Que tú aparecieras en mi vida, holgazán y flaco,
sacudiéndome como si fuese yo una marioneta infantil.
Que en mi soberbia abdominal de azarosa chica de lupanar,
vinieras tú a reposar a mi lado,
leyendo revistas de divulgación
impulsándote desde mi interior a tu propio reto.
Quería yo ser, rabiosa y resuelta,
el tormento único, la déspota sobresaliente, el beneficio de tu duda.
Y sin embargo tengo la sensación
de que me convierto en maceta perversa,
de nula aplicación a la naturaleza,
sin descendencia
y con el vaso
entre las manos.
Caduca pero infantil,
profusa en intentos de acercamiento de resultado nulo.
Llegando a conclusiones dóciles como perros
que eluden verdades bien entrenadas:
Miedo, pánico, terror, angustia, espanto.
Abofetéame.
Sólo por esta vez.
Te obedeceré y sabré mirarte sabré decirte
cuánto y cómo
te amo.
Sin ser vulgar sin necesitar después
un centro sanitario.
PERRO por JOHNNY RAY
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Hay en todo una pena de infancia,
en lo que no tiene que ver con la infancia
si es que hay algo que no lo tenga,
en cada borrachera, en el sexo,
en la n...
Hace 1 día