Escribo por no morirme, total
tampoco me importa mucho la disposición de los versos
ni la desgracia del lector.
Abrazo lo indómito de mi propia psique
y me desembarazo del formalismo y las etiquetas.
En definitiva sigo vomitándole en cada palabra
Y parece que no podría ni en mil años
arrancármelo
y dejar este espacio por fin limpio
de besos contaminados, del hurto de mi alma,
del implacable cansancio con el que ahuyentaría a
cualquiera...
limpiar este espacio de
toda aquella torpeza animal con la que yo
limpiaba sus labios, comía de su mano
y creía fructificar
(que siempre me sonó a frutas que caen de un árbol)
En definitiva, cuando de pronto un día me levanto de la cama
y veo la repugnancia del mundo a mi alcance
y pospongo todo lo bueno para mañana
y el universo me provoca
con sus traviesas amenazas.
Es entonces cuando pienso,
ese cabrón me robó la sensatez y tendremos que ir
ferozmente
a recuperarla.
Cuando el silencio me ahoga, enciendo la radio y me llegan de un planeta lejano voces que apenas comprendo: ese mundo tiene su tiempo, sus horas, sus leyes, su lenguaje, preocupaciones, diversiones que me son radicalmente extraños.
Simone de Beauvoir.
Escisión.
"No soy juiciosa, no suelo distinguir el peligro"
Aquella chica disidente que se separaba del grupo
en la excursión,
aquella chica a la que le gustaba
caminar la última,
nunca aprendió disciplina.
Y aunque era elevada, buena, piadosa
tenía en los ojos cierta agudeza maligna
una sospecha, la certeza de la duda,
que persistía con severidad en su cabeza
como agua estancada que nunca va a correr.
Todo ocurrió después de aquello de
la lanza en el costado
(que siempre fue una de sus frases,
en principio nada profunda, preferidas)
Cuando trás resoplar cayó a su lado
en una cama a algún metro del suelo
y se sintió bucólica aún en la ciudad
y dió por hecha la misericordia de la vida
como quien enciende el último cigarrillo
junto al estanco.
Después, vino la carnicería
el destrozo causado por la musculatura y el
cardítico amor que se moría de estafa.
Después vino el encontronazo con el odio
y todas esas cosas que una prefiere relegar
a días de ansiedad, nublados
cargados de botellas, como una bodega etérea.
Vaticinó después que se sentiría capturada
como en una célebre cárcel donde dormir
precozmente.
Sin privilegios, miraba por la ventana y sabía que
hacía falta organización y volver a mirar el mundo
como si no fuera una amenaza
sólo algo retrasado, lento, aplazado e incorrecto.
Un lugar por el que había de pasar
a toda prisa.
Por safrika señorita a las 2:00 p. m.
- Buenas noches preciosa. Te echaré de menos.
Por safrika señorita a las 2:35 a. m.
Yo sé de qué va esto, vaya.
Lo fácil es engañarse y pensar que todo
seguirá siendo siempre igual o que incluso mejorará..
Que esos pequeños trofeos que tenemos encontrarán una cajita preciosa donde guarecerse.
Pero cariño tú sabes que
hay cosas que vuelan desde las ventanas hasta el suelo
algunas caen como plumas otras parecen pesados sacos
y caen en línea recta o al menos eso parece desde la ventana.
A nosotros
de pequeños
nos gustaba tirar globos de agua desde el séptimo
pero aquellos cabrones de enfrente nos superaban
arrojando su propia mierda a aquel vacío inmenso
que era la calle.
La conclusión es que después de eso
de sentirte un rey arrojando cosas desde lo más alto
y de sentirte independiente subido en tu bicicleta camino
de ninguna parte
después de eso sólo se puede ir
cuesta abajo.
Y lo mismo pasa con cada día que perecemos juntos
mirando sorprendidos
la pequeñez abstracta de una fantasía ridícula
la muestra singular de un pequeño trozo de vida
que pareció real que pareció "lo que tenía que ser"
No quiero romperlo todo y decir que
algo se ha perdido,
sencillamente quería reflejar lo efímero de
la calidez, del orgullo, de las manos que no se cansan,
del murmullo infatigable de una conversación.
Es lo mismo que el pensamiento aquel de que
el amor había de durar como mucho
dos años.
Con eso también quise creer que me equivocaba.
Fue duro, supongo.
Un dia abrirse así.
De golpe.
Por safrika señorita a las 12:50 a. m.
Esta es una de esas noches de tinta china y agua que gotea en el baño.
Es una de esas noches de mutilación frente al ordenador
Hace frío y la ventana esta abierta pero nunca
te levantarás de la silla a cerrarla.
Ni siquiera pretendes parecer poética, la vista se nubla porque quisieras
morirte porque siempre coincide tu ovulación con su cansancio y el miedo con
la concreción del terror.
Porque nada importa demasiado en realidad, y en el fondo de ti lo sabes
eres una chica "intrínsecamente positiva"
y
- estás helada, te presto la chupa?
- no
- y me la chupas?
Unas risas tontas, otro trago de cerveza
después vengo a casa y como, después fumo
como costumbre
y quiero explicar algo pero
el vacío está ahí, detrás de todo porque al final,
aunque suene a tópico
siempre estamos solos
y eso es lo que hay que comerse
y metersélo en la cabeza y
entenderlo
llegar a la esencia de una verdad
universal y maligna:
Siempre
solos.
Y hemos de
aprender.
Por safrika señorita a las 12:37 a. m. 8 pulsaciones
Hollywood seré.
Yo seré como Clara Bow en el casino,
como Clara en la cama, descoyuntada bajo un abrazo.
Seré como Lupe Vélez, resbalando en su propia mierda
cayendo
con la cabeza dentro del váter
muerta sin haber logrado
vomitar
el seconal.
Yo seré
como Frances Farmer
(como en aquella foto donde fuma y sonríe)
condenada al infierno
casi siempre despeinada,
un excelente ejemplo
sobre el que desbeber.
jueves, 23 de noviembre de 2006 | Por safrika señorita a las 7:26 p. m.
Hujila era una chica medio muerta, de película gore tripas colgando y trozos de traquea esparcidos por el cuarto. Soliamos bailar como podiamos, en salas para abueletes y marujas de todo a cien. Hujila era roja y blanca, con cara de bala y medias de rejilla. Hujila doña heroína, como le llamaban en el barco pirata que estaba atracado en el puerto los marineros: Hujila doña heroína, la hija del jefe, la de los leotardos rotos y celo de rata. Vagaba yo, con Hujila por las calles viejas medio empedradas, y me sentía romántico, con las cejas empinadas y a la luz de la luna con mi medio muerta amante de ojos hundidos y caderas de elefanta. Juntamos las manos sentados en un banquito. Doña heroína, Hujila... era una putilla de la periferia de padre rico y madre internada, con los labios mas morados del mundo y la vagina mas húmeda que jamas conocieran mis dedos de uñas mordidas.
Nos conocimos en la calle de las cerillas, la tarde de hacia dos semanas, y con le corazon encogido ante esa distraida belleza e indefension, ante tanta sangre y viscera a flor de piel, le dije, quieres apuntarte conmigo a bailes de salón. Y ella meó entre dos coches, mientras con la cabeza asentía y se miraba los zapatos, salpicados ya con cientos de gotitas del amarillísimo líquido, tan precioso.
Así que di una última calada a mi habano y le dije.
- creo que a partir de ahora iré siempre trás tus pasos.
Ella suspiró entonces, y subiéndose las bragas respondió.
- Vale.
Por safrika señorita a las 2:17 p. m.
Tenía la mujer el pelo eléctrico, o mejor, como una madeja de esparto.
Era rubio de bote, un rubio de bote sumamente artificial. Tal vez con demasiada agua oxigenada. Había sido profesora de francés en una academia de pago, y me enseñana a pronunciar Je t´aime.. veux tu m´épouser?. Y ella me preguntaba, ¿a quien quieres decírselo? y yo la miraba de reojo, sonreía y le guiñaba un ojo. Cuando la saludaba por la mañana, siempre le decía Bonjour! y para despedirme lo hacía con au revoir. También usaba el merci cuando me pasaba unos papeles alargando mucho el brazo, desde la mesa de enfrente. Llevaba una camisa marrón y sacaba las solapas por encima de la bata blanca de la que abrochaba hasta el último botón. No era una mujer fea, pero estaba muy estropeada y yo pensaba constantemente en llamar a un programa de la tele de esos en los que cambian la imagen de una señora gorda con los tobillos enormes y el pelo medio muerto y las manos rojas de tanto fregar y por un día la convierten en una especie de mujer fatal y su marido la besa medio apasionado delante de las cámaras. Redescubra su belleza. Pelo de peluquería, sombra aquí y sombra allá.
Ella mira por encima de las gafas de montura al aire, me comenta que se empañan con una facilidad asombrosa. Me pregunta cosas todo el rato. Todo el tiempo las mismas preguntas. Su inseguridad me abruma. Pienso que ha de tener algún tipo de demencia y me pregunto si se dará cuenta, sabiendo que la respuesta es sí.
Por safrika señorita a las 1:48 p. m.
Contestador:
Hola.
Ha llamado al mundo interior de la chica-partida
la que modula a la perfección
la que come palabras
la que escupe mentiras, siempre vanas
y en la boca pastosa de sueños guarda
comentarios ingeniosos
salivas de caballeros
y ardientes situaciones, narraciones fantásticas
eróticas, místicas
con las que deleitarle a usted.
Así que
Hola.
Ha llamado al mundo interior, siempre interesante
de la chica con la que pasar el resto de su vida.
Pero antes debe atreverse
a dejar un mensaje
en este extraño contestador.
Sin esperar, eso sí
que le devuelvan
la llamada.
Por safrika señorita a las 12:54 p. m. 3 pulsaciones
La bandeja china, la voz en off,
la escucho desde la calle
llega hasta mi como propulsada por una arteria herida.
Eras implacable, lo recuerdo:
como un ejército de señoras en el mercado
eras inaccesible,
como un tunel de metro en madrugada de domingo
y tenías en los párpados cierta
paz, caían como interrogantes sobre los libros y
yo pensaba, envuelta en una manta, escuchando jazz
por hacerme la interesante
que
hay sueños que o los dejas escapar
o dejan de serlo.
Y me propuse entonces
no escarbar.
Dejarlos ahi, haciendose madeja
cobrando vida.
Pareciendo
algo.
*
Salíamos al balcón. Soldabas tus manos a mi pierna izquierda
(a mi me encantaba aquella deformación profesional)
siempre así sentado como si el mundo y el eterno retorno
no fueran ni hubieran sido nunca
tal cosa.
Tus ojos estaban entonces un poco llenos de ceniza,
mi espalda curvada parecía querer tejerse para siempre contra tu cama
y estaba también esa terrible dejadez en las sonrisas,
la escalera muerta de mis
dientes.
Pretendía hoy, sentándome aquí a escribir
equipararme a esas princesas de calle y familia clase media
infravaloradas
que acaban por creer en el propio desafío
de la fealdad, del miedo, de los huecos por llenar.
Comenzando a actuar impulsada
sólo por una mirada ajena, un dulce contacto sin riesgo.
Pretendía no aplastar a nadie con mi inconsciencia.
Seguir siendo, acaso, alguien.
(El mundo parece a veces querer reducirse a estos bulbos recíen regados)
Seguir esparciendo las delicias que dios siempre quiere
negar a algunos
Mordiendo lo bello, atacando al sol
directamente
con la cabeza alta
de frente y podría ser - debería ser
(sin tí)- supongo.
domingo, 19 de noviembre de 2006 | Por safrika señorita a las 8:47 p. m.
Deliciosas bacterias extraídas de tus labios.
Me atraganto con tu saliva y
juntos, miramos hacia donde
se pierde la silueta de una lagartija.
Por safrika señorita a las 8:46 p. m. 3 pulsaciones
Con una fiebre en el labio, la chica del diente partido se dirigió a la cita con el buzo de grandes ojos miel. Estuvieron tomando una cerveza y hablaron de la procreación y de los insectos en el ámbar. Se miraron a los ojos con cuidado y estuvieron hablando de la inmediatez con la que se actualiza el dolor en la vida de uno, y de como las energias que desprendemos atraen aquello que les es necesario para subsistir.
Después se despidieron en el portal de la chica, y él le dijo:
- Anda, ven, dame un abrazo.
