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Cuando el silencio me ahoga, enciendo la radio y me llegan de un planeta lejano voces que apenas comprendo: ese mundo tiene su tiempo, sus horas, sus leyes, su lenguaje, preocupaciones, diversiones que me son radicalmente extraños.
Simone de Beauvoir.







Cuando un perro y un gato se encuentran casualmente en una calle
(adoquines húmedos)
se perfila el momento exacto a paralizar para el poema.
Sentados en una cafetería, en la mesa del fondo
¿No hablamos acaso porque hay tanto que decir?
Y entonces, cuando
los ojos se caen en tristeza absurda.
Es como un legado musical que entretuvo y murió.
(Uno no sabe que hacer con esas partituras viejas y pasadas de moda)
Debería paralizarse todo en el preciso instante en que
desaparece la verdad
(¿o acaso se paraliza porque aparece?)
y comienzan a crecer, como de semillas terroríficas
los brotes trágicos
de los callejones en los que nunca nos perdimos
del poco tiempo que hubo para descansar en el hombro del otro
después de una dura jornada de trabajo intelectual.
Dices: escribe, escribe sobre esos perros
y justo es eso de lo que nunca quise escribir, tal vez
del insípido momento en que el gato mira hacia otro lado y el perro
decide volver donde le corresponde.
¿Puede alcanzarse la luz desde la oscuridad con más facilidad?
¿Somos imbéciles supinos?
Oh! Si ahora ya sé que nunca
vendrás a buscarme.
¿Qué me importa todo lo demás?

Estaba leyendo a Raymond Carver
(Bajo una luz marina, de Visor)
el librito de poemas que me prestaste ayer.
Hay uno que termina con un verso que dice
"y las cosas volvieron a ser como eran antes"
bueno, yo no quiero eso.
¿podemos dejar nuestro pequeño mundo
sin electricidad?

Help

Help.
Voy a hacer el camino inverso.
Llegaré a todas partes.
Es para eso para lo que valgo.
Nada de sexo, nada de política
ni siquiera sé drogarme con convicción.
Hasta he dejado de comer con avaricia
o de enfermar con fiebre.
Sencillamente me instalo en un lugar del mundo
lo observo, creo por momentos que formo parte de él
y después
describo.
Comprendiendo en mi burbuja atronadora
llena de gente, o de sonidos, o de implacables manos inexpertas:
Siempre voy a estar sola.
(lloraría hasta la náusea)
(déjame así)
(¿por qué no puedo ser dulce, breve, magnífica, sagaz
oportuna, bella y extrañamente cautivadora?)
Déjame ya!
Déjame!

Ahora que de pronto te quiero, te has vuelto insondable.
Y el paraíso tiene el nombre de alguna cerda
y el corazón se paraliza allí donde habría de salvarse.
Así que, ahí andamos.
Creyendo que más vale tarde que nunca pero creeme
nunca
es mucho
mejor
que tarde
si "la cosa" va "de esto"
(lenguaje de signos)

A veces lo más terrible está escondido en las cosas más pequeñas
los detalles más absurdos, los silencios que parecen no ser tensos.
A veces lo incomensurable parece encontrar un baremo para medirse
y uno cree que puede mirar hacia atrás sin ser tiroteado.
Digamos que cuando el aire se espesa dentro del autobús
no es más que una señal de la propia espesura, de la maleza que escondida
nos amenaza
desde el centro mismo.

Cómase usted a su marido.
Provoque el colapso en su propio hogar abrillantado.
Desahogue la rabia de siglos que ha ido guardando
contra su padre contra la santa madre iglesia
contra la frialdad de los ojos de un enfermo poderoso, altivo.
Arrincone a su enemigo,
tráguese a sus hijos
protéjalos de tan horrible burla, esta que hace el mundo
esta que no se atreve usted a cotejar
por miedo a mirarla a la cara.
Porque la verdad es un hueso duro de roer
una avalancha de acero sobre el propio cuerpo
que lacera la carne y vuelve invierno la sangre
que uno quisiera correr y arrancarse del mundo
y creer que nunca ha venido, que siempre estuvo en otra parte
o eso o
enfrentarse.
Tragar. Comer. Deshacer. Colapsar.
O enfrentarse.
Hágalo.

La señorita más bonita de la ciudad ha decidido hacerse la cirugía plástica cansada como está de que todo el mundo la trate de tonta sólo por su belleza.
Nosotras pensábamos que desde luego hay que se tonta. Pero tanto que hasta llega a darle la vuelta a toda la tontería posible existente concentrada en una persona. Tanto que hasta parecen tener sentido la sarta de imbecilidades que suelta por esa boquita jugosa y de labios perfectos.
Nosotras queríamos comérnosla, pero ella se resistió justo cuando le clavé el tenedor en el muslo. Y aún hoy, nos mira a veces con recelo, esperando a que saltemos sobre ella como dos hienas hambrientas.
No nos importa.

Hagamos una cosa:
Tú dispara.
Justo cuando yo mire hacia otro lado.

Racionalizando el esquema en espiral de conciencia.
Cómase usted su miedo. Desintegre las heridas superficiales
y comprenda que no ha venido aquí para esto.
Debe completar la misión, repeler al enemigo
comerse su miedo, sí.
Sugar Blues de Nina Hagen de fondo, la ventanas parecen gritar.
La selva se vuelve enferma de hambre
(A veces parece que la muy puta de la Hagen esté poseida.)
Carriles de aceleración, vomite usted el riesgo.
Cierre la puerta de atrás, escupa a su vecino.
Comprenda que ha usted de mantener la paz en su terreno
en
su
terreno.

Fue hace tiempo. Al principio ella no sabía si aquello estaba pasando de verdad. Se obligó a mirar a la chica accidentada, que desvanecida sobre su propia sangre, parecía dormir placidamente y sentirse por fin en paz. Se había golpeado la cabeza contra un poste de la luz, uno de esos de hormigón, que tienen como escaleritas por las que subir. Había sido con una motocicleta, y había sido rápido. Claro.
Ahora yacía en el suelo y no había nada que la chica del diente partido pudiera hacer. Sólo quedarse sin dormir, esperar a que viniera una ambulancia, esperar noticias que llegarían tarde, ya entrada la mañana. La chica accidentada se iba a recuperar, esto lo supo justo en el momento en que empezaba a repetir moviéndose hacia delante y hacía atrás, rítmicamente: "Mónica, no te mueras. No te mueras"
El chico amarillo había muerto un año antes. Todavía recordaba ella aquel color en el blanco de sus ojos que ya no fue blanco nunca más. Y una venda florida surcando su tripa. Había escrito mucho sobre eso. Sobre la brevedad de todo, la fugacidad de todo, la necesidad de vivir el momento y no pensar nunca más en el futuro. El rostro del padre del chico amarillo, el cambio que se operaba en sus ojos cuando entraba en la habitación de su hijo y hacía como que no pasaba nada, como si todo fuera a solucionarse, como si fuéramos a despertarnos todos de un mal sueño.
Ella había arrancado cuatro páginas del libro que estaba leyendo durante la noche anterior. No recordaba cómo, ni cuando. Sólo sabía que al despertar una de las hojas se había quedado pegada a su mejilla. Y no quiso mirar qué ponía en ella porque a veces es mejor o saber nada ni creer en mensajes que vienen por azar a iluminarnos.
El chico amarillo se murió porque dios era un hijo de puta. Porque dios tenía garras y fauces como un lobo voraz y asesino. Porque dios era caprichoso y estúpido. Ella se preguntaba por qué no podía hacerse pasar por él. Si al final hacían lo mismo. Nada, nada, nada.
Dios era un cabrón.
El chico amarillo se murió pocos días después de la visita en la que ella le vio comer un helado de esos de Pantera Rosa, y lo hizo con ganas. La chica del diente partido había escrito también mucho sobre eso. Al menos lo hacía una vez al año. El recuerdo del chico amarillo devorando algo fresco, el contraste entre su rostro y el rosa fucsia de un helado que iba desapareciendo en su boca. Esa fue la última vez que la chica del diente partido lo vio. Y guardaba este recuerdo como algo precioso, porque la avidez es característica solo de los vivos. Y él estaba vivo. Y comía. Y su sonrisa parecía tan blanca.
Después, el ataúd también sería blanco.
Y unas puertas se abrieron, y se lo tragaron. Y entonces todo el mundo lloró más y más. Se escucharon gritos y alaridos desconsolados. Y la chica del diente partido pensaba que el cuerpo es tan importante. Por que si no hay cuerpo qué hay. No hay nada. Y ahora el cuerpo del chico amarillo era ceniza. Y la ceniza no es nada.

