vientre
el guante
arrojado con pericia, esta malicia de quererse lo idiota de este
pulso que se empeña.

en vivir como si nada.

Estoy en el pueblo, es tranquilo pero pasa fugaz todo esto yo luego
vuelvo a casa, esa caja sucia pequeña, frágil precaria como un diente
de leche a cierta edad cuando no has visto nada o no deberías
haber visto
nada.

La brisa mueve esas sábanas
verdes de quirófano, lo que daría yo
por
la inconsciencia, un
desmayo a tiempo,
eso
nadie lo sabe y
de todos modos
sería fácil

como hacer algo con las cejas de ese chico
tunecino, que se elevan
y los dos sabemos

que va a empezar a sangrar.

La tarde, igual.

Karavana

Anunciaros que Arturo Méndez Cons y yo hemos inaugurado hoy mismo un nuevo blog que esperamos sea el princpio de un recorrido hacia la publicación en papel. Queremos hacer una revista de creación y se nos ha ocurrido que era una buena idea ir calentando motores en internet y bajo un nombre que le viene al pelo: Caravana. y pinchando sobre el nombrecito en cuestión llegareis a la página.

Palabras que no nos gustan.

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Dime tus palabras odiadas pinchando aquí, voy añadiendo las que me enviais.































































































































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