Y alargó su mano hasta la solapa del abrigo de ella, asiendola con fuerza y acercando a la chica a su cuerpo rápidamente, sin darle casi tiempo a reaccionar. Ella notó sus tetas pegadas al cuerpo de él y le dio un par de palmaditas en la espalda. (ella siempre había pensado que las palmaditas en la espalda en un abrazo es lo último que se dan dos amantes potenciales, así que lo hizo con cierta fuerza, para hacer notar al chico buceador que ya estaba cansada de dar vueltas, que quería irse a casa, que no quería besarle) Y él pareció entenderlo porque se retiró rápidamente mientras abría la boca recién salida del dentista y le decía.
- te llamaré para venir a ver una película... en tu casa.
Ella contestó.
- vale, además tengo muchas que me bajo de internet.
Volvieron a besarse en las mejillas, suavemente. Ella entró en el portal y se giró al cerrar la puerta, observando como el buzo de grandes ojos miel se ponía el casco mientras la miraba, guiñaba un ojo y sonreía montando a horcajadas sobre su moto enorme.
Nada parecía importar ahora, subiendo las escaleras. Con todas las puertas cerradas y muchas ventanas abiertas, se sentó en el escritorio y escribió por escribir, sin mirar las letras, sencillamente pensando en cajones vacíos, semen, hijos y temperatura ambiente.
Se quedó así, un buen rato. Hizo como que no había llegado todavía a casa. Se preguntó hasta que punto podría ser bueno el estar de nuevo así, con esa sensación en la nuca, con ese sudor frío, con el miedo a perderlo todo. Casi inevitablemente vino a su cabeza aquella teoría absurda sobre las relaciones amorosas, que han de durar a ser posible sólo dos años. No perdamos la magia. No la perdamos.
Se dijo.
Pero sabía que a partir de ahí, todo iría siempre cuesta abajo.
viernes, 17 de noviembre de 2006 | Por safrika señorita a las 4:25 p. m.
Te vi
y pareció detenerse el tiempo
los peces dejaron
de nadar en la pecera
el cristal se cristalizó
quise pintarme las uñas
pero era demasiado
tarde.
Tu boca se comió mi boca
quise escribirte una canción
cantarla en tu oido
quedarme para siempre en ese momento
no pasar
nunca
nunca
nunca
al siguiente.
(Y con miedo sin necesidad
de avanzar, quedarme
como el cristal
cristalizada
como un pez
en la pecera, quieto
en un punto, en inmersión
con el deleite del que sabe que nunca
saldrá que nunca
va a necesitarlo)
Por safrika señorita a las 1:46 p. m. 1 pulsaciones
Tus tetas tenían algo. Era el sabor de las tetas saladas
Mezclado con el perfume delicioso y avinagrado de la axila
Y la boca que quise besar pero que tú retiraste cansada.
Te dije - no soy lesbiana
Y apuré la última calada del cigarrillo en el cenicero
Estrujando la colilla después, mientras te miraba y te decía
- no, no soy lesbiana.
Pero tus tetas tienen algo.
Es como si quisiera meter la cabeza entre ellas
Y aspirarte como nunca aspiré a nadie.
Y romperme contra ti, contra tus muslos más tarde
contra la avidez
Con la que te dices a ti misma
- no, no!
Y calientas la cama
Y miras al techo.
Respirando fuerte.
martes, 7 de noviembre de 2006 | Por safrika señorita a las 7:46 p. m. 2 pulsaciones
Tratando de llegar a la calle de enfrente
comprar tabaco. Tambáleandome en la esquina
cerca de la cabina telefónica.
Siempre huyo, justo en el momento justo
cuando crees que me tienes para siempre
cuando crees que me amas y que soy la chica
medio trágica pero en el fondo fantástica
cuando crees que todo saldrá bien
cuando crees que vas a engendrar algo
cuando crees que vivirás en mi casa
cuando crees que vamos a pasarnos
los días follando.
Entonces es cuando yo
huyo
despavorida
en dirección contraria
y busco en mi armario ropa con la que
pasar desapercibida
y busco en mi interior maneras de entender
por qué el viento hace grietas en mi piel
o por qué el azul del cielo parece volverse menta.
y busco en la librería algo con lo que olvidar
el presente
y busco en otros labios la paciencia de
lo desconocido
y el ardor de lo que no ha de repetirse.
Cuando recuerdo una risa encendida
una noche de abril
bebiendo vino haciendo todas aquellas cosas que parecían
no ser nada en realidad siéndolo todo.
Huyo porque
si hay algo que no soporto, sabes
si algo hay que no puedo resistir, que me abruma
y me vuelve completamente loca
es el celo con el que quieres poseerme
y hacer de mi lo que siempre quise ser
es el celo con el que quieres hacerme madre
y santa y esposa y puta y guarra y amiga y amante
es ese celo, el que me asusta
porque no se si seré
capaz
de acercarme siquiera un poco
a aquello que esperas que se supone
es lo correcto.
Estando como estoy, aqui borracha
sin saber qué escribo ni por qué
mirándome al espejo notando este peso
descorazonador
en mi.
Y no hablo en sentido figurado.
Los dos sabemos que puedo ser.
todo eso.
que puedo llegar a ser
más.
Pero existe en mi una manera implacable de
cerrar los ojos, de entornar los párpados
como pesadas guillotinas.
Un modo inexcusable con el que destruirme
al pensar que no merezco
ni uno solo
de tus cabellos.
domingo, 29 de octubre de 2006 | Por safrika señorita a las 1:01 a. m.
Hoy es una noche mágica
aunque gracias a él vivo dentro de un tupperware
y se esconde mi sonrisa detrás de la mano
y observo cagar a un perro en el descampado.
Hoy, es una noche mágica
y he aprendido que no siempre que uno quiere
encuentra musas en las palmeras de la calle,
o en las naranjas que caen blandas y
con ese perfume avinagrado.
Normalmente me escudo detrás de libros y fotografías
de poemas que siempre caen en saco roto
de ambiguas formas de hacer las cosas
de pensarlas.
Siempre hago de esto aquello y procuro
no quedarme muerta cuando me dices
te quiero o cuando hablas de mi dedo
empapado recorriendo tus labios.
Siempre intento forzar la esencia, atraparla
guardarla en frascos pequeños, que ordeno
en las estanterías de mi vida:
El olor de los calzoncillos que él olvidó en casa
el aparato para escucharme el corazón.. bueno
él me dijo, cierra los ojos
ponte esto (alargando la mano con el estetoscopio)
y trás unos segundos pude oir su corazón.
Y entonces susurró: este es mi regalo.
No suelen pasar cosas que merezcan la pena
pero aquello, fue el principio del fin
y el fin el principio de otro algo.
Ahora me cuesta mirarme al espejo
rompo las cosas cuando me enfado
ordeno compulsivamente los trastos que se mueren en casa
esperando al mismo tiempo ordenar mi vida.
No caer en la desidia, en el tiempo muerto.
Quiero que alguien me coma las tetas
que murmure en mi oído palabras cansadas
que me haga un hijo
que me rompa la cara.
Quiero que alguien me investigue y no quiero seguir soñando
sólo quiero vivir, joder.
vivir.
y mientras observo al tipo que fuma el cigarrillo
en la ventana de enfrente
en realidad no se si quiero
eso
o preferiría
como siempre
estar en otra parte.
Por safrika señorita a las 12:28 a. m. 3 pulsaciones
Debes saber que estaba a punto de ahogarme.
Compré algunas botellas de oxígeno.
Compré un libro que hablaba de cómo amarse a uno mismo
y una pequeña libreta que habría de esforzarme por llenar de letras
Compré cientos de chinchetas y maletas, y billetes de avión
caducados, que nunca se usaron,
en afán coleccionista.
Se
que me dejarás antes de que todo empiece
yo siempre fui asi,
lo quiero todo
o nada.
Y todo nunca suele ser suficiente.
Por eso me limito a exprimir un segundo,
y a desperdiciar el siguiente.
Como si eso me eximiera de lesionarme,
de entregarme
de hacer de esto algo convincente.
Creo que todavía no estoy curada no querrás
que te contagie
estas heridas.
*
La mayor parte de las veces no consigo recordar.
La estación se tambalea, aún recién llegada.
El color es ocre no podría ser otro.
No consigo creer en nada
yo misma soy irreal, no consigo creer
ni en el propio aire.
Cierta violencia quiere salir dirigida hacia ti
hacia aquel modo de jadear, de bramar
de escupir fuego.
Hacia tu saliva olvidada, hacia el aliento denso y apurado
al borde de mi oído y de mi odio
todo se vuelve hacia dentro y parece como si fuese a morirme
de miedo y de rabia.
Todo está vacío y yo, sudando
todo este amor
la compasión
la certeza de que
nunca
seré capaz
de amarme.
Todo eso, sabes?
A veces demasiado.
*
Tengo tantas ganas
De lamerte
De envolverte
De comerte
De arrastrarte agarrado a mis dientes
De chuparte
De aspirarte
Succionarte
Amamantarte
¡Tantas ganas
de dejarte limpio
como una buena perra
a su cachorro!
*
No habían escanciado el vino y ya sentía yo ese temblor de manos en el que me reconocía alcoholizada desde hacía meses.
El hombre del monóculo, de largos bigotes y sucios puños de camisa, parecía sorprendido ante mi ansiedad, riendo y mostrando así su diente de plata y su escasa fortuna.
Habiendo visto en compañeros y amantes los terribles efectos de la carencia de alcohol, lo que los sabios y doctores llamaban "delirium tremens" no deseaba yo, bajo ningún concepto, comenzar a ver serpientes y gritar al tiempo que enseñaba las enaguas, o como un desagüe enfermo, borbotear espumarajos por mi boca recién pintada, dejando en evidencia a mi amantísimo esposo.
Era este un hombre triste, individuo deprimido y deprimente, cobarde pero bravucón, intolerante e intolerado por el selecto círculo de damas que arrastraban títulos mientras enredaba sus lenguas en conversaciones cocainómicas, pero al que yo amaba en su calvicie y obesidad, al que amaba gracias a la influencia de su lengua allí donde la espalda pierde el nombre y a su retahila incoherente post coito, la cual me divertía y entretenía hasta caer dormida con la cabeza apoyada en su barriga fláccida o en la almohada mojada de sudores de amor.
Así que enamorada del terrible esposo y embutida en aquel hermoso vestido, pude observar trás la enésima copa, como una grande mujer rubia se abalanzaba sobre un caballero bien parecido, impecable en su vestir, pero que por el aspecto de sus pupilas y la extrañeza de gesto al mirar, parecía encontrarse fuertemente drogado.
Yo no soy quien para criticar estas acciones de mujeres despesperadas, pero les juro que no pude evitar reir y atusarme el pelo, para después caer en coma etílico sobre el balancín del jardín, en el que desperté al día siguiente, con las primeras luces, helada de frío y con un papel metido en el escote, que al desplegar me arrojó su verdad a la cara.
Está usted despedida.
Del mundo.
De todo.
Del todo.
lunes, 23 de octubre de 2006 | Por safrika señorita a las 11:54 p. m. 6 pulsaciones
No me llames más.
No pienses más en mi.
Imagina que todo ha sido un sueño de esos
en los que uno es feliz
(hablamos de esos sueños alguna vez)
y ya sabes, siempre se
acaba por despertar
con mal aliento
algo sudado
con hambre
y sin agua caliente (porque se ha jodido el termo.)
La leche está cortada
(de todas maneras no queda Nesquick)
y todo te la suda porque no tienes que ir
a trabajar.
Así que
mejor
no me llames más.
Imagínate eso. Que fue un sueño.
Después, pasado el mal día (por lo real),
vuelve a dormir y cuando
salga el sol otra vez
puntual y aburrido,
entonces,
estará:
TODO OLVIDADO.
TODO LIMPIO.
TODO EN ORDEN.
Podrás desperezarte
y decir:
AQUÍ
NO
HA
PASADO
NADA.
miércoles, 18 de octubre de 2006 | Por safrika señorita a las 4:38 a. m.
ni siquiera pretende ser un texto que parezca algo.
sólo necesito escribir.
descomposición - recomposición- humana, espiritual y física.
Cuando salgo de alli veo mi belleza y mi fuerza, cosas de las que tantas veces reniego acosada por la televisión la moda el desamor y la experiencia, y aunque suene a tópico es la verdad: mi corazón se agranda, me siento bien.
Es muy duro porque se ven cosas terribles. No es cierto que para crecer haya que ver cosas horribles, pero sí lo es el hecho de que se valoran de diferente forma algunas cosas que poseemos y que normalmente damos por hechas.