El viento golpeó su cara al salir de la fiesta de fin año.
Había estado pensando qué hacer, con quien, cómo. Sólo sabía el cuando.
Pensó que aquella fiesta era la segunda mejor opción, y allá fue, cargando en la mochila ropa de zorra y sombra de ojso. Ahora salía de allí, despacio. Después de chupársela a un tipo guapo de casi dos metros, director de cine y que le prometió un papel en su próxima película. Todavía notaba el sabor en la boca. Después quiso follársela pero ella se negó aludiendo otros compromisos, diciendo que debía marcharse ya. Salió a fumar a la calle, necesitaba aire fresco. Echaba de menos al chico filósofo, pero todo se había muerto poco a poco, como una enredadera que amarillea en la punta de una hoja, y luego continua haciéndolo hasta no ser más que algo feo y muerto.

Quería comprender la verdad. El por qué de su autodestrucción. El por qué de la muerte, de la matanza. De su corazón mutilado y gris. Sólo era una chica con el diente partido, con kilos de más, con la ignorancia extrema del ser humano y su conciencia. Sólo quería decir a la mierda con todo, volverse y agitar el pelo, correr y salvarse. Dirigirse hacia unos brazos como en una corriente, sabiendo que jamás se movería. Que sus pies se quedarían pegados al asfalto, por miedo, por desidia, por su propia naturaleza de columna griega.
Quería follar. Quería joderlo todo, destrozar lo poco que quedaba.
Recordó al chico amarillo y muerto. Vio a la chica accidentada recuperarse poco a poco y no volver a ser nunca la misma. Recordó como ignoró la muerte de su abuelo porque se la comunicaron mientras dormía, y cómo mucha más gente había ido cayendo fortuitamente, como en una broma. Un accidente de coche al ir a poner un CD y quitar la vista un segundo de la carretera. Un resbalón con la moto, de camino a Jerez, arrastrando la cabeza por el asfalto hasta romperse el cuello. El que se perdió en la montaña, y se murió de frio con la pierna rota esperando a un amigo que había ido a pedir ayuda pero se perdió, y también murió. Un cáncer de ovarios a los 32, sabiendo que vas a morir y sin querer saber cuánto tiempo te queda. Sobredosis. Miedo.
Hay gente que muere de miedo.
La chica del diente partido no quería morir. Quería tener un hijo y salir a pasear un domingo temprano sin sentirse mal. No quería sentirse culpable. Quería volver con a aquellas tardes con el chico de los ojos azules, volver a su seguridad supina, a sus brazos expertos, al hambre con que este devoraba su coño y la hacía sentir princesa.
Quería volver a su calor gélido, a la ambivalencia de sus palabras cuando la retaba en una lucha de poder salvaje, en la que los dos rugían, y se amaban, y calculaban el grado de dolor que podrían infringirle al otro para suponer el grado de satisfacción que habrían de obtener a cambio, sin obtener nada en realidad.
Quería follar. Quería liberarse y saltar. Hacer cosas que nunca había hecho.
Fornicar sin parar hasta el 2008. No echar de menos nada.
Volver a nacer.
Dos luces se acercaban deprisa por la calle.
Y entonces saltó, pisando un charco.

Cuelga

La chica del diente partido quería deshacerse ya de esa sensación que la repugnaba. La sensación de estar esperando algo, de necesitar algo, de no poder obviar ese mismo algo.

- Yo no sé amar - pensaba - No tengo ni la menor idea de cómo hacerlo para que no resulte doloroso, para que no resulte pesado, para que no resulte cómico y absurdo.
No sé amar. No tengo la menor idea de cómo conseguir deshacerme del miedo. De la sensación de que todo está a punto de terminarse siempre. No sé cómo hacer para dejar de provocar yo misma que todo eso suceda.

Él no había llamado todavía. El chico filósofo. Menudo chollo. Un tipo obsesionado con el sexo y la literatura, un tipo con diversas manías eróticas. Un chico culto y guapo, eso sí. Al que parecía ponerle cachondo la posibilidad de concebir un hijo. La chica del diente partido nunca tuvo muy claro si esto era real o se trataba sólo de un pensamiento que le hacía correrse más rápido. Aunque nunca lo bastante rápido. La chica del diente partido había buscado información en internet y pensaba que tal vez esta eyaculación tardía se debía a la cantidad ingente de Orfidal que el chico filósofo se empeñaba en tomar. La hacía follar durante dos horas seguidas. Encima, abajo, de lado, por el culo, por la boca.. Ella se cansaba. Se sentía impotente y estúpida. Se sentía culpable y poco atractiva. Pensaba que con el tiempo las cosas mejorarían, pero no le quedaba claro si eso sucedería o utilizaba este pensamiento para sentirse mejor.
El viento soplaba fuerte aquella tarde, hacía frío y tenía hambre. Corrió al encuentro del chico buceador, que la había llamado para tomar un café y repasar los últimos acontecimientos en la vida de ambos.
Se lo folló despacio después, en casa. Tenía una polla larga y jugosa. Justo como la chica del diente partido había imaginado. Y eso que no tenía muy buen ojo.
Él se corrió deprisa, echaron un polvo lento, pero que sólo duró diez minutos. La chica del diente partido se puso encima, en cuclillas, y no se corrió, pero se sintió satisfecha. Tenía ganas de reir.
Él susurraba en su oído:

- Tienes un coño perfecto. Tan profundo y follable, tan mojado y grande. Me gusta, me gusta tu coño, me gusta. Voy a querer más, lo sabes, ¿no?. Voy a querer mucho más...- y le babeaba la oreja y sacaba mucho la lengua. Y ella se sintió deseada y mística, cuando él repetía - Yo sabía que esto iba a pasar, tenía que pasar. Te deseaba tanto. Que ganas de follarte tenía. Tienes un coño tan sumamente perfecto. Ya no tenía esperanza. Perfecto, perfecto. Sublime. Me corrooo, me corrroooooo.

