La cuestión es que yo sólo pretendía crear algo.
Hacer algo con todo aquello, moverlo, convertirlo.
Pero vinieron las tinieblas, y el abismo, que siempre
se extiende rosado a los pies de uno.
Y entonces no queda más que gritar. Gritar.
El interior es un baño húmedo y azul.
Y tus ojos escondidos detrás de las gafas
y tus manos en los bolsillos o sostiendo un libro.
Yo, que habría dado todo, todo.
Y por una mentira.
Como un payaso sin maquillaje, una mosca olvidada y muerta.
Es lo más cerca que estuve del amor, tal y como lo entendemos
en esta sociedad del siglo veintiuno.
Y nunca volverá.
MUERTOS Y ENTERRADOS
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Una de las películas de terror señeras de los años 80, *Muertos y
enterrados* (*Dead & Buried*, 1981), de Gary Sherman, ha superado con
notable la prueba...
Hace 3 días