Y entre ellos hay una patinadora acróbata de una belleza que parece insultarla ahora desde la fotos en blanco y negro que guarda en el bolso. Y un trompetista de jazz con artrosis en las manos. Y mujeres fuertes, de campo, que amasaron el pan y trabajaron la tierra. Jóvenes, llenas de vida. Por entonces. Ahora lloran en esa silla tapizada de rojo.
Paso por pasillos llenos de muerte. Por pasillos de olores indescifrables, por caídas al suelo de mujeres ciegas, por delirios, demencias y obsesiones.
Paso por todo eso con la cabeza alta y el corazón que se encoge para después hacerse más grande.
Y pienso que sólo quiero amar cada segundo de mi propia vida, y a la gente que me rodea y merece todo esto que guardo aquí. Y buscar un sitio, no pensarlo más. Ser feliz, tener un hijo, otear el mar desde mi ventana, leer libros a media tarde, mientras alguien deja sus huellas en la playa, y yo le miro de lejos, y me siento bien, bien, bien.
Por safrika señorita a las 4:21 a. m.
Otro puto día de mi vida, abriré mañana los ojos y veré la pared desconchada a esa misma altura (esa pared que yo me encargué de destrozar con mis uñas mientras hablábamos por teléfono hace ya, parece, dos mil años).
Por safrika señorita a las 4:15 a. m.
Cierro los ojos en casa.
Me mantengo al filo del interruptor
a punto siempre de encender, de concretar la imagen.
Cierro los ojos y se vuelcan dentro imágenes blandas, pegagosas.
Se vuelca cierta inexperiencia en esto de encontrarse
y se corta con la navaja la carne, se lesiona.
Por safrika señorita a las 4:13 a. m.
El ático esconde una siniestra enfermedad,
que habla de olvido y carencias asesinas,
y así pretendió manifestarse
con la última llamada y la primera lágrima
que quise que rodara para tí y que tú
desechaste con la rápidez del que sabe que
se ha metido en un buen lío.
Óleo Zapatillas de David Morago Caro.
Por safrika señorita a las 4:06 a. m. 2 pulsaciones
¿Importa o no?
Bajo la mesa, en pequeños fragmentos, me deshacía
como una niña estrambótica y pálida.
Quería volver a nacer, y en posición fetal
rezaba y rizaba mis cabellos con los dedos.
Mi padre se cristalizaba y parecía un ser
mitológico.
Mi madre intentaba cogerme de un pie
pero sólo conseguía rozarlo
con las puntas de los dedos.
El fuego crepitaba en la chimenea y teníamos unas pinzas de hierro
con las que quemar trozos de pan y luego comerlos.
Y yo rezaba.
Con los ojos cerrados.
Entonces lo lograron. Unos brazos largos me arrastraron a la luz.
Y me zarandearon, y yo lloraba y el tiempo se detuvo
y supe
que necesitaba algo. Un príncipe y un castillo.
Una verdad.
O en su defecto
carencia de interrogantes.
Fue la primera vez que deseé, ser otra persona.
No tener luces, no hacer preguntas, no necesitar respuestas.
Aprender a gritar en un portal, hacia el portero electrónico
palabras malsonantes, y que nada, nada.
Me importara.
Tanto.
sábado, 14 de octubre de 2006 | Por safrika señorita a las 11:34 p. m.
Yo todavía tengo trozos de corazón viajando en mi interior.
Llegan al pecho y entonces creen recomponerlo, pero se confunden
y me asfixian.
Entonces es cuando escribo en revistas para aficionados y fotografío a algunas personas
que ponen un hilillo de voz y sonríen tímidamente mientras les digo:
"mira hacia otro lado, hagamos de esto algo natural"
Es cuando salgo de bares y me emborracho y me pongo las gafas en una cafetería
y me cito con amigos que explican sus putas vidas
y tengo que escuchar, sonreír y aconsejar. Bailar
al son de la sociabilidad.
Es cuando necesito dormirme sobre un pecho ajeno y escuchar el latido de otro corazón
y morirme en su calor y en su desidia.
Levantarme tarde y abrir las ventanas, poner música en el reproductor
Y salir a la calle, caminar deprisa, como si la velocidad me eximiera
de hacerme preguntas, o mejor
de intentar contestarlas.
Entrar en librerías, leer poesía de pie, rápido. Con avidez.
Y creer en el futuro, tener, cierta esperanza.
Mientras me recojo el pelo y hago como que
algo me importa lo bastante
como para seguir, seguir, seguir.
Por safrika señorita a las 11:27 p. m. 1 pulsaciones
Para M.
He calculado con precisión de arquitecto, la forma y la dimensión.
He calculado con afán de explorador, la latitud y el horario.
He calculado con bayeta de ama de casa, el porcentaje de polvo acumulado
en relación al tiempo que permanece
la ventana abeirta
(la que da justo al descampado)
Y no he obviado que, pese a los cálculos o las promesas
nada es factible, nada es definitivo, nada se mantiene.
Mis collares me ahogan, los zapatos me aprietan
Nunca fui la chica que esperaba nadie.
Nunca fui la chica que él quiso besar en la oscuridad del cine..
Ni la perfecta poeta de curvas diabólicas con la que viajar a la India
Y hacer hijos robustos que caminaran descalzos
(Aunque pudiera parecerlo)
Nunca fui aquella con la que formar familias o crear vínculos estrechos
más allá de las palabras que suenan en teléfonos malditos
nunca más allá de la voz radiofónica, del estallido principal
por el que uno cree que está todo
Decidido
Hecho
(que se ha llegado a alguna parte)
Aunque he calculado con balanzas de laboratorio
toda la necesidad y todo el miedo, cada pequeño esbozo de una ligera
verdad.
Aunque he calculado con matemáticas todos los besos que nunca
llegarán a darme, y todos los hijos que no tendré y todas las ciudades en las que
no viviré.
Aunque se que definitivamente, estoy jodida.
Porque tengo el corazón roto y la mente nublada y me falta el aire
y el pelo se me enreda y las piernas no responden y las manos sólo quieren asirse a "Algo"
Porque tengo la fiereza que acumulada, rebosa en rabia
Y la incredulidad de la desesperanza
Y litros de un gas noble extraño, amoroso, aromático
que yo te daría, en dulces botellas, para que con mascarilla
inhalaras.
Y pudieras entenderme, entender la esencia.
La fuerza.
La verdad.
Verla
de
Cerca.
jueves, 12 de octubre de 2006 | Por safrika señorita a las 7:11 p. m. 2 pulsaciones
Palíndromos. Cafetería de Albatros.
Del la web de ana elena pena...
"Ellos quieren ofrecerme coches,
joyas y pieles, tú jamás...
Entregarme sus fortunas,
descolgarme la luna, tú jamás...
Y cada vez que me llaman
me dicen que soy hermosa,
tu jamás
Me imploran y me adoran,
y sin embargo los ignoro,
y tú lo sabes.
Hombre, tú eres un hombre
como los demás, lo se,
y como eres mi hombre,
yo te perdono,
y tú jamás.
Se inventan historias que finjo creer, tú jamás.
Me juran fidelidad hasta el fin de la eternidad,
tú jamás.
Y cuando me hablan de amor
necesitan muchas palabras, tú jamás.
Me traen sin cuidado sus fortunas,
que dejen ahí la luna,
no lo lamentaré...
Hombre, sólo eres un hombre, como los demás, lo se,
y como eres mi hombre, yo te perdono, y tú, JAMÁS"
.... PALÍNDROMOS
Ahora aquí sentada, he comprendido lo que quieres tú.
Y no soy yo.
En la cafetería del cine, miro a una chica delgada con un peinado moderno y
zapatitos de niña.
Un estilo muy pop, sabes.
Se toca el pelo suave y liso con los dedos y sonríe mirando la programación de la sala.
La acompañan dos amigos. Es pequeña y frágil.
Llevará una buena alimentación.
YO
Sin embargo
estoy aquí sentada, gigante y enredada. Cruzo las piernas con poca elegancia.
Acerco demasiado la vista al papel, casi diría que lo cubro con la cabeza.
(Mi abuelo siempre me decía, te vas a quedar ciega! Mi madre me pregunta ¿es que no ves bien? y yo confío en que comprendan cierta necesidad de intimidad, de esencial burbuja)
Me sobran veinte kilos.
Los zapatos me hacen rozadura.
El setenta por ciento de los hombres me parecen gay.
Voy de negro, no parezco alegre.
Más bien enfrascada en lo mio. Conversando con tenacidad en el modo auto.
Poco atractiva.
Mirando la hora en el reloj de pared.
Sola.
El collar de bolas negras me ahoga obstinado.
Lo hago ceder.
El café me provoca ansiedad.
A veces encorvo la espalda como si de un momento a otro
fuera a bendecir el suelo.
Fumo demasiado, hace tiempo que no voy en bici.
Bueno, lo único que en este momento puedo
decir a mi favor es que
escribo en
una Moleskine.
(lo que me da un toque realmente intelectual)
y que
te
quiero.
(Yo hago yoga hoy)
(Amigo, no gima)
(In girum imus nocte et consumimur igni)
viernes, 6 de octubre de 2006 | Por safrika señorita a las 9:41 p. m.
Me interrogo aquí, gesticulando, justo en el borde la boca.
Me caigo aquí dentro, buceo, desarrollo nuevas destrezas
con el afán de
difundirlas por toda la faz de la tierra.
La moralidad me esquiva en la puerta del cine porno,
como el viento a las esquinas de ángulo desigual.
En las viejas
calles.
Por safrika señorita a las 9:33 p. m. 1 pulsaciones

*
La chica casada miró a su hijo pequeño sentado en aquella sillita. Después se miró al espejo y abrió su cajita Pinaud con sombra de ojos de infinitos colores, pintalabios y coloretes. Extendió el verde por un párpado. Volvió a mirar a su hijo, le sonrió y acarició la cara. Extendió el verde por el otro párpado.
- Esta noche te quedas con papá.
La chica del diente partido se puso cera caliente en el bigote y tiró sin fuerza. Se puso color en el cabello y estrenó una camiseta a rayas roja y negra, comprada esa misma tarde. Había estado de compras con el chico de los ojos azules, que estaba hecho un grandísimo hijo de puta, y después de que este se comprara unas converse negras, había terminado llorando y haciéndose la enferma en las escaleras de un centro comercial.
Mientras se secaba el pelo con la cabeza entre las piernas pensaba en el arte de la manipulación y en cómo algunas personas son auténticas maestras. Sí, como el chico de los ojos azules.
- Me considero fuerte- le dijo a la chica casada mientras caminaban por una calle estrecha- pero a veces me veo en lugares de mi propia psique como desde fuera, lugares que desconozco. Una confía en su propio poder, en su equilibrio y su capacidad mental, en su fuerza espiritual, en su cordura. Y de pronto se ve a si misma agachada cerca de un banco donde descansa un abuelo, en un horrible centro comercial, lleno de ropa que no te entra y que tampoco puedes comprar, gimiendo y pensando que lo mejor que podría pasarte en ese momento es un desmayo. Dejar de existir, sólo por un rato. Dejarlo para otro momento. Acabar, descansar, suplir el tiempo que debería estar cargado de experiencias por la nada absoluta. Un desmayo. Tal vez con un golpe en la cara o en la cabeza, nada grave pero con mucha sangre. Centro de atención. Desmayo. Por fin me pasa algo. Poder decirle al puto cabrón de los ojos azules: ERES TÚ EL QUE ME HACE ESTO, ¿no te das cuenta?. Matar dos pájaros de un tiro.
La chica del diente partido lo dice todo gesticulando, mirando a su alrededor, embistiendo con palabras a la nada infinita que la asola. La chica casada parece escucha antentamente y se coloca las tetas en el sitio.
Se dirigen a un café. Un tipo alto y presumiblemente argentino se sienta a su lado. Parece un poco capullo. Pero es guapo, da la impresión de ser de esos que escriben todo el rato mensajes con el teléfono móvil, beben alcohol y dicen que van a invitarte a algo, y mientras hablan y hablan, al final de la noche descubres que todo el tiempo has estado pagando tú. Y bueno, tampoco te importa, al fin y al cabo piensas aprovecharte sexualmente. O eso crees. Crees que serás capaz de comportarte como uno de ellos, pero has perdido la práctica y más que una mata hari pareces un ama de casa que ha perdido el norte.
Mientras la chica casada sofoca una risita histérica al ver aproximarse al altísimo y cabroncísimo chico argentino, susurra:
- La monogamia es una mierda, y quiero ser capaz de dejarla en el futuro.