Después fumaron un lucky a medias y él la besó en los hombros

- Podemos ir ahora a tomar algo si quieres...
- No- contestó ella.
- Te veré mañana- dijo él.
- No- contestó ella.
- Pasado.
- No.
- Te dije que iba a querer más.
- Eso no significa que yo vaya a darte más.

Un silencio tenso. La chica del diente partido quiere ahora que él se marche. Quiere que el chico filósofo llame por fin, aunque sospecha que eso no va a suceder. Quiere volver a sentir que hace algo bien, que lo correcto se aproxima de algún modo a su vida, que logrará sentirse en equilibrio y que además logrará mantenerlo. Quiere que el chico filósofo la salve, aunque también sospecha que eso no va a suceder.

Se levanta y empieza a vestirse deprisa.

- ¿Por qué te vistes? - pregunta él.
- Deberías irte.
- ¿Es por el tipo ese que quería hacerte un hijo?
- Es.
- Sabes que no llegarás a nada con él.
- ¿Y contigo sí?
- Conmigo, puede ser.
- Contigo no quiero nada.
- No lo parecía hace diez minutos.
- Sólo ha sido un polvo.
- Un muy buen polvo.
- Sí, eso sí.

Él se levanta desnudo y le roza el pelo mientras ella se pone las zapatillas. Acaricia su nuca, la agarra de pronto del cabello, fuertemente, estirando.

- Suéltame - medio grita ella, amenazante.
- Cómo me pones.. tanto que tengo hasta ganas de golpearte, suavecito..

El chico buceador está nervioso. Tiene la polla dura. La hace levantarse, tirando de su pelo. Una vez de pie la besa sin soltarla. Ella se excita. Nota el calor que desprende el cuerpo de él y cuando la empuja sobre la cama, le baja las medias y mete la cabeza entre sus piernas. Ella se corre deprisa, minuto y medio.

- Me echarás de menos- dice él
- Lo dudo- miente ella- ahora vístete y vete.
- Te veré mañana- insiste él.
- No- reitera ella.

Cuando la puerta se cierra, ella piensa que todas las historias acaban así, con una puerta cerrada. Se sienta en el sofá, sube las piernas, rodeándolas con los brazos. Se queda unos minutos así. Después enciende otro cigarro. El coño no le escuece.

- Está bien así- se dice- está muy bien así. Puedes no llamar si no quieres, no me importa.
Se siente fuerte y extremadamente atractiva. Se siente poderosa y ganadora. Se siente mágica y bella. Huele bien, y lo sabe. Sabe bien, y lo sabe. Comprende que tarde o temprano habrá de sucumbir a la realidad. El chico filósofo ha desaparecido. Suena el teléfono. Se abalanza sobre él, llamada entrante. Chico buceador.

- Te quiero - dice él cuando ella coge el teléfono.

Y ella cuelga.
Cuelga.
Cuelga.
Cuelga.

Sobre el afán de protagonismo y el insensato hacer.

Teníamos la cabeza llena de pequeños sueños.
Se confundían con la palabra, que presurosa saltaba
Como el lobo sobre la presa.
Teníamos cierta calidez en las suelas de las botas
De caminar errabundos por solitarias calles
Siempre cuando en el mundo era agosto
Y el asfalto expulsaba ese calor grávido.
Después, conmovidos por el desgaste del otro,
Nos recostábamos, en la cama de sábanas frescas
En aquella habitación de la ventana enrejada.
Sudábamos y llorábamos con canciones como “Guilty”
Cuando kiss fm empezaba a emitir.
Éramos así. Tan extraños, tan sutiles, tan hermosos allí
Sobre las sábanas. Fumando.
Eternos, escuchando cantar al vecino
En aquella burbuja.
¿Te acuerdas?
"And we got nothing to be guilty of, our love will climb any mountain"
- creíamos cantar -

El chico infectado atravesaba la estación, corriendo hacia donde se encontraba la chica del diente partido, que fumaba un cigarrillo apoyada en el maletero de su coche. El chico infectado se aproximaba deprisa, y ella se sorprendió simulando cierta alegría. El chico tenía la cara descompuesta, seguro que había estado fumando en plata. Blanco y gordo, se iba acercando, gozando con anterioridad el instante en que se abrazaría por fin a la chica del diente partido y se sentiría por fin protegido y cómodo, por fin descansado. Ella le llevaría a su casa. Una casa limpia, con agua caliente, calefacción y comida en la nevera. Un lugar donde estar tranquilo, un lugar donde el chico infectado podría esconderse del mundo, sentirse a salvo.

- tienes los dientes hechos una mierda- le dice la chica- y la ropa sucia. Dónde coño has estado?
El chico infectado la mira de reojo. Es un fatal copiloto. No deja de moverse y de pronunciar algunas frases sueltas, sin demasiado sentido, por lo bajo.
- Joder, estás hecho un asco, en serio.
La había llamado de madrugada.
- Por favor ven a por mi, estoy cerca de la estación del norte, déjame dormir esta noche en tu casa, estoy solo. Tengo frío. No puedo volver a casa de mi abuela. No tengo dinero.

La chica del diente partido no supo negarse.
- Tenerte en mi casa me pone nerviosa-lo dijo en el coche mirando al frente y encendiendo el enésimo cigarrillo desde que la había despertado-son las putas dos de la mañana, se me va a salir el corazón del pecho, a ti parece que te haya pasado un coche por encima. No te tomas la medicación, careces de autocontrol, estás bien jodido y no voy a dejar que muevas mi vida de su lugar ni un solo milímetro. Te quedas esta noche, ni una más.
El chico infectado acaricia la rodilla de la chica del diente partido y susurra un "gracias" algo arrastrado.
Llegan al piso y ella pone la calefacción en el baño y busca algo de ropa limpia en el armario empotrado. El chico infectado se mete en la ducha y mientras tanto ella le prepara algo de comer.
- No tengo hambre - dice él envuelto en el albornoz rojo.
- No me importa. Come.
- Estoy asqueado ya de esta vida.
- No me extraña.
- Ha pasado mucho tiempo.
- Demasiado
- ¿Te acuerdas de cuando fumábamos siempre apoyados en aquel muro con los gorros de lana calados hasta las cejas?
- Claro que me acuerdo.
- ¿Y de cuando dormíamos en la caravana de Alicia?
- Claro, cómo voy a olvidarme de algo así.
- Creo que quiero morirme.
- No me extraña. Pero tranquilo, morir, morirás seguro. Y además has comprado muchas más papeletas que otros. Aunque ya sabes que eso depende de la suerte, más que nada..
- ¿No tienes frío?
- Yo siempre tengo frío.
Él se acerca a ella y le pasa un brazo por encima de los hombros. Se miran despacio y se sonríen.
- Es que te veo tan mal - dice ella bajando la vista - Tienes un aspecto horrible.
- Estoy como el culo, qué aspecto quieres que tenga.
- Eres un imbécil.
- Lo sé.
Se abrazan.
La chica del diente partido quiere llorar en su hombro. También le gustaría besarle y acariciarle y darle un poco de amor, algo de sexo, probar a sentir otra vez sus labios sobre la piel,como cuando durmieron en aquella tienda de campaña azul, hace ya milenios. Pero el chico infectado tiene ahora treinta años, anticuerpos de sida, más amigos en la cárcel que fuera de ella y el rostro magullado. Y ella se siente cansada y triste, y aprensiva.. su hipocondría empieza a atravesarla como un cuchillo.
- Vamos a la cama - dice ella separándose. Mañana a las diez de la mañana te quiero en la calle.
- Gracias por lo de hoy - dice él - eres una tía de puta madre, siempre serás mi mejor amiga, la única que se porta.
- Y medianamente - dice ella recordando todas las veces que no ha querido saber nada.
- Medianamente ya es mucho.
- No te mereces más, eso también es cierto - le guiña un ojo.

A la chica del diente partido le gusta ser sincera con el chico infectado. Como cuando le dijo que jamas fumaría de sus cigarros o compartiría con él el plato de ensalada. No le importa exagerar o parecer una paranoica. No le importa el comité anti sida ni sus panfletos "ponga un portador de vih en su vida". Ella ya tiene un portador de vih en su vida, lo tiene en su sofá, y no quiere acabar temblando de ansiedad ante la posibilidad de una hepatitis o un herpes labial.
- Tú eres un futuro enfermo de sida y yo una hipocondriaca recalcitrante. Olvidémonos de juntar nuestras salivitas ni en un porro de la mejor hierba...
Él abrió mucho los ojos pero no se sintió ofendido. Ella recordó cuando él amenazaba con escupir dentro de als botellas de agua en aquella acampada en la que la gente no quería dormir con él o beber del mismo vaso. Sonrío para si. Entonces nadie le decía nda, pero él lo sabía, lo notaba. Era mucho más doloroso así y la opción de expresarle en la cara todo ese miedo irracional, hacer que lo comprendiera, era mucho más práctica y sobre todo, sincera. De ese modo la chica del diente partido podría dejar de sentirse mal y él sabría a que atenerse.

Va a darle las buenas noches a la cama, en la habitación pequeña. Lo arropa, besa su mejilla.
- Te quiero mucho - dice la chica del diente partido - No quiero pensar en el día en que te mueras.
- Yo tampoco. Sencillamente quiero que llegue.
Ella se sienta al borde de la cama.
- Siento que las cosas te hayan salido así. Me gustaría crear otra realidad en la que poder salvarte.
- Lo sé, pero no te preocupes. Estoy muy tranquilo ahora, en este instante. En tu casa. Y a las diez de la mañana estaré fuera.
- En punto - dice ella levantándose, apoyando las manos en las rodillas.

Duermen separados por una pared hecha de miedos, rutinas, años, decadencias, agujas, sangre sucia, medicación, inquietud, juventud perdida, paraiso nunca recobrado.
A las diez en punto ella abre los ojos. La ha despertado el portazo.
Y sólo puede preguntarse si el chico infectado se habrá ido sin desayunar.

No se ponga usted así, mujer.

Me han hecho una entrevista que podéis leer aquí.




La mujer moderna saca sus propias conclusiones.. El corazón en un puño, una siniestra sonrisa vengadora, un ápice de cordura. Los cordones de las botas enredados, la sensación de que el aire se hace espeso, casi como la miel, ralentiza su respiración, confundiendo los sentidos en una orgía decadente.
Se ahueca el pelo. Se convierte en Valentina Tereshkova antes de ir al espacio.
Abre la nevera. Organiza los imanes por tamaños. Se emplea a fondo, decide obviar el riesgo. Lanzarse a la calle. Santificarse por fin. Ser alguien.

Los labios gruesos, el cabello corto y negro. Gesticulación hasta la enfermedad. Capacidad de escucha. Psicoterapia. Necesitamos un bote salvavidas. Corramos a la escalera de incendios. NO SE MORTIFIQUE USTED SEÑORA. Cómpreme esta lotería.
Qué es la ilusión. Qué es. La mujer se lo repite al fondo del local. Un bar sin riesgo, de máquina tragaperras y pequeñas conversaciones asiladas que parecen una. Ella con el abrigo negro, ignorando al tipo que bebe una copa de coñac justo al lado y la mira de reojo, con el ímpetu del que sabe que nunca tendrá que lo busca, por eso decide que no pierde nada, por eso se ridiculiza y se vuelve voraz, se queda adherido como un chicle en la ropa, con los ojos como bolas de billar, con el cabello grasiento y los bolsillos repletos de quinielas arrugadas.

Qué es la ilusión. Por qué se escapa entre los dedos como algo ensalivado, se desliza hacia el suelo en caída inevitable como el amor que cuando es amor resbala y uno sabe que no es un sucedáneo o un parche. Lo sabe. Está ahí, corriendo deprisa, intercambiando fluidos, oliendo ropa. Todo eso lo hace el amor por si solo.
Se recoloca el suéter.
Qué es.
Si no un momento concreto en el que rodeas con tus brazos un tesoro, y brilla y crees que es para ti, (la mujer se bebe ahora su copa de un solo trago) crees que eres rico tan rico tan sumamente rico, aunque sabes!..(y si no sabes ya vendrán otros a hacertelo saber), que es patrimonio histórico y ya no podrás retozar con tus monedas todas las noches ni soñar que eres una princesa o una señora muy distinguida de la alta nobleza. y tú quisieras saltar otra vez, volver a ser moderna. Que nada te importe, como a un niño. Desaparecer.

La mujer se detiene y busca en el bolso trozos de papel arrugados donde comenzar a partir en trocitos muy pequeños su demencia. Oscila después lanzándolos justo en el balcón que da al cauce del río. No reacciona al frío. Sostiene un suspiro en el pecho, exhala un aliento que parece último, y se la ve girar sobre sus pasos, dirigirse de nuevo a casa. Con la cabeza gacha, el corazón enfermo.
Qué es la ilusión.
Qué es.
Compra un paquete de cigarrillos.

Es en esa inmaculada esquina,
Donde yo aparezco siniestra con una especie de velo sobre la cara
Y algunos mechones de cabello enredados, trenzados con raíces de una
Extraña planta, portando frutas.
No cabe lo carnívoro.
Y sólo hay un puente pequeño, levadizo,
Dirigido allí donde la carne se hace muerte
Y el viento promete entronizarle a uno.
Y los huesos parecen recolocarse en el esqueleto.
Falsamente, como si se tratara
De un juego estúpido.
Uno parece flotar, sumido en bañeras de espanto y crisoles varios.
Con luces y sombras, con jazz y cigarrillos
Con pequeñas vibraciones que parecen
Querer decir algo
Con trozos de trozos de ambigüedad flotando en el aire
paralelos
Como si uno quisiera darlo todo y al mismo tiempo
Soñara con arrebatarle la respiración al conyugue, al amante
Al vecino del quinto.
Y todo por estar a la altura.
No cabe lo carnívoro, aunque acecha
Y yo le espero, armada, terrorista, enlutada,
Le espero, enroscada.
Enroscada.