El chico argentino, efectivamente, resulta ser un capullo de marca mayor, un tipo drogado que cree que le ha tocado la lotería y que hoy follará "con dos, no con una, no... con dos!!" (Parece que lo piensa así, los signos de exclamación parecen escaparse por su boca, por sus oídos, y su cabeza, tiene sonrisa de gilipollas e insinua que quiere desnudarse en casa de la chica del diente partido) y mientras camina con ellas hacia Radio City, toca disimuladamente el culo de la chica casada, que se deja. Y la chica del diente partido se hace la sumamente dura. Es entonces cuando le escucha decir la siguiente perla:
- Vos, que sos una chica casada y todo eso, tenéte fe. Desmelenáte esta noche, yo voy a hasserte feliss, nunca probaste un pibe argentino ehhh, nena... tenéte fe.
"Tenéte fe, por dios. ¿De dónde ha salido este tío?. ¿Esa es la frase que se usa ahora para follar? ¿Alusiones a la fe en una misma?." - Eso piensa la chica del diente partido mientras se enciende un cigarrillo y acelera el paso sobre sus sandalias. No quiere ver como el chico argentino le soba el culo a su amiga, no quiere llegar a escuchar una puta palabra de su boca.
La chica del diente partido sabe que la chica casada se siente segura, que no va a tirarselo, ni siquiera a besarle. Ella está como en una enorme caja de cristal, con agujeros para meter las manos, como esas que utilizan en los concursos de la tele donde los famosos tienen que tocar un animal con los ojos cerrados. Y desde dentro de esa caja puede permitirse jugar y hacerse la lánguida, hacerse la cachonda, la putón, la salvaje. Al fin y al cabo nadie tiene la polla tan larga como para meterla por unos de esos agujeros y llegar a alguna parte sin la colaboración de quien se encuentra dentro. Se atreve a decir cuando le pega por fin el corte al chico argentino:
- Llámame dentro de dos años, a lo mejor para entonces he tirado por la ventana algunas partes de mi vida y no con ánimo de destruirlas, si no simplemente de airearlas - le sonríe.
La chica del diente partido desea desaparecer.. Se pone nerviosa con la situación. Ahora va a por ella, pese a que se muestra fría y antipática. El tipo piensa que en breve estará fumando hierba y desnudo en un sofá ajeno, como si estuviera en su casa. Ella se pone tensa cuando él se acerca y sonríe, y pretende pasar de su boca a la boca de la chica del diente partido una calada de espeso humo de marihuana.
Al final ella acepta, labios sobre labios, por presión.
Por presión, acepta. Durante su estancia en el baño de Radio City la amiga casada ha liberado sus ganas trasladándolas a la chica del diente partido, diciéndole al chico argentino que tiene suerte de estar cerca de ella, que va a follársela y le va a encantar. Que la chica tiene ganas.
Así que el tío va lanzado y ella aspira la calada del porro de su boca.. y su lengua se hace grande, grandísima, dentro de la boca de ella. Y se besan y ella se separa haciendo una barrera con las manos.
- Ha sido un beso por presión - le dice. Y él pone cara de no entender nada, de lo que se deduce que debe tener una polla enorme - No me gustas - añade.
La chica del diente partido aprieta las piernas y cierra los ojos. Piensa en cambiar de idea y llevárselo a casa. Darle un vaso de leche con Nesquick y galletas, meterlo en la ducha y echarle un polvo. Será suficiente con que tenga la boca cerrada, piensa. Al menos para hablar.
Pero abre los ojos, y sabe que no. Que el tiempo ha ido dibujando un miedo extraño en su corazón y en su cuerpo, una coraza extraña que impide que otro cuerpo toque su cuerpo. Y ella sabe que se trata solo de un dibujo que puede borrarse tan facilmente como se escribió. Sólo que no sabe cómo, no sabe cómo.
Llega a casa, se masturba un rato mirando al techo. Piensa en su corazón roto. Se duerme con la mano dentro de las bragas. Nada importa demasiado al despertar. Resaca, el ánimo por los suelos.
- Tenía que habérmelo follado, tenía que haberme tenido fe. - le dice al pájaro enjaulado - Cojones.
*El cuadro que se ve en la fotografía y que está desde hace tiempo en la pared de mi casa con el consecuente gusto, es de Sergio S. Isasi, del que podeis ver más aquí.
miércoles, 13 de septiembre de 2006 | Por safrika señorita a las 8:36 p. m. 14 pulsaciones
- Tengo esa tendencia- dijo la chica del diente partido- tendencia a seguir insistiendo dentro de mi, aunque en el fondo se que todo ha terminado.
Lo dijo mesándose el pelo y conteniendo una sonrisa, bajando un poco los ojos, posando la mirada en el plato de la cena, que sorprendentemente, seguía con la comida intacta y casi fría.
- Estás loca- dijo su amiga, haciendo un gesto de negación con la cabeza- te estás jodiendo la vida y perdona que te lo diga, pero estoy harta de escuchar tus frasecitas sacadas de libros... tu biblia particular, tu mezcladillo histérico...- se lleva el tenedor cargado de lechuga a la boca y la introduce como cuando se mete un paraguas en su funda- Estás colgada, sí.
La amiga también sonríe porque al fin y al cabo se conocen y respetan. Sabe con quien está hablando y no la incomoda ya decirle cuatro cosas a la indecisa y miedosa chica del diente partido.
- Eso sí - continúa después de masticar la lechuga- deberías plantearte seriamente la posibilidad de perder unos cuantos kilos, ibas a sentirte muchísimo mejor...
- Estoy tan harta yo también. Por las noches, antes de dormir y con los ojos abiertos mirando la ventana, ese gran hueco que da al resto del mundo, no dejo de imaginar situaciones en las que estoy delgada y guapa, en las que nada me da miedo y por fin tengo una cita con el chico del autocine, y por fin me presta su jersey, y lleva esos zapatos raros que tanto me gustan, y me pasa un brazo sobre el hombro. Pero después- la chica del diente partido coge el tenedor y pincha un trozo de queso de cabra a la plancha- cuando me levanto por la mañana todos los propósitos han desaparecido y el bote de Nesquick me mira desde el estante, parece que le salgan ojos, y todo es una mierda, y mis huesos están resentidos de tener que cargar conmigo, y yo lo se, pero ahí sigo, esperando que suceda un milagro. Y nunca llegará, porque los milagros no existen, eso es lo que los hace ser milagros, precisamente su "no sucederá jamás". Antes te caerá un rayo.
- Qué linda eres- dice la amiga adelantando un brazo por encima de la mesa y acariciándole la cara a la chica del diente partido- Hace nada eras una terrorista emocional y ahora mírate: aquí preocupada por los deseos que no te atreves a hacer realidad porque no sabes qué será peor. Si seguir como hasta ahora o arriesgarte a verte a saber qué.
- Hay gente que me pone a parir, no he dejado el terrorismo, no te creas.
- ¿Por qué piensas todavía en él?
- Porque es un imbécil engreído y no soporto que me hiciera tanto daño un capullo de semejante calibre.
- Pero ya pasó!!
- Y qué. Mírame. Para mi se congeló el tiempo en ese segundo. No ha pasado nada, me he quedado muerta, y tú lo sabes. Estoy cansada de estarlo, pero vivir me duele y aquí se está bien, en la nada, sin riesgos, sin alegría y sin tristeza. Aquí, en el limbo emocional...
- Tienes que hacer algo. Olvídate de tus complejos y tus fobias, ve a una cita con el chico del jersey a rayas. Bebe con él. Fóllatelo. Aunque estés gorda hueles bien y tienes unas tetas preciosas. Tu mirada es dulce y perversa a la vez, sabes cómo hacer para cautivarle. Arriésgate!
- Olvídalo, cariño. Eso no va a suceder. Aunque yo sepa que lo que dices es verdad y que de todos modos no pierdo nada. Aunque yo sepa que debería lanzarme y olvidarme de mi misma, dejar de autopercibirme de esta manera tan terrible, de palparme, de auscultarme, de tomarme la tensión, de intentar equilibrar mi mente y pensar que todo está bien. Nada está bien. Y no voy a moverme, no voy a hacerlo. Soy una cobarde. O estoy bloqueada. Acojonada. Me han roto, me han mutilado, me han arrancado la parte de mi que creía en algo. Ahora estoy sola, sola, sola. No creo en nada.
La chica del diente partido llora y busca la mirada del camarero. Confía en el morbo y la curiosidad que mueve a tanta gente, confía en que la mirará y se interesará por ella. Por lo que le pasa. Se enjuga la lágrima, tan real, tan sentida.
Juguetea con la comida en el plato, enciende un cigarrillo. Mira a su alrededor.
Luego a su amiga. Le dice:
- No tengo hambre
- Qué raro- contesta ella sin hacerle mucho caso.
- Sí... ¿estaré enferma?
- Quien sabe.. - con voz cansada.
- Es raro que no tenga hambre- insistente.
- A lo mejor es que estás tranquila, la ansiedad te da hambre - por decir algo.
- Jajajajaja
- Estás colgada- lo dice ya con una sonrisa.
- Es otra de mis tendencias, ya sabes.
- Creo que el camarero te mira mucho.
- Es un hijo de puta. Todos los camareros son unos hijos de puta. - Lo dice parodiando a su ex.
- Qué mamarrachada
- Quien con niños se acuesta se levanta meado.
- No empieces con tus frasecitas.
- Es un refrán. Oye - cambia de tema- cómo me gusta Pau Gasol.
- Está bien, es atractivo.
- Uhm. Me lo follaría. Es tan grande. Me casaría con él. - La chica del diente partido mira hacia arriba como pidiéndole algo al cielo.
- ¿No podrías ser un pelín realista? - a la amiga ya le crispan este tipo de comentarios.
- La realidad es muy cruel, mira a tu alrededor, joder. El otro día en el trabajo intentaba escribir algo y un compañero me rondada todo el rato por detrás, resoplando y silbando sin llegar a silbar y diciendo frasecitas en alto que leía de los documentos que tenía que tramitar. Estaba ocioso y quería leer algo, aunque fuera una palabra, de lo que yo estaba escribiendo. Me puse a parir. Le odiaba, cortaba mi inspiración, se burlaba de que intentara escribir un libro. No paraba de sonarle el puto móvil. Era una bestia. El tipo de tío que conoces y no puedes evitar pensar si se follará a su mujer hasta dejarla medio muerta o se la cascará en el baño sin parar leyendo El mundo del tractor. Y yo pensaba en mi maldad. En como se puede odiar a alguien sólo por hacer eso. Comprendes. Todo cruel, cruel. La realidad es así, fea y cruel. Y no le gusta que miremos al cielo cuando está despejado sólo para sentirnos bien.
- ¿Quieres un café?
- Mejor un té.
Fuman mientras esperan. El camarero sonríe a la chica del diente partido y hace un comentario sobre la piedra (un ágata) que lleva en su anillo.
- Es preciosa- dice.
- Lo se- dice ella quitándoselo para que el camarero pueda verlo más de cerca.
- Tú no viniste un día a cenar con un tío de pelo largo y gafas?- dice devolviéndole el anillo después de haberle dado unas cuantas vueltas.
- Sí
- Tenía cara de hijo de puta.
- Jajajaja. Tú también.
- ¿Quieres que salgamos un día?
- Claro. Tengo esa tendencia.
- ¿Cual?
- Me gustan los chicos con cara de hijo de puta.
- No cuenta Pau Gasol - dice la amiga.
- No, Pau no cuenta.
Se rien. Fuman otro cigarrillo. El camarero las mira de vez en cuando y sonríe entre las mesas.
- Oye- dice la amiga.
- Qué.
- Que sí, que tiene cara de hijo de puta.
- ¿Ves?
miércoles, 6 de septiembre de 2006 | Por safrika señorita a las 10:18 p. m. 6 pulsaciones

Visiones
A veces, una quisiera arrojarse de cabeza al foso de los cocodrilos.
Suspirar mientras cae honestamente a que la devoren, con las palmas de las manos abiertas y sin arrepentimientos de los que justifican al mismo tiempo los errores. Suspirar mientras se cae de dicha, de descanso, de desahogo.
Me lanzo horizontal contra las dunas protegidas de esta playa donde ahora mismo trabajo, no reposo, no existe alegría en mis ojos.
Odio al mundo, que está a punto de engullirme, mientras me resisto y sujeto mis muñecas con viejas arandelas de ruido que me aten a la tierra. Es un ruido extraño, irreconocible, como de música degradada, que ha ido muriendo en el oído drogado hasta que no es nada.
Quisiera sacudirme los miedos como un perro mojado por la lluvia, que se secaran más tarde, como gotas sobre la tierra, aparecer en tu casa con un vestido original, invitarte al autocine. Que me dejaras tu jersey.