NO- POEMA. (discurso)
(escritura semiautomática)
(no apta para consumo humano)
Creación post nausea.Pre vibración trágica.
Abrazo lo cómodo, el no mirarte
hacer girar los dedos justo en las esquinas de la página
de un libro que no leo
pero enfrento.
Abrazo lo fácil, por ejemplo
No encontrarte, no saber nada.
No saber con cuántas, cuando, en qué condiciones
No saber el grado de puterío alcanzado
la vacilación después de dos horas de sexo
No saber nada.
Es así como se está mejor, cierta ignorancia inocente.
Una sabe que
El viento en la cara al girar una esquina
se parece a eso que uno soñó
que puede arrancarlo todo
mover los cimientos de una casa
como en el cuento de los tres cerditos
arrancarlo todo.
Parece algo nuevo, como cuando encuentras cierta placidez
a una hora inesperada
y sin embargo
Nada cambia, todo permanece.
A uno le gusta sentir el cabello agitado
retirado hacía atrás, propulsado hacia el rostro,
al girar una esquina, al acercarse al puerto
Pero no quiere saltar o apretar las manos alrededor de algo.
Ante esto sólo queda decir que
no suelo vomitar, aunque sufro por cada pequeña pieza
del rompecabezas.
Eso gritaría a un público encantado
Esta sensación de naúsea permanente
al puro estilo Sartre es
Tan viejo como morir.
En realidad soy tan simple como
Una mujer que sólo quiere
tenerle cerca, amarle
Darle de comer.
Exprimir en letras el dolor
subiendo al pecho enlazándose con los ojos,
Con los lacrimales que parece que van a ponerse a soltar
todo su miedo y su inmaculada mentira
sobre la almohada.
No quiero meterlo todo en jaulas
Suele morirse todo lo que está en ellas
(se perece de asco- dijo el abuelo)
Antes de hora, como mi pájaro.
Que era joven porque tenía el pico corto- dicen.
Pero de todas formas murió yo lo tenía
Encerrado enjaulado, no me importaba.
Él estaba ahí y un día, dejó de estar.
Se murió pero un hombre debe abrir su jaula
el carcelero debe odiar su condición
y el aire querer volverse de verdad aire.
Poemas poemas poemas
No hay poemas suficientes en este mundo que yo pudiera
Escribir para desahogar este murmullo atronador
Del que no quiero explicarme
Nada está ahí para siempre. Nada sobrevive.
Y se me encoge el corazón.
Hay expresiones relacionadas con este órgano
Que alcanzo a comprender de una manera tan intensa:
- el corazón roto
- el corazón encogido
ahora todo parece contraerse porque fue real.
Todo aquello sucedió. Un estafa hasta la mutilación
hasta el odio, hasta la adicción.
Tocado y hundido.
Siempre hay alguien que quiere ver como hacemos eso
Llorar, dar golpes contra una pared desconchada
(destrozada previamente con las propias manos)
Y después de eso ahora cuando me habla de olores que quedan guardados
En pequeñas cajas de memoria exclusiva
Y de su deseo entrando en otros lugares
y de pequeñas cosas grandes que huelen y de
Palabras que se dijeron y que pueden repetirse yo sólo quisiera
Ser siempre
Perfecta sentir que estaré ahí mucho tiempo
Hacer que permanezca también fuera.
Por que
Nada es en mi pasajero o tenue.
Es como si quisiera poseer la esencia.
Cogerla con la manos, tocarla.
Hacerla mía.

Escribo por no morirme, total
tampoco me importa mucho la disposición de los versos
ni la desgracia del lector.
Abrazo lo indómito de mi propia psique
y me desembarazo del formalismo y las etiquetas.
En definitiva sigo vomitándole en cada palabra
Y parece que no podría ni en mil años
arrancármelo
y dejar este espacio por fin limpio
de besos contaminados, del hurto de mi alma,
del implacable cansancio con el que ahuyentaría a
cualquiera...
limpiar este espacio de
toda aquella torpeza animal con la que yo
limpiaba sus labios, comía de su mano
y creía fructificar
(que siempre me sonó a frutas que caen de un árbol)
En definitiva, cuando de pronto un día me levanto de la cama
y veo la repugnancia del mundo a mi alcance
y pospongo todo lo bueno para mañana
y el universo me provoca
con sus traviesas amenazas.
Es entonces cuando pienso,
ese cabrón me robó la sensatez y tendremos que ir
ferozmente
a recuperarla.

Escisión.

"No soy juiciosa, no suelo distinguir el peligro"
Aquella chica disidente que se separaba del grupo
en la excursión,
aquella chica a la que le gustaba
caminar la última,
nunca aprendió disciplina.
Y aunque era elevada, buena, piadosa
tenía en los ojos cierta agudeza maligna
una sospecha, la certeza de la duda,
que persistía con severidad en su cabeza
como agua estancada que nunca va a correr.
Todo ocurrió después de aquello de
la lanza en el costado
(que siempre fue una de sus frases,
en principio nada profunda, preferidas)
Cuando trás resoplar cayó a su lado
en una cama a algún metro del suelo
y se sintió bucólica aún en la ciudad
y dió por hecha la misericordia de la vida
como quien enciende el último cigarrillo
junto al estanco.
Después, vino la carnicería
el destrozo causado por la musculatura y el
cardítico amor que se moría de estafa.
Después vino el encontronazo con el odio
y todas esas cosas que una prefiere relegar
a días de ansiedad, nublados
cargados de botellas, como una bodega etérea.
Vaticinó después que se sentiría capturada
como en una célebre cárcel donde dormir
precozmente.
Sin privilegios, miraba por la ventana y sabía que
hacía falta organización y volver a mirar el mundo
como si no fuera una amenaza
sólo algo retrasado, lento, aplazado e incorrecto.
Un lugar por el que había de pasar
a toda prisa.

- Buenas noches preciosa. Te echaré de menos.

Yo sé de qué va esto, vaya.
Lo fácil es engañarse y pensar que todo
seguirá siendo siempre igual o que incluso mejorará..
Que esos pequeños trofeos que tenemos encontrarán una cajita preciosa donde guarecerse.
Pero cariño tú sabes que
hay cosas que vuelan desde las ventanas hasta el suelo
algunas caen como plumas otras parecen pesados sacos
y caen en línea recta o al menos eso parece desde la ventana.
A nosotros
de pequeños
nos gustaba tirar globos de agua desde el séptimo
pero aquellos cabrones de enfrente nos superaban
arrojando su propia mierda a aquel vacío inmenso
que era la calle.
La conclusión es que después de eso
de sentirte un rey arrojando cosas desde lo más alto
y de sentirte independiente subido en tu bicicleta camino
de ninguna parte
después de eso sólo se puede ir
cuesta abajo.
Y lo mismo pasa con cada día que perecemos juntos
mirando sorprendidos
la pequeñez abstracta de una fantasía ridícula
la muestra singular de un pequeño trozo de vida
que pareció real que pareció "lo que tenía que ser"
No quiero romperlo todo y decir que
algo se ha perdido,
sencillamente quería reflejar lo efímero de
la calidez, del orgullo, de las manos que no se cansan,
del murmullo infatigable de una conversación.
Es lo mismo que el pensamiento aquel de que
el amor había de durar como mucho
dos años.
Con eso también quise creer que me equivocaba.
Fue duro, supongo.
Un dia abrirse así.
De golpe.

Esta es una de esas noches de tinta china y agua que gotea en el baño.
Es una de esas noches de mutilación frente al ordenador
Hace frío y la ventana esta abierta pero nunca
te levantarás de la silla a cerrarla.
Ni siquiera pretendes parecer poética, la vista se nubla porque quisieras
morirte porque siempre coincide tu ovulación con su cansancio y el miedo con
la concreción del terror.
Porque nada importa demasiado en realidad, y en el fondo de ti lo sabes
eres una chica "intrínsecamente positiva"
y
- estás helada, te presto la chupa?
- no
- y me la chupas?
Unas risas tontas, otro trago de cerveza
después vengo a casa y como, después fumo
como costumbre
y quiero explicar algo pero
el vacío está ahí, detrás de todo porque al final,
aunque suene a tópico
siempre estamos solos
y eso es lo que hay que comerse
y metersélo en la cabeza y
entenderlo
llegar a la esencia de una verdad
universal y maligna:
Siempre
solos.
Y hemos de
aprender.

Hollywood seré.

Yo seré como Clara Bow en el casino,
como Clara en la cama, descoyuntada bajo un abrazo.
Seré como Lupe Vélez, resbalando en su propia mierda
cayendo
con la cabeza dentro del váter
muerta sin haber logrado
vomitar
el seconal.
Yo seré
como Frances Farmer
(como en aquella foto donde fuma y sonríe)
condenada al infierno
casi siempre despeinada,
un excelente ejemplo
sobre el que desbeber.

Hujila era una chica medio muerta, de película gore tripas colgando y trozos de traquea esparcidos por el cuarto. Soliamos bailar como podiamos, en salas para abueletes y marujas de todo a cien. Hujila era roja y blanca, con cara de bala y medias de rejilla. Hujila doña heroína, como le llamaban en el barco pirata que estaba atracado en el puerto los marineros: Hujila doña heroína, la hija del jefe, la de los leotardos rotos y celo de rata. Vagaba yo, con Hujila por las calles viejas medio empedradas, y me sentía romántico, con las cejas empinadas y a la luz de la luna con mi medio muerta amante de ojos hundidos y caderas de elefanta. Juntamos las manos sentados en un banquito. Doña heroína, Hujila... era una putilla de la periferia de padre rico y madre internada, con los labios mas morados del mundo y la vagina mas húmeda que jamas conocieran mis dedos de uñas mordidas.
Nos conocimos en la calle de las cerillas, la tarde de hacia dos semanas, y con le corazon encogido ante esa distraida belleza e indefension, ante tanta sangre y viscera a flor de piel, le dije, quieres apuntarte conmigo a bailes de salón. Y ella meó entre dos coches, mientras con la cabeza asentía y se miraba los zapatos, salpicados ya con cientos de gotitas del amarillísimo líquido, tan precioso.
Así que di una última calada a mi habano y le dije.
- creo que a partir de ahora iré siempre trás tus pasos.
Ella suspiró entonces, y subiéndose las bragas respondió.
- Vale.

Tenía la mujer el pelo eléctrico, o mejor, como una madeja de esparto.
Era rubio de bote, un rubio de bote sumamente artificial. Tal vez con demasiada agua oxigenada. Había sido profesora de francés en una academia de pago, y me enseñana a pronunciar Je t´aime.. veux tu m´épouser?. Y ella me preguntaba, ¿a quien quieres decírselo? y yo la miraba de reojo, sonreía y le guiñaba un ojo. Cuando la saludaba por la mañana, siempre le decía Bonjour! y para despedirme lo hacía con au revoir. También usaba el merci cuando me pasaba unos papeles alargando mucho el brazo, desde la mesa de enfrente. Llevaba una camisa marrón y sacaba las solapas por encima de la bata blanca de la que abrochaba hasta el último botón. No era una mujer fea, pero estaba muy estropeada y yo pensaba constantemente en llamar a un programa de la tele de esos en los que cambian la imagen de una señora gorda con los tobillos enormes y el pelo medio muerto y las manos rojas de tanto fregar y por un día la convierten en una especie de mujer fatal y su marido la besa medio apasionado delante de las cámaras. Redescubra su belleza. Pelo de peluquería, sombra aquí y sombra allá.
Ella mira por encima de las gafas de montura al aire, me comenta que se empañan con una facilidad asombrosa. Me pregunta cosas todo el rato. Todo el tiempo las mismas preguntas. Su inseguridad me abruma. Pienso que ha de tener algún tipo de demencia y me pregunto si se dará cuenta, sabiendo que la respuesta es sí.

Contestador:

Hola.
Ha llamado al mundo interior de la chica-partida
la que modula a la perfección
la que come palabras
la que escupe mentiras, siempre vanas
y en la boca pastosa de sueños guarda
comentarios ingeniosos
salivas de caballeros
y ardientes situaciones, narraciones fantásticas
eróticas, místicas
con las que deleitarle a usted.
Así que
Hola.
Ha llamado al mundo interior, siempre interesante
de la chica con la que pasar el resto de su vida.
Pero antes debe atreverse
a dejar un mensaje
en este extraño contestador.
Sin esperar, eso sí
que le devuelvan
la llamada.

La bandeja china, la voz en off,
la escucho desde la calle
llega hasta mi como propulsada por una arteria herida.
Eras implacable, lo recuerdo:
como un ejército de señoras en el mercado
eras inaccesible,
como un tunel de metro en madrugada de domingo
y tenías en los párpados cierta
paz, caían como interrogantes sobre los libros y
yo pensaba, envuelta en una manta, escuchando jazz
por hacerme la interesante
que
hay sueños que o los dejas escapar
o dejan de serlo.
Y me propuse entonces
no escarbar.
Dejarlos ahi, haciendose madeja
cobrando vida.
Pareciendo
algo.


*


Salíamos al balcón. Soldabas tus manos a mi pierna izquierda
(a mi me encantaba aquella deformación profesional)
siempre así sentado como si el mundo y el eterno retorno
no fueran ni hubieran sido nunca
tal cosa.
Tus ojos estaban entonces un poco llenos de ceniza,
mi espalda curvada parecía querer tejerse para siempre contra tu cama
y estaba también esa terrible dejadez en las sonrisas,
la escalera muerta de mis
dientes.
Pretendía hoy, sentándome aquí a escribir
equipararme a esas princesas de calle y familia clase media
infravaloradas
que acaban por creer en el propio desafío
de la fealdad, del miedo, de los huecos por llenar.
Comenzando a actuar impulsada
sólo por una mirada ajena, un dulce contacto sin riesgo.
Pretendía no aplastar a nadie con mi inconsciencia.
Seguir siendo, acaso, alguien.
(El mundo parece a veces querer reducirse a estos bulbos recíen regados)
Seguir esparciendo las delicias que dios siempre quiere
negar a algunos
Mordiendo lo bello, atacando al sol
directamente
con la cabeza alta
de frente y podría ser - debería ser
(sin tí)- supongo.

Deliciosas bacterias extraídas de tus labios.
Me atraganto con tu saliva y
juntos, miramos hacia donde
se pierde la silueta de una lagartija.