Una se mira la piel reseca y piensa en la soledad y en el miedo que ésta provoca, acercándose gigante, con unas grandes fauces llenas de mierda,es entonces cuando crees que follando se arregla todo, crees que mirando hacia otro lado se arregla todo, crees que pensando que mañana será otro día se arregla todo, y que no es demasiado tarde ni siquiera para hacer ese viaje o para volver a amar.
Volver a amar parece casi imposible ahora que el recuerdo de esta putada se ha quedado a vivir conmigo. Me siento como un charco opaco, con barro fino y pisoteado por niños de quince años saliendo de la disco móvil: Ellos se reflejan en mi y yo me reconozco en ellos, ellos no quiere reconocerse en mi y a mi me asusta hacerlo en ellos.
Lo comprenderán tarde. Acabarán por sucumbir, por estirar la pata, llenarse de facturas y amputaciones, de pesos sucios y actuaciones poco célebres.
El pasado no existe.
Eso es lo que dicen: ni el futuro, sólo el ahora, el presente, este segundo.
Pero si este segundo es una cerdada, entonces incluso el futuro parece negro y lo único que llega a ser transparente y digno es el pasado, lleno de vida, intensa y bella. Lleno de pollas pequeñas y adolescentes y de tardes bebiendo cerveza y de larguísimos besos y de esa letania parecida a una bonita canción, siempre de fondo. Una buena banda sonora.
En el pasado está ese chico que quería casarse contigo y formar una familia, y está el primer teléfono móvil que acompañó a una historia de verano. En el pasado está la sombrilla que se voló casi matando a aquel tipo y el alivio de caber dentro de una talla 42. En el pasado está tu amigo todavía vivo y el corazón sano y valiente. En el pasado está tu madre, rubia y elegante, recogiéndote del colegio y esa sensación de orgullo supino al abrazarla, tú con las gafas, pobre patito feo, pero qué feliz.
En el pasado están las cometas que hacía tu abuelo y el disfraz de india americana en esa fotografía, el iaio con el rifle y haciendo una visera con la mano, como si mirara al horizonte.
En el pasado está la valiente manera de dejar a tu novio por un gilipollas al que amabas intensamente. En el pasado está la foto en la que saliste haciendo la pava, en la revista Penthouse, y el cámara de televisión que te llevaba en la Harley por el pueblucho de mierda en que veraneabas. Y Reighton Road, en Hackney. Cómo olvidarlo.
Uno puede recrearse también en el preciso momento en que la vida dio un giro pequeño y no se tuvo en cuenta el tan conocido y sin embargo misterioso Efecto Mariposa.
Por eso, como principio de tu presente, está en el pasado aquel día fatal en que tus labios besaron los labios del tipo de los zapatos raros en la puerta de aquella discoteca asquerosa,
y el día siguiente cuando dormiste en su cama
y los siete años que siguieron a esa noche y que ahora te obligan a poner tierra de por medio y aceptar tu cansancio de estar muerta, casi tanto como Fausto Urpí.
Te obligan a lanzarte al vacío otra vez.
Y no puede resumirse nada, Nada puede resumirse.
Todo está aquí, se ha acumulado largamente en mi, en forma de serpiente enroscada. Toda la vida a tomar por culo. Así es como lo pienso a veces. Esa es la frase. La concreta.
Quisiera empezar de nuevo, atrapar el momento en que todo empezó a torcerse, y matarlo.
Destruir
ese
momento.
sábado, 2 de septiembre de 2006 | Por safrika señorita a las 9:09 p. m. 6 pulsaciones
Yo tenía un pequeño charco. Era mi charco, a la salida del colegio. Y siempre tenía agua, ese charco. Era de esos que permanecen después de grandes lluvias, y que duran tiempo y tiempo y cada vez son más pequeños pero conservan su agua marrón un día y otro día y siempre al salir del colegio me miraba en él. Y me miraba y cada vez veía menos porque el charco menguaba.
Y yo crecía en forma de peste crucigrama bocadillo de tortilla folio reciclado y khol para los ojos. Yo crecía en forma de desagrado y victimismo y con pequeñas grietas, en forma de sexo sucio, de asiento trasero, a la antigüa. Crecía en forma de tumor, de vacío existencial, de carencias siempre las mismas, asesinas.
Crecía en forma de destino, de recorte de periódico, de sábanas secas.
El final de la historia es simple: el charco desapareció, y yo cumplí mi cometido.
El cielo se desvencija no tengo cama ni fotografías reales y listas para golpear. Las uñas rojas acarician teclas, el cabello se enreda por costumbre, la ceniza cae sobre la mesa.
Yo no necesito entender nada. Sólo enredar dedos en dedos y morder el hombro para sofocar el grito. Dulzura y delicada presión. Como un avance, como un aval.
martes, 4 de julio de 2006 | Por safrika señorita a las 8:09 p. m. 1 pulsaciones
Después de la noche.
16.2.2006
¿Será que soy insensible a la muerte?
Y a los videos musicales, y al cáncer,
y a la estación fria, y al calor de gruta.
Soy insensible a la razón, a la oscuridad, al silencio.
A tus ojos con ecos vacíos en los que duermo y despierto
Y al cabello despeinado en el instante de la fotografía
y al alarde estúpido de la enredadera tatuada
y a mi propia envidia, y a mi propia suerte.
Soy insensible al caos, al sufrimiento, a la realidad
angosta y cínica, pasadizo funesto.
Muerte y esperanza, en el programa informático
todos han de saber la verdad, que
la perra ha muerto
que alguno de mis familiares hace por respirar en la UCI
que el cártel de se vende sigue colgando en balcón de enfrente
que yo me vendería por una buena suma de dinero.
Por un viaje a algún lugar, lejos.
Que todo es más simple y más estúpido que un sueño basto y cruel.
Que Freud era un gilipollas.
Que aún te amo porque no existes.
Y tienes mejor cara así, sin ser nada más que
lo básico,la simpleza del amor
que no puede, que no debe
morir.
Sin embargo yo he tenido un sueño horrible en el que unos médicos cambiaban todos mis órganos de sitio y yo me sentía muy débil muy débil e iba a morirme pero tenía la posibidad de curar a otros porque de mi cabeza salía luz.
Comía con un policía, incómodamente. Sentada en una silla muy pequeña. Tú salias de detrás de un terraplén con libros en las manos y una carpeta pequeña donde guardabas tus datos personales.
Yo no podía correr, por la operación, ahora que mis pulmones vete a saber dónde estaban. Pero extendía la mano para hacerme ver y tú te hacías el loco girando una esquina, para después reaparecer por detrás y olerme el pelo.
Sucumbí, medianamente, al bloque de arcilla en esa tienda
quise aplastarlo con mis manos y hundir mi nariz en ella y
secarla y romperla.
Del mismo modo me acerco a ti, con el miedo intacto
de las mujeres mayores
a confundirse de hijo en el pabellón del hospital.
Con el miedo intacto a una mala mirada
la cara de sorpresa, el sexo inútil.
sábado, 27 de mayo de 2006 | Por safrika señorita a las 5:41 p. m. 6 pulsaciones
nada de nada
atravieso la escalera, no la subo, la atravieso, la parto, me comunico con mi interior con un yogur vacio y una cuerdecita que llega muy lejos. Practico para expandir los limites de mi mente, como el niño Alejandro. Digo mentiras.
Todos quieren casarse con una poetisa enferma y luego nadie soporta los velos, las mareas negras, el incienso la quietud o las ofensas. Las personalidades torturadas/torturadoras son expuestas en vitrinas como modelos de algo-nada. Nadie quiere a un gilipollas en su casa. Te miran a dos metros, entornando los parpadillos, sufriendo con la loca al final del poema, alabando los metros y metros de hojas los kilometros de palabras. Después a casa a regar las macetas a implorar a luchar.
Me aburre luchar. No se luchar, no se amar, no se perder, ni siquiera se ganar, no se nada, nada, nada. No me conozco, me indago lo que veo no me gusta. Vomito. Atravieso escaleras, compro calcetines rojos, me divierte ver pasar el tiempo como si pasara una desgracia.
Soy.
Mas no estoy.
Y quien quiera que crea que puede amarme que se teletransporte y por favor, que no escupa.
Que no me escupa.
Que no me pegue.
Las almas complicadas, los bocetos de persona, esos que nunca llegamos a nada pudiendo haber llegado a todo, esos a quienes miran con el paso de los años diciendo oh mirala podria haber sido alguien importante alguien grande. Esos - Esa soy yo.
Alcanzo, eso sí, una gran pobreza de espíritu.
Me rodeo de pseudo genios de cafeteria, subnormales hastiados por un miedo atroz a ver a ser a crear
yo soy
eso
Todos los cables sucios...
...de grasa. Las manos del electricista son grandes zarpas desde que tiene el carnet de instalador. Instalador de desazón, de vínculos estrechos, de distancias congeladas oprimiendo un botón en el mando del televisor. El electricista pasea sus venas de cobre por mi casa, menea su cabello estilo medusa a través del teléfono. Y bastaría
tal vez
con un NO
Pero decir no, es a veces más dificil que aceptarlo por respuesta.
¿no creen?
descalza como sobre la mesa de madera, carne, pocas verduras, salsas picantes. siempre soy la misma, el horoscopo dice que por fin voy a cambiar a decidir lo que ser, pero no creo. a veces estoy tan cansada de dar explicaciones, me quedo tan triste cuando no cumplo con mis obligaciones porque no me da la gana.. me arrepiento tanto de ser esclava de mis mentiras....
mierda, esto no es ni siquiera un intento de prosa poética
un hilo de humo
un hilo de humo
en mí
un hilo de humo ata un cruce de visceras ata
un fino hilo de humo
esta quietud a
tu nombre
se queda estrecho
un hilo de humo
fino
llueve me gusta la luz blanca a las tres de la tarde
puedo contar las miserias de una encuestadora en apuros de una fumadora empedernida de una escurridiza gigante que gira en la nieve como una bola blanca como una mujer de 25, viendo a su ex, un chico rubio y fascinante, subir y bajar montañas con la facilidad que caracteriza a cualquier escalador habitual. Me subo en mi coche rojo fresa madura y corro a mi casa entre mis mantas con esa sensación horrible de no ser lo suficiente y sin embargo abultar demasiado.
Las sonrisas que me dedica la gente en el peaje de la autopista, la carretera, las montañas, el documental que filmo en mi cerebro-cámara. Salen las casitas, el mar, sale un conejo que cruza la carretera.
Tengo madera, tengo.
Voy a poner a crepitar
este interior
sábado, 13 de mayo de 2006 | Por safrika señorita a las 7:55 p. m. 4 pulsaciones
Tú, cerdo (01-11-2005)
Hoy vi un hombre dulce.
Sí, sí. Lo juro. Un hombre dulce. Se dedica a reparar centrífugas para laboratorio.
Automaticamente, después de planteada la cuestión de si enamorarme unos minutos o no, decidí pasar de largo y dedicarle un hasta luego lánguido y arrastrado en las sílabas, que denotara cierta atracción hacia su persona y que dejara claro que era un candidato para el folleteo y la familia.
Los putos perros no paran de ladrar en el descampado.
La situación es clara. Estoy sola, mal de la cabeza, enganchada al anís estrellado por el tema de los eructos y soy un despiste de mujer. Por otro lado existen ciertas virtudes como la inteligencia, el candor y la cocina, claro que esta última es una virtud falsa y heredada.
Todas mis virtudes se quedaron entre tus sábanas.
Cuando llegué por primera vez dijiste que no habías tenido tiempo de cambiarlas, y sinceramente, no me importó.
No me importo follar donde antes habías ya follado, no me importó sudar y parecer una puta rumana de alto standing con el meneo del culo que inspiraba la coca. No me importó caer rendida a tus pies ni soportar tu egolatría incipiente.
No me importó, porque te amaba.
El rimel hace pegotes en mis pestañas.
Todo se vende, se relentiza. Mi alma está cansada. Sufro en cualquier estancia, en cualquier momento. Y disfruto a partes casi iguales, de estar en casa, mirar por la ventana, fumar esa maría, apurar las horas y masturbarme mirando a un imbécil correrse a través de una webcam.
La soledad es una enemiga, pero puede ser una buena zorra si la tratas bien.