Con una fiebre en el labio, la chica del diente partido se dirigió a la cita con el buzo de grandes ojos miel. Estuvieron tomando una cerveza y hablaron de la procreación y de los insectos en el ámbar. Se miraron a los ojos con cuidado y estuvieron hablando de la inmediatez con la que se actualiza el dolor en la vida de uno, y de como las energias que desprendemos atraen aquello que les es necesario para subsistir.
Después se despidieron en el portal de la chica, y él le dijo:
- Anda, ven, dame un abrazo.
Y alargó su mano hasta la solapa del abrigo de ella, asiendola con fuerza y acercando a la chica a su cuerpo rápidamente, sin darle casi tiempo a reaccionar. Ella notó sus tetas pegadas al cuerpo de él y le dio un par de palmaditas en la espalda. (ella siempre había pensado que las palmaditas en la espalda en un abrazo es lo último que se dan dos amantes potenciales, así que lo hizo con cierta fuerza, para hacer notar al chico buceador que ya estaba cansada de dar vueltas, que quería irse a casa, que no quería besarle) Y él pareció entenderlo porque se retiró rápidamente mientras abría la boca recién salida del dentista y le decía.
- te llamaré para venir a ver una película... en tu casa.
Ella contestó.
- vale, además tengo muchas que me bajo de internet.
Volvieron a besarse en las mejillas, suavemente. Ella entró en el portal y se giró al cerrar la puerta, observando como el buzo de grandes ojos miel se ponía el casco mientras la miraba, guiñaba un ojo y sonreía montando a horcajadas sobre su moto enorme.

Nada parecía importar ahora, subiendo las escaleras. Con todas las puertas cerradas y muchas ventanas abiertas, se sentó en el escritorio y escribió por escribir, sin mirar las letras, sencillamente pensando en cajones vacíos, semen, hijos y temperatura ambiente.
Se quedó así, un buen rato. Hizo como que no había llegado todavía a casa. Se preguntó hasta que punto podría ser bueno el estar de nuevo así, con esa sensación en la nuca, con ese sudor frío, con el miedo a perderlo todo. Casi inevitablemente vino a su cabeza aquella teoría absurda sobre las relaciones amorosas, que han de durar a ser posible sólo dos años. No perdamos la magia. No la perdamos.
Se dijo.
Pero sabía que a partir de ahí, todo iría siempre cuesta abajo.

Te vi
y pareció detenerse el tiempo
los peces dejaron
de nadar en la pecera
el cristal se cristalizó
quise pintarme las uñas
pero era demasiado
tarde.
Tu boca se comió mi boca
quise escribirte una canción
cantarla en tu oido
quedarme para siempre en ese momento
no pasar
nunca
nunca
nunca
al siguiente.
(Y con miedo sin necesidad
de avanzar, quedarme
como el cristal
cristalizada
como un pez
en la pecera, quieto
en un punto, en inmersión
con el deleite del que sabe que nunca
saldrá que nunca
va a necesitarlo)

Tus tetas tenían algo. Era el sabor de las tetas saladas

Mezclado con el perfume delicioso y avinagrado de la axila

Y la boca que quise besar pero que tú retiraste cansada.

Te dije - no soy lesbiana

Y apuré la última calada del cigarrillo en el cenicero

Estrujando la colilla después, mientras te miraba y te decía

- no, no soy lesbiana.

Pero tus tetas tienen algo.

Es como si quisiera meter la cabeza entre ellas

Y aspirarte como nunca aspiré a nadie.

Y romperme contra ti, contra tus muslos más tarde

contra la avidez

Con la que te dices a ti misma

- no, no!

Y calientas la cama

Y miras al techo.

Respirando fuerte.

Tratando de llegar a la calle de enfrente
comprar tabaco. Tambáleandome en la esquina
cerca de la cabina telefónica.
Siempre huyo, justo en el momento justo
cuando crees que me tienes para siempre
cuando crees que me amas y que soy la chica
medio trágica pero en el fondo fantástica
cuando crees que todo saldrá bien
cuando crees que vas a engendrar algo
cuando crees que vivirás en mi casa
cuando crees que vamos a pasarnos
los días follando.
Entonces es cuando yo
huyo
despavorida
en dirección contraria
y busco en mi armario ropa con la que
pasar desapercibida
y busco en mi interior maneras de entender
por qué el viento hace grietas en mi piel
o por qué el azul del cielo parece volverse menta.
y busco en la librería algo con lo que olvidar
el presente
y busco en otros labios la paciencia de
lo desconocido
y el ardor de lo que no ha de repetirse.
Cuando recuerdo una risa encendida
una noche de abril
bebiendo vino haciendo todas aquellas cosas que parecían
no ser nada en realidad siéndolo todo.
Huyo porque
si hay algo que no soporto, sabes
si algo hay que no puedo resistir, que me abruma
y me vuelve completamente loca
es el celo con el que quieres poseerme
y hacer de mi lo que siempre quise ser
es el celo con el que quieres hacerme madre
y santa y esposa y puta y guarra y amiga y amante
es ese celo, el que me asusta
porque no se si seré
capaz
de acercarme siquiera un poco
a aquello que esperas que se supone
es lo correcto.
Estando como estoy, aqui borracha
sin saber qué escribo ni por qué
mirándome al espejo notando este peso
descorazonador
en mi.
Y no hablo en sentido figurado.
Los dos sabemos que puedo ser.
todo eso.
que puedo llegar a ser
más.
Pero existe en mi una manera implacable de
cerrar los ojos, de entornar los párpados
como pesadas guillotinas.
Un modo inexcusable con el que destruirme
al pensar que no merezco
ni uno solo
de tus cabellos.

Hoy es una noche mágica
aunque gracias a él vivo dentro de un tupperware
y se esconde mi sonrisa detrás de la mano
y observo cagar a un perro en el descampado.
Hoy, es una noche mágica
y he aprendido que no siempre que uno quiere
encuentra musas en las palmeras de la calle,
o en las naranjas que caen blandas y
con ese perfume avinagrado.
Normalmente me escudo detrás de libros y fotografías
de poemas que siempre caen en saco roto
de ambiguas formas de hacer las cosas
de pensarlas.
Siempre hago de esto aquello y procuro
no quedarme muerta cuando me dices
te quiero o cuando hablas de mi dedo
empapado recorriendo tus labios.
Siempre intento forzar la esencia, atraparla
guardarla en frascos pequeños, que ordeno
en las estanterías de mi vida:
El olor de los calzoncillos que él olvidó en casa
el aparato para escucharme el corazón.. bueno
él me dijo, cierra los ojos
ponte esto (alargando la mano con el estetoscopio)
y trás unos segundos pude oir su corazón.
Y entonces susurró: este es mi regalo.
No suelen pasar cosas que merezcan la pena
pero aquello, fue el principio del fin
y el fin el principio de otro algo.
Ahora me cuesta mirarme al espejo
rompo las cosas cuando me enfado
ordeno compulsivamente los trastos que se mueren en casa
esperando al mismo tiempo ordenar mi vida.
No caer en la desidia, en el tiempo muerto.
Quiero que alguien me coma las tetas
que murmure en mi oído palabras cansadas
que me haga un hijo
que me rompa la cara.
Quiero que alguien me investigue y no quiero seguir soñando
sólo quiero vivir, joder.
vivir.
y mientras observo al tipo que fuma el cigarrillo
en la ventana de enfrente
en realidad no se si quiero
eso
o preferiría
como siempre
estar en otra parte.