Esta noche hablaré de las notas que tomé ayer. Y del aire frío que en mis pies parece querer quedarse a vivir.
viernes, 12 de mayo de 2006 | Por safrika señorita a las 2:58 a. m. 2 pulsaciones
La limpieza general acaba convirtiendose en "ese gran momento" en que por fin, todo a tu alrededor parece relucir y recibirte con otra cara, una cara nueva, realmente lavada. Un cambio en la ubicación de los cuadros, una cortina nueva para el baño y cuatro fundas para los cojines del salón. Frotar con ahínco en las esquinas de la casa, las ocultas, donde acaban por acumularse cantidades ingentes de mierda en forma de pelusillas. Tú nunca te imaginaste "eso" antes de mover el mueble.
Lo mejor es que has sacado 13.45 euros del experimento. Entre monedas encontradas en sitios tan inverosímiles como la maceta de una planta (que en este caso escondía la cantidad de 55 céntimos) o la bolsa para las pinzas de la ropa (2.70) y algún billete en el bolsillo del pantalón (5 euros) Luego en sitios más comunes como el sofá o el interior de la lavadora.
Bien.
Por safrika señorita a las 2:38 a. m. 1 pulsaciones
REFLEXIÓN sin conclusión
Dejé todas las exigencias en viejas cajas junto a las plantas
Las plantas murieron despacio, una tras otra, una tras otra
las hojas cayeron blandas, como ausentes
Yo, me separé de mi misma y ensanché mis caderas, tomé cuerpo
(demasiado, tal vez)
Olvidando las viejas cajas, llenas de
exigencias y violencia, de estrecho campo de acción
olvidé mi belleza y llegados a este punto, crei
que retomar esta serie de atributos por los que era conocida
servía más bien de poco.
Así que sin tenerme lealtad ninguna, me arrastré y sucumbí
ante una gran estupidez, que venía en forma de borrón
y cuenta nueva.
Todo agigantado por mi pequeñez de espíritu.
Bueno, de qué sirve todo esto me pregunto.
lunes, 8 de mayo de 2006 | Por safrika señorita a las 6:17 p. m. 2 pulsaciones
Nada que celebrar.
Repetición a ti debida.
Inexcusable esta
manera
cutre
de abstenerte.
viernes, 5 de mayo de 2006 | Por safrika señorita a las 6:42 p. m.
Miro todas mis cosas.
La mochila roja, la ventana entreabierta
las bragas pulcramente ordenadas en
el estante.
Toda mi vida, degradada, adormecida,
el viaje en coche todos los días
el mismo camino que vomitan los ojos.
Me veo rellena de embustes, como si
aquellos saludables momentos felices
no fueran más que puntos negros indefinidos
pequeños y con condiciones.
La ira me dobla en dos, maléfica en su
escalofrío, en su naciente importancia.
Y cuando logro enderezar mi cuerpo
y mirar al frente, con desamparo
como si me hubieran robado la vida, pienso
en ti y en cómo decirte
me abandonaste, me abandonaste
y eres un mierda
un mierda
un mierda
un mierda.
Por safrika señorita a las 6:26 p. m.
Inspección de interiores.
Pozo oscuro, siniestra cuneta.
Mentirosos de manos derretidas.
Cerdos al horno, cardinalmente imbéciles.
Os odio, síntoma
de mi indolencia
de la saciedad con que doy cada paso, absorta
en mi propia inseguridad, en mi empacho de
indignación, de franqueza ante el espejo.
Se avivan las cenizas con un soplo
se invoca la realidad desde el llano
y todo parece dejar de girar, sólo centellea.
Por safrika señorita a las 6:21 p. m. 1 pulsaciones
Casi la Noche (2.12.2005)
2.12.05
Casi la noche
Mirale, mirale. Has visto a ese tipo? Se ha dejado el pelo largo, apenas le reconociste. Pero después se acercó a ti y cuando abrió la boca lo ubicaste rapidamente en el tiempo en el espacio y le ubicaste hasta en su propia vida. En el mismo barrrio, con la misma gente, con la misma profesión.
A veces todo me cansa. Sinceramente, quería que el chico se largara. Que nos dejara a Kike y a mi hablando de nuestras cosas. Que si esto que si lo otro y que me dejara a mi quejarme sin tener yo necesidad de andar pareciendo simpática o llena de energía, como si todo me fuese bien de verdad: Pues yo llevo dos años currando en el mismo sitio, sí, para la generalitat. Sí, en Benicalap, ahí vivo desde hace dos años. Sí, sigo escribiendo. No, no voy a quedarme a cenar hoy en el barrio del carmen, no.
Mi coño lagrimea cerrado y estúpido. Sólo quiere una dulce polla en su interior.
No pretendo ser guarra no pretendo levantar ampollas no pretendo ser grosera ni moderna, sencillamente quiero ser yo. A veces se pone complicado de veras.
Di un gran salto contigo al vacío inexacto y ahora que estoy
todavia pagando el paracaidas falso
y estoy todavía giimiendo habiéndome quedado en nada.
Habiéndome quedado en transparencia.
El chico suizo no puede dejar de jugar con la perra, hablandole en francés y yo me pongo histérica porque intento concentrarme para escribir pero no quiero parecer demasiado grosera cerrando la puerta.
En eso consiste mi vida, en no parecer demasiado nada.
Sencillamente, ir desapareciendo, con cada aliento, cada vez más terca, más imbécil, más invisible, esperando enamorarme en cada esquina, recuperar el aliento, sudar en la cama, no quedarme sola, no pensar en todo aquello que
un buen día
desapareció.
viernes, 28 de abril de 2006 | Por safrika señorita a las 8:39 p. m. 2 pulsaciones
El hombre joven bajó por la escalera tremendamente estrecha, del quinto piso a la calle. Bajó deprisa, mientras sacaba el paquete de tabaco de un pequeño bolso que llevaba siempre con la correa cruzando su pecho.Recordó el instante en que decidió abandonar a la chica rubia, como lo meditó apenas unos minutos, el tiempo suficiente para tomar la decisión de sacarla de su vida. No quería joderla pero tampoco la quería. A lo hecho, pecho. Y golpeaba con sus manos esta parte de su anatomía mientras se miraba al espejo y creía en su propia divinidad. Así que tomó el teléfono móvil entre sus manos y la expulsó de su vida al estilo “esputo”, limpíandose después la barbilla con la manga, disimuladamente.
jueves, 13 de abril de 2006 | Por safrika señorita a las 3:26 a. m.
Yo estaba de rodillas sobre la cama, las sábanas arrugadas, ocultando regalos en sus pliegues. Un trozo de cobre cortado, ancho y grande, afilado en sus aristas era el anillo que me regalabas. O que habías olvidado. Desperté para no saberlo.
Por safrika señorita a las 3:20 a. m. 0 pulsaciones
(Texto sin conclusión ni pretensión)
¿Podéis creerlo? Este dolor de no ser quien soy es más profundo cada segundo. Este dolor de no saber dónde estoy es más extraño a cada paso que doy. Y es infatigable mi manera de andar, podeis estar seguros. Arriba y abajo, por el viejo cauce del río o en mi propio barrio, no puedo parar. Andar, andar, andar.. Suelo llevar los bolsillos vacíos de cosas y guardo todas mis pequeñas y útiles pertenencias en una típica mochila de piel marrón, con hebillas de chatarra y algún parche con dibujos étnicos que dicen lo hippie que soy. Y cómo me gusta ignorar la procedencia de la piel de mi mochila. Y de mis zapatos, todo sea dicho. Y del cinturón.
Nunca llevo cinturón, creo que mis pantalones nunca han necesitado un elemento adicional para sostenerse sobre mis caderas o agarrarse a mi cintura. Soy de esas a las que cuando se sientan, el michelín les sobresale un poco por encima de la cinturilla de los vaqueros, y en momentos post atracón también por los lados, aunque esto es mucho más sutil, por supuesto.
En general amo y odio a todo el mundo con extraña facilidad, combinando estos dos sentimientos de maneras realmente sorprendentes, con intensidad y poco seso.
No creo que toda gloria sea pasajera. Nunca lo he creído. Creo que es un dato que era necesario añadir puesto que al parecer soy un ejemplo vivo de que presumiblemente toda gloria sí que es pasajera. Debería, hoy por hoy, decir, que las pupilas me brillan y que mi pelo tiene la longitud perfecta. Mi inteligencia es cada vez mayor, así como mi madurez y equilibrio. Mis pechos se sostienen con los pezones siempre vigilantes y conduciendo soy sagaz y oportuna como una detective de televisión.
Adoro el pequeño sofá en el balcón y el sol a media tarde, el calor delicioso mientras leo y fumo, una calada diez versos.
Me siento como una gran mujer, en una grandísima mierda de época, con posibilidades de reencontrarse y aprenderse, con la barbilla alta, la frente cero marchita y el corazón en un puño a punto de caer al fuego desde la sartén.
(Visceras humanas. Deberías comerlas. Te va ese look carroñero y fatal. Como si no pudieras contener tus instintos. Es que eres un bruto.Un animal. Un bestia. No se si es lo que yo quiero ver o lo que tú quisiste mostrar porque había algo que te decía que tenías que METER METER METER SACAR SACAR SACAR.)
Proximamente haré un recorrido por toda la península en el que podrán admirar mi nueva vida e invitarme a probar los vinos de su tierra o los platos típicos con que se honra al visitante.
Hasta entonces.. .
Seguimos en la cámara de aislamiento.
jueves, 30 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 4:54 p. m. 2 pulsaciones
Patricia llegó al hospital a eso de las siete. Subió en el ascensor extremadamente lento que olía a basura hasta la tercera planta, Unidad de Psiquiatría, cerrada a cal y canto. Casualmente, cuando iba a golpear con los nudillos la puerta, esta se abre y una enfermera pelirroja y sonriente la hace pasar, preguntándole a quien viene a visitar.
Su amigo lleva ahí tres semanas, y pese a eso no parece haber mejorado demasiado. Ha perdido mucho peso, aproximadamente veinte kilos, sus ojos parecen hundirse en unas ojeras violáceas y profundas. Le cuesta fijar la mirada en un punto. Patricia se esfuerza porque los ojos de su amigo la miren a los suyos con confianza. Él no deja de abrazarla. Se quieren.
En la habitación se hacinan tres chicos.
Yeyuco está casualmente compartiendo este espacio. Otro de los pacientes es un gordo que parece cuerdo pero que al parecer no dice una palabra que sea verdad. Yeyuco es guapísimo. La esquizofrenia no ha logrado deformarle el rostro ni la expresión y parece sereno en su sexualidad de bestia salvaje. Su mirada carnivora no pasa desapercibida para la pobre Patricia, que piensa de pronto en su amigo tan flaco, con fiebre la última semana, al mismo tiempo que escucha a Yeyuco decir algo así como que "tiene que rajar a un tío de Alboraya". Es entonces cuando sus bragas mentales vuelven a subirse... los cinco segundos de dejadez visual sobre el cuerpo del chico esquizofrénico han terminado.
(Patricia ha de aceptar que tiene pensamientos de este tipo de los que no se siente en absoluto orgullosa pero que tampoco le comen la moral de manera voraz. Ha aprendido a aceptarlos.)
Después de que su amigo compruebe que ella tiene los cinco dedos de cada pie en su sitio, que no está embarazada y que no la ha seguido hasta el hospital George Bush, decide que lo mejor es acompañarla hasta la salida para que de este modo no puedan atacarla y destruirla, ahora que se codea con terroristas complices de Bin Laden. No sabemos ninguno de los dos, sentados en la cama del hospital, quien es más hijo de puta o si nos sentiremos mejor después de que todo esto haya pasado. Cuando la realidad sea otra vez el pan de cada día y no quede más remedio que aceptar donde uno se encuentra.
Yeyuco comenta entonces que pronto va a matar a un tío llamado Charlie y que no le importa que le lleven a Picassent, a lo que Patricia contesta, sí hombre a Picassent, sólo faltaba eso... y Yeyuco la interrumpe diciendo: es que por un poco más... Y ella se calla un poco y él se levanta y vuelve a darle dos besos y a preguntarle, ¿sabes quien soy? a lo que ella contesta, claro Yeyuco, claro que se quien eres.
El caso es que Patricia ha llegado al hospital a ver a su amigo y se ha encontrado con que conoce a dos personas recluidas en la Unidad de Psiquiatria que además comparten habitación.
El mundo es un pañuelo, piensa ella.
Su amigo ha decidido que pronto va a desvelar todo el tema de las escuchas que al parecer hay detrás de las paredes y en los conductos de la calefacción.
Ella le abraza y no tiene miedo de nada, ahora que ha dejado de llover y el tiempo ha parecido pararse en una hora ambigua, desde que la adelantaron no sabe realmente qué hora es, todos los relojes se han parado, las bombillas de dos habitaciones en su casa se han fundido y el mundo es realmente pequeño y enorme, un bucle de armonía extraña y caótica por el que discurrimos o nos discurre tan rápido como la luz.