Debes saber que estaba a punto de ahogarme.
Compré algunas botellas de oxígeno.
Compré un libro que hablaba de cómo amarse a uno mismo
y una pequeña libreta que habría de esforzarme por llenar de letras
Compré cientos de chinchetas y maletas, y billetes de avión
caducados, que nunca se usaron,
en afán coleccionista.
Se
que me dejarás antes de que todo empiece
yo siempre fui asi,
lo quiero todo
o nada.
Y todo nunca suele ser suficiente.
Por eso me limito a exprimir un segundo,
y a desperdiciar el siguiente.
Como si eso me eximiera de lesionarme,
de entregarme
de hacer de esto algo convincente.
Creo que todavía no estoy curada no querrás
que te contagie
estas heridas.



*


La mayor parte de las veces no consigo recordar.
La estación se tambalea, aún recién llegada.
El color es ocre no podría ser otro.
No consigo creer en nada
yo misma soy irreal, no consigo creer
ni en el propio aire.
Cierta violencia quiere salir dirigida hacia ti
hacia aquel modo de jadear, de bramar
de escupir fuego.
Hacia tu saliva olvidada, hacia el aliento denso y apurado
al borde de mi oído y de mi odio
todo se vuelve hacia dentro y parece como si fuese a morirme
de miedo y de rabia.
Todo está vacío y yo, sudando
todo este amor
la compasión
la certeza de que
nunca
seré capaz
de amarme.
Todo eso, sabes?
A veces demasiado.


*


Tengo tantas ganas
De lamerte
De envolverte
De comerte
De arrastrarte agarrado a mis dientes
De chuparte
De aspirarte
Succionarte
Amamantarte
¡Tantas ganas
de dejarte limpio
como una buena perra
a su cachorro!


*


No habían escanciado el vino y ya sentía yo ese temblor de manos en el que me reconocía alcoholizada desde hacía meses.
El hombre del monóculo, de largos bigotes y sucios puños de camisa, parecía sorprendido ante mi ansiedad, riendo y mostrando así su diente de plata y su escasa fortuna.

Habiendo visto en compañeros y amantes los terribles efectos de la carencia de alcohol, lo que los sabios y doctores llamaban "delirium tremens" no deseaba yo, bajo ningún concepto, comenzar a ver serpientes y gritar al tiempo que enseñaba las enaguas, o como un desagüe enfermo, borbotear espumarajos por mi boca recién pintada, dejando en evidencia a mi amantísimo esposo.
Era este un hombre triste, individuo deprimido y deprimente, cobarde pero bravucón, intolerante e intolerado por el selecto círculo de damas que arrastraban títulos mientras enredaba sus lenguas en conversaciones cocainómicas, pero al que yo amaba en su calvicie y obesidad, al que amaba gracias a la influencia de su lengua allí donde la espalda pierde el nombre y a su retahila incoherente post coito, la cual me divertía y entretenía hasta caer dormida con la cabeza apoyada en su barriga fláccida o en la almohada mojada de sudores de amor.

Así que enamorada del terrible esposo y embutida en aquel hermoso vestido, pude observar trás la enésima copa, como una grande mujer rubia se abalanzaba sobre un caballero bien parecido, impecable en su vestir, pero que por el aspecto de sus pupilas y la extrañeza de gesto al mirar, parecía encontrarse fuertemente drogado.
Yo no soy quien para criticar estas acciones de mujeres despesperadas, pero les juro que no pude evitar reir y atusarme el pelo, para después caer en coma etílico sobre el balancín del jardín, en el que desperté al día siguiente, con las primeras luces, helada de frío y con un papel metido en el escote, que al desplegar me arrojó su verdad a la cara.

Está usted despedida.
Del mundo.
De todo.
Del todo.

No me llames más.
No pienses más en mi.
Imagina que todo ha sido un sueño de esos
en los que uno es feliz
(hablamos de esos sueños alguna vez)
y ya sabes, siempre se
acaba por despertar
con mal aliento
algo sudado
con hambre
y sin agua caliente (porque se ha jodido el termo.)
La leche está cortada
(de todas maneras no queda Nesquick)
y todo te la suda porque no tienes que ir
a trabajar.
Así que
mejor
no me llames más.
Imagínate eso. Que fue un sueño.
Después, pasado el mal día (por lo real),
vuelve a dormir y cuando
salga el sol otra vez
puntual y aburrido,
entonces,
estará:
TODO OLVIDADO.
TODO LIMPIO.
TODO EN ORDEN.
Podrás desperezarte
y decir:
AQUÍ
NO
HA
PASADO
NADA.

ni siquiera pretende ser un texto que parezca algo.
sólo necesito escribir.


descomposición - recomposición- humana, espiritual y física.

Cuando salgo de alli veo mi belleza y mi fuerza, cosas de las que tantas veces reniego acosada por la televisión la moda el desamor y la experiencia, y aunque suene a tópico es la verdad: mi corazón se agranda, me siento bien.
Es muy duro porque se ven cosas terribles. No es cierto que para crecer haya que ver cosas horribles, pero sí lo es el hecho de que se valoran de diferente forma algunas cosas que poseemos y que normalmente damos por hechas.
Y entre ellos hay una patinadora acróbata de una belleza que parece insultarla ahora desde la fotos en blanco y negro que guarda en el bolso. Y un trompetista de jazz con artrosis en las manos. Y mujeres fuertes, de campo, que amasaron el pan y trabajaron la tierra. Jóvenes, llenas de vida. Por entonces. Ahora lloran en esa silla tapizada de rojo.

Paso por pasillos llenos de muerte. Por pasillos de olores indescifrables, por caídas al suelo de mujeres ciegas, por delirios, demencias y obsesiones.
Paso por todo eso con la cabeza alta y el corazón que se encoge para después hacerse más grande.
Y pienso que sólo quiero amar cada segundo de mi propia vida, y a la gente que me rodea y merece todo esto que guardo aquí. Y buscar un sitio, no pensarlo más. Ser feliz, tener un hijo, otear el mar desde mi ventana, leer libros a media tarde, mientras alguien deja sus huellas en la playa, y yo le miro de lejos, y me siento bien, bien, bien.

Otro puto día de mi vida, abriré mañana los ojos y veré la pared desconchada a esa misma altura (esa pared que yo me encargué de destrozar con mis uñas mientras hablábamos por teléfono hace ya, parece, dos mil años).

Cierro los ojos en casa.
Me mantengo al filo del interruptor
a punto siempre de encender, de concretar la imagen.
Cierro los ojos y se vuelcan dentro imágenes blandas, pegagosas.
Se vuelca cierta inexperiencia en esto de encontrarse
y se corta con la navaja la carne, se lesiona.

El ático esconde una siniestra enfermedad,
que habla de olvido y carencias asesinas,
y así pretendió manifestarse
con la última llamada y la primera lágrima
que quise que rodara para tí y que tú
desechaste con la rápidez del que sabe que
se ha metido en un buen lío.








Óleo Zapatillas de David Morago Caro.

¿Importa o no?

Bajo la mesa, en pequeños fragmentos, me deshacía
como una niña estrambótica y pálida.
Quería volver a nacer, y en posición fetal
rezaba y rizaba mis cabellos con los dedos.
Mi padre se cristalizaba y parecía un ser
mitológico.
Mi madre intentaba cogerme de un pie
pero sólo