El sucio amor que nos une a otras personas- parece pensar- es un motor perfecto y es "la luz de toda luz".
Vuelve a enseñarle los pies a su amigo para que este se cerciore de que sigue teniendo cinco dedos en cada uno, nadie los ha cortado con un machete y ella le obliga a mirar a los ojos, a centrar la vista en otro ser humano que le está sintiendo, que quiere volver atrás en el tiempo y regalarle algo nuevo, darle lo que no le dio por creencia de invencibilidad, por destino moldeable, por ignorancia absoluta.
Quisiera regalarle una curación, y tiene esa oscura esperanza (es oscura por imposible pero parece limpiarla por dentro) de poder otorgarle otra oportunidad, como si por un segundo pudiera ser dios y con sólo desearlo una ráfaga de viento borrara todo el dolor, toda la paz que no debió nunca serlo, las noches de descontrol, aparcar coches por veinte céntimos, robar en un mercadona, enseñarle los brazos casi muertos a una amiga por cien duros, chutarse con una jeringuilla infectada de sida, que su madre muriera, que su padre fuera un mierda, que no fuera débil y gordo, que el corazón hubiese podido llenarse con agua de sus manos.
Quisiera regalarle un "de nuevo" y con las ventanillas bajadas, en el coche, la música, la vida bueno parece que podría, podría dárselo.
Pero no, Patricia, mujer.
Sólo cerciórate de que se sienta mejor.
Pero podría.
martes, 28 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 11:57 p. m. 2 pulsaciones
La autopista de la información se ensancha y parece que nunca
va a contraerse.
Todo el mundo conoce a todo el mundo, todo el mundo escribe, eso es bueno para el mundo pero hace que yo me sienta frágil. Todos saben quien es Saudek. Eso es bueno para Saudek pero hace que yo me sienta transparente, mutable, insegura.
Todo el mundo fotografía cosas. Se hacen autofotos en posturas sexy, con miradas de pretexto, envueltos en ficción. Esto debería ser bueno para la industria de la fotografía y también para la gente. Viva el arte! pero a mi me hace sentir mortal, nada ilustre, cero importante, absolutamente borrable.
Nadie importa a nadie.
Todo el mundo conoce a todo el mundo pero nadie conoce a nadie. Es esa famosa frase. Nadie quiere conocer a nadie, sólo quieren darse a conocer como dolientes, flacos, criminales, voluptuosos, sensuales, elegantes, modernos, felices, activos, pop, sodomitas, frikis, hombretones y traviesos. Como putas o niñitas de doce años con el pubis afeitado.
Irreflexivamente soltamos nuestra mierda al hiperespacio, a la autopista de la información, la soltamos liviana, esperando que al otro lado alguien la recoja, la mire y diga: qué interesante! - y normalmente lo dirá de manera atolondrada, sin pensar demasiado, dándose cuenta de que a la vuelta de la esquina siempre hay alguien más australiano, más interesante, más hermoso, más hábil, más cínico.
Las puertas de acceso bloqueadas hacen que queramos siempre saber más, sin embargo a la hora de la verdad las puertas no esconden ningún misterio, sólo a alguien inerme, descuidado, encerrado en su casa, repudiado por amigos y jefes, con barriga y gafas llenas de roña. Pajeandose frente a una ventana estúpida a un mundo automático e insultante, lleno de artistillas del diseño y treinteañeras de palo menudas y sin pecas.
Yo en mi grandísma pequeñez, en mi grasienta nimiedad, no puedo más que vomitarles a todos en la cara y decirles. Hasta nunca. Mientras, todas mis mentiras se hacen refulgentes y se rien, se rien de no significar ya nada.
Se quedan revolcándose en deseos de realidad que se quedaron sujetos a la gomilla de algunas bragas, en el cajón más olvidado de la casa de ese tío tan alborotador.. .
PROMISCUIDAD EMOCIONAL
Difusa y con la boca pequeña
te prometo la brevedad y los pestillos
Torpe, verde y erótica como un esmalte de uñas
(de verano)
voceo ofreciéndote todo ventajas.
Pero tú, por favor
Quítame la máscara, se para mi esporádico
descoyunta mis huesos haciendo de ello un arte
y justifica tu violencia con medicación
y decreciente amargura.
Siento.
El desencanto al buscarme en los brillantes poemas
que escupes con la furia del nadador ahogado.
Me maravilla la facilidad para amputar un tequiero
la pereza con la que las palabras se extienden en el diván
la tribulación por las noches, en la cama y sola
y gorda y sobresaliente en
inteligencia, cortesía e hijaputez.
Me maravilla todo eso, sí, el invento de mi propia belleza
la desolación de la verdad.
Todo lo que olvido, lo que denuncio.
Las mentiras quejosas de serlo.
Irritadas, más diminutas que nunca.
miércoles, 22 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 6:51 p. m. 3 pulsaciones
Zambullirme en el optimismo.
Que tú aparecieras en mi vida, holgazán y flaco,
sacudiéndome como si fuese yo una marioneta infantil.
Que en mi soberbia abdominal de azarosa chica de lupanar,
vinieras tú a reposar a mi lado,
leyendo revistas de divulgación
impulsándote desde mi interior a tu propio reto.
Quería yo ser, rabiosa y resuelta,
el tormento único, la déspota sobresaliente, el beneficio de tu duda.
Y sin embargo tengo la sensación
de que me convierto en maceta perversa,
de nula aplicación a la naturaleza,
sin descendencia
y con el vaso
entre las manos.
Caduca pero infantil,
profusa en intentos de acercamiento de resultado nulo.
Llegando a conclusiones dóciles como perros
que eluden verdades bien entrenadas:
Miedo, pánico, terror, angustia, espanto.
Abofetéame.
Sólo por esta vez.
Te obedeceré y sabré mirarte sabré decirte
cuánto y cómo
te amo.
Sin ser vulgar sin necesitar después
un centro sanitario.
viernes, 17 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 4:59 p. m.
La chica baladí. Loncha de justicia.
Luciérnaga gorda y frondosa de pensamiento y extravagante
intravagante, con medios de locomoción tales como
lubinas meláncolicas de piscifactoría.
Levantando polvaredas
en pueblos perdidos sin frases modernas, de robustas señoritas
sin luces pero clarividentes.
Que al mirarme dicen, usted debería ser lógica
dejarse de demencias y debates
debería lanzarse al barro sin polémicas,
improvisando un poco, anegarse de placeres
correr tras asombrosos caballeros de largas cabelleras
no mencione su ansiedad ni los huecos ni la muchedumbre
de avenidas que cruzan su cabeza
ni el fatigoso pecho que descansa retraido.
No comente ni haga exámenes.
Comprenda que ha de detener su inventiva.
Sacrificarse un poco, traducirse cada día.
Y yo me instalo para siempre en la ilustración del diario
en la frecuente manera de morir azarosa
a las puertas de las puertas, en la escalera hacia la dispersión.
Siempre apretando las cuerdas, con constancia, sin ciencia.
Con la musculatura de un enfermo
midiendo el pulso a esta soledad carnívora.
Insustancial como una musa muerta.
Por safrika señorita a las 4:36 p. m. 0 pulsaciones
Leo y releo, todas tus aventuras
leo como vas cardítico por el espacio vacío
en síncope emocional
en baile de san vito en parkinson amoroso y errático.
Es casualidad que estemos congregándonos a tu protección
que perdamos convicción con cada gesto computado
que aguantemos firmes la lágrima, la herida,
lo enérgico de tu pasión redundante
lo severo del sexo con esa imposición
de castidad voraz y económica.
Es casualidad que en la cavidad de las manos
atraviesen sosegadas las caricias
como síntoma de abreviatura.
Como una cerilla, de miserable duración.
Repartes la mixtura entre piadosas imbéciles
que si proposición, que si legendario, que si poeta
que en una asamblea, que inclinado o sobrio.
No
me
interesas.
jueves, 16 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 3:52 p. m. 0 pulsaciones
Tenías luz en el pelo
y repartias patadas a diestro y siniestro a todos aquellos
hijos de puta
Y tenías la polla dura entre mis manos en aquel bar repleto
con escaleras y oscuridad, el olor entre mis dedos.
Digamos que después con todo ese rollo del amor y las viejas canciones
todo se complicó un poco
innecesariamente pese a la prisa o alguna interrogación usada.
Todo parece a veces tan auténtico, tan absolutamente irreal
que piensas:
-vaya, es así como lo estaba esperando, como tiene que ser.
Cayendo después en la cuenta de que al fin y al cabo
el corazón del loco es aquel que siempre late, pese a la oscuridad
pese a la verdad
y al hinchado deseo, como un recuerdo velado
de lo que fuimos
de lo que
quisimos ser.
La ausencia de ese deseo, el olvido de ese recuerdo
es el que hace que un día, despiertos en la oscuridad
con treinta años y un vehículo de motor en la calle,
drogados, ciertamente venidos a menos
no podamos
seguir
soñando
no podamos
seguir
pensando:
"he ahí
todo lo que siempre deseé
no tiene nombre pero se
que es el momento"
¡¡Agarralo!!
miércoles, 15 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 8:40 p. m. 0 pulsaciones
La chica del diente partido se sumó a la acción terrorista pasadas las tres de la tarde. Se acercó al joven del partido y le comunicó su decisión cuando este cerraba la carpeta que contenía todos los datos. La fecha, el lugar, quien, como, cuando.
Después volvió a casa caminando, hirviendo bajo el sol de la tarde. Sudando la camiseta.
Nadie podía sospecharlo. La jovencita gorda y cargada de tensión muscular, había dado un paso importante. Participación directa. Esa sería la primera vez.
En casa se sentó en el sofá y puso los pies encima de la mesa. Dando un respingo se encendió un cigarrillo y rebuscó en la mochila. Sacó la Glock. La sostuvo en la mano unos segundos. Después la dejó en la mesa, junto a sus pies. Y haciendo pequeñas volutas de humo, miró esa extraña combinación de pies desnudos y pistola preguntándose qué estaría haciendo él ahora. Con quien.
Apuró el cigarrillo al máximo, hasta que el olor y el sabor de la combustión le resultó desagradable. Descalza, fue hasta la nevera y comió delante de la puerta abierta, un yogur desnatado, haciéndole un agujero en la base y aspirando con fuerza a través de él. El frescor de la nevera era agradable en su pecho, en sus muslos.
El tiempo pasó deprisa, quedaban ocho horas.
Le esperó a la salida del restaurante. Un compañero esperaba en un coche justo enfrente, en una pequeña callejuela que iba a parar al cauce del río y a una gran avenida con poco tráfico a aquellas horas. Todo estaba planeado. Ella iba a hacerlo.
Tomás salió agarrado de la cintura por aquella chica francesa de ojos azules y piel blanca. Ella la odiaba. Odiaba sus vestidos elegantes, su carácter apacible, sus pestañas largas y tiesas. Comenzó a andar hacia ellos con las manos en los bolsillos. Trás una esquina se puso el pasamontañas y con pasos rápidos y seguros se encaró a la pareja y disparó. Le disparó a él, y después a ella.
A él en la frente, a ella en la cara. Muertos. Montó en el coche y desapareció por la estrecha calle.
En los ojos de él, el segundo antes de disparar, vio que la había reconocido. Porque unos ojos que llegan a amarse y a odiarse en tan poco tiempo no pueden olvidarse facilmente. Ni un gesto, ni una manera de andar.
Pero nadie debía saberlo nunca. Nadie. Ni siquiera ella, que se echó a dormir y en tres minutos ya no supo nada.
El joven diplómatico estaba muerto. Su joven novia francesa también.
La chica del diente partido era una terrorista.
sábado, 11 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 7:23 p. m.
A.S.L
no te mueras, ponte bueno.
Me acuerdo de las noches al raso, sin otra preocupación que la falta de papel de fumar o de pilas para el cassette (sí, hace bastante tiempo). La última calada que siempre me prestabas "para que no te quedes con las ganas". Tu plumífero granate y tu olor cuando subíamos juntos en aquella mobylette naranja. La prisa inútil, por crecer hacer algo viajar sentirnos libres. Tu habilidad para dibujar y retratarme como heroina de un mundo manga. La mirada cómplice, la verdad de un extraño amor sin cuadricular.
Esta vida, que se compone de toda esta diversidad hija de puta con su esplendor en tardes de primavera. Y la callada calle que poseo, esta vida que abruma, incapaz como soy muchas veces de pensar y actuar en consecuencia al tiempo que se resta. Soy incapaz de creer que todo puede ir bien. He visto mi error, y renuncio por siempre a mi hipocondria enfados a los trajes a lo gris y lo que se modela a base de mirar siempre hacia abajo. Renuncio por siempre a lo taciturno que se expresa en cada aliento del conductor de autobús, en cada suspiro de la mujer entre sus macetas, en cada lágrima vertida por nada.
Recuerdo tu amor como el más hermoso colapso por mi sufrido, el auge de aquella amistad incomparable que al final no nos creimos, el aire maquiavélico que decidiste respirar desanclado de mi, aterrizado en una isla fúnebre y traidora.
Hoy pediría perdón por no haber estado , pero creí que nunca nada terrible podía pasarnos, confiada en aquella juventud abrasadora y sana. Chupóptera, acelerada.
Nunca creí que algo, en el momento justo, no te detendría, y me equivoqué. Ahora te retuerces sedado y estúpidamente amargo, en el hospital al que llamaré infierno. Y mi miedo a no reconocerte se situa al lado del de perderme yo al perderte. A sentir el frío simple y eficaz de la muerte como un filo enorme y preciso, apoyado en mi barbilla.
Un movimiento en falso y zas!
todo habrá acabado.
Por safrika señorita a las 1:03 p. m. 0 pulsaciones
Un beso delicado en la piel. Eso es lo único que me atrevo a insinuar.
La carretera es peligrosa, y he encontrado una flor siniestrada.
- Rápido, llamen a una ambulancia!
El aire me golpea en la cara, frenético a tantos kilometros por hora
El órgano se ajetrea en su función, se excede
al verte lejos huraño fumando cigarrillos que apuras
otros que dejas a medias, por hastío, sí... el órgano
se vierte y quiere hacerse plástico, viscoso, alargado
llegar hasta tí. A las sábanas al puño cansado al equivocado instante en que
decidimos que había que
hacer algo.
martes, 7 de marzo de 2006 | Por safrika señorita a las 10:53 p. m.
Compréndelo. Sólo quedaba esta opción.
La conseguí facilmente y estuve canturreando un poco delante del espejo
jugando con ella, enredandola en mi pelo
Comi unos ganchitos, todo muy cutre, porque el espejo estaba picado y los ganchitos
los saqué de una máquina que agonizaba en el pasillo del hotel.
Me veía guapa, creo que porque la luz era tenue y había bebido un par de copas.
Detrás de la puerta del baño leí unas pintadas, me senté en la cama
y estuve pensando en que quería verte
verte más que a nadie en el mundo, que me sucedieras, que pasaras por fin en mi vida,
que entraras en ella que no salieras nunca
- que sea mi almohada- le grité a la pared color salmón.
Y yo seré la tuya. Y todo lo demás.
Pero las circunstancias hacen un despliegue fantasmagórico llenandolo todo de decisiones pospuestas, de trenes regionales que no salen a la hora, de sobrinas, de filosofía, de dinero, de cabellos sucios y miedos-custodia-desaciertos.
Por eso vine aquí cariño, porque a veces tarde es demasiado tarde.
Y pronto significa nunca.
Por safrika señorita a las 10:52 p. m.
Ahora comprendo lo variable que puede ser una mano
una mano estrecha, apoyada en la falda, quieta, sola, inútil.
Una mano de uñas rojas, en la carretera, haciendo dedo
que después enjugará una lágrima en un hostal llamado "casa Norman"
o algo peor (si existe)
Una mano que dice adiós, agitándose detrás de una ventana a la nada.
Te veo moverte, y me alimento de dormir preferentemente en tu axila imaginaria
harta de caer en tópicos deberías ya estar aquí
arrancármelos dejarme subir a lo más alto.
Una mano que teclea, una mano sucia, cargada de erotismo,
conductora de dildos y consoladores
conductora de teléfonos y calendarios,
de pilas duracell
de "la espuma de los días"
de pegamento no apto para uso infantil
de cremas diadermine
de anti poesía anti pessoa.
Una mano que se balancea junto al cuerpo al que pertenece,
una mano que carece de lo fundamental para querer vivir
ya formas parte de mi compulsión.
-corre! vete!
una mano que se suicida,
clava las uñas en la palma
la sangre corre
gotea, se estanca.
Te miro.
Tu mano es de niño y mi mano está muerta.
Por safrika señorita a las 10:52 p. m.
Estoy entre los libros.
He venido, colecciono polvo y hago como que leo
a Voltaire. (Cándido)
No soy tan joven, no tengo dinero ni belleza
tampoco ofrezco pan y fruta
ni con mi boca
ni en mis pezones
Y es cierto, sí que poseo el sueño enredado,
la vida en un suspiro ideal, fantasioso,
(casi místico)
Y es cierto, poseo
un cajón lleno de obsesiones,
(tú serás siempre
el centro de mi universo.
Tú serás siempre la primera necesidad
la última vibración del día)
Aunque
la imposibilidad trepa por mi espalda siempre por la tarde,
y doy gracias porque he visto esas piedras quietas, secas
al borde del patio de los niños, muertas.
y después he rozado las hiedras y bebido agua en la fuente al sol.
Doy gracias porque
Con el viento y en la calidez infantil de este sitio
he de recrearme en ciertas luces lentas,
y caminando contra el aire
con las manos en los bolsillos
el cigarro consumido rapidamente
los labios rojos
pienso en los párpados que han de abrise
y mirarme en la penumbra,
la piel que acariciaré,
el cabello que será mio y
la rabia de la despedida.
Cuando ya no me quieras, cuando todo
esté guardado en una caja de corcho
un poema inmenso
considerado al cabo del tiempo, malo
malo
malo.
Por safrika señorita a las 10:48 p. m.
La chica quería un cigarrillo. Circulaba a unos 50 km por hora, por el túnel. Con el brazo derecho apoyado en el cambio de marchas, iba dejando caer su dedo sobre el botón que buscaba automaticamente las emisoras de radio.
Posiblemente, ni siquiera escuchaba lo que iba sonando en cada parada de los números, que brillaban verdes en la penumbra del vehículo, absorta como estaba en una bolsa de supermercado, que con sus letras rojas y enormes, volaba hinchada por el aire y giraba y parecía bailar un baile perfecto a los ojos de la chica, un baile en sintonía con el viento, cumpliendo una función prodigiosa que solo algunas de las millones de bolsas de supermercado del mundo, llegaban alguna vez a realizar.
Estaba claro que si algún día él la mataba, sus padres darían a la televisión una de sus mejores fotos, alguna de hace unos años, en la que saliera delgada y mucho más joven. “Ella lo hubiera querido así “ diría la madre.
La realidad propia se ve convertida en muchos casos en una automentira, automedicación contra la desdicha, fallida y narcotizante. - eso pensaba la chica, fijando la vista ahora en las lineas de la carretera, siempre tan gastadas y poco eficaces.
En el bar donde entró a comprar tabaco, olía a carne de kebap. La música era estridente, pero ella y el camarero paquistaní estaban solos. Ella se imaginó follando sobre la barra. Observó la limpieza del local: correcta. Desdeluego pondría el culo sobre la barra. El camarero apenas la miro, sumido en su homosexualidad de pronto manifiesta, y la chica cogió de la máquina su paquete de Lucky y salió a la calle.
El aire siempre golpea en la cara de todos los personajes de cualquier historia, alguna vez. Y muchas otras abofetea, Y en esta ocasión así lo hizo, cambiando radicalmente el rumbo de su pelo siempre echado sobre la cara, y la expresión de sus ojos, que se cerraron un poco detrás del cuello de la chaqueta.
En casa y después de recuperar el aire trás subir las escaleras, encendió un cigarrillo y abrió el libro por cualquier página.
Ahora, cuando el otro viniera a buscarla, ella le diría que no por segunda vez. La satisfacción que esto le produciría sería nula, al contrario de lo que ella hubiera querido y de lo que esperaba. El corazón se abalanzaría sobre la garganta, y el nudo en el estómago se apretaría hasta impedir la deglución de alimentos durante más de medio año. Después se mordería las uñas intentando encontrar la respuesta correcta en su corazón, dentro.. al fondo: sin conseguirlo.
Y seguiría bien, obsesiva, eternamente amorosa, alrededor del planeta principal de su universo. Buceando entre las ropas de un niño sin edad, comiendo en su mano, tal vez equivocadamente, sencillamente hasta el final.
Por safrika señorita a las 10:35 p. m. 1 pulsaciones
Pequeña ventana rota.
La fiebre no ha de matarte y en el balcón suda una anciana.
Sus pellejos oscilan con el viento, sin gratitud, con falta de oxígeno.
Y en mi cabeza ya no hay soles desolados, sólo el hombre de las gafas
encima de mi, subido a mis hombros, con su deseable peso
doblándome las siniestras rodillas que nunca quisieron tomar tierra.
Existe la posibilidad de que aún sin edad y enfermo
logres atraparme en redes sin ser red.
Yo me dejo caer un poco borracha en la cama, y sin moverme.
Rezo a medias por la aparición que no ha de producirse.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Yo no estoy sedada
Me exaspera violentamente, que no quieras hacerlo a dentelladas
arrancarme la piel, girarme los ojos, dejarlos en blanco impoluto.
Que no te arrastres como un gusano de botella mexicana
hasta mis párpados y quieras besarlos con la valentía del ciego.
Y quieras sodomizarme, arrancarme cabellos
quebrarme en tu rodilla.
Que no alimentes mi ego con trozos de carne fantástica
por la que yo subsisto, un día, otro día.
Con la sapiencia del vendedor urbano
con la ira del guardia de seguridad
en los pasillos de un hospital viejo.
lunes, 20 de febrero de 2006 | Por safrika señorita a las 9:16 p. m. 1 pulsaciones
Huyendo por la calle estrecha del tipo pequeño y engreído que come donuts y agita las manos como diciendo: ven.
Atrapar la mosca, hacer con las alas viento. Morder pezón, arrancar calendario.
Mete saca mete saca mete saca
Agonizar en la esquina, cerca de la papelería y ante miles de ojos que parecen no mirar nunca a los tuyos.
Armonizarse los chakras, escupir espuma de mar, hacer el bien, bañarse en mierda.
La fuerza esplendorosa no sirve. Digamos que el asco, la naúsea, se acentúa con la iluminación parcial, nada zen, de cómo el mundo funciona y todos siguen haciendo como que sirve de algo.
Agitar la luz como zumo embotellado.
Mete saca mete saca mete saca
Bebe conmigo, otra vez.
sábado, 11 de febrero de 2006 | Por safrika señorita a las 4:33 p. m. 1 pulsaciones
Poemas de Angel Gonzalez
SIEMPRE LO QUE QUIERAS
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo
-pero luego no digas que no sabes lo que haces.
Haces haces de leña en las mañanas
y se te vuelven flores en los brazos.
Yo te sostengo asida por los pétalos,
como te muevas te arrancaré el aroma.
Pero ya te lo dije:
cuando quieras marcharte ésta es la puerta:
se llama Ángel y conduce al llanto.
ME HE QUEDADO SIN PULSO
Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.
No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.
Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.
Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.
TODOS USTEDES PARECEN FELICES...
...Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.
miércoles, 11 de enero de 2006 | Por safrika señorita a las 8:18 p. m. 4 pulsaciones
A mi alrededor flota cierta fantasía nada precisa
en la que por fin todo se vuelve perfecto y no es porque estés tú o porque algo haya cambiado externamente. En mi fantasía todo es perfecto porque soy yo quien tiene el control, quien tiene la sartén por el mango. Quien manda. Quien dirige.
Es la otra cara de mi naturaleza. No sabría decir a qué parte del mundo pertenezco.
Me envuelve una extraña paz, un modo de silencio. Los dibujos de los niños cuelgan en el tablón y ese tapiz que me has regalado me hizo tan feliz...
He de coger las riendas de todo esto. Comprarme una silla nueva.
Atizar el fuego, buscar la leña.
Mañana iré al campo y correré montaña arriba, buscando al avicultor.
Visitaré la pequeña casa que hubo de ser nuestra, o mia.
No recuerdo si te regalé aquel anillo y hoy que lo he encontrado en el sitio más inverosimil del mundo, me pregunto si lo dejarías ahí, como una primera señal oculta de todo el fin que ibas a plantar en la pantalla. (Y en inglés)
Un gran: THE END.
sábado, 7 de enero de 2006 | Por safrika señorita a las 5:04 a. m. 3 pulsaciones
Palabras que no nos gustan.
Dime tus palabras odiadas pinchando aquí, voy añadiendo las que me enviais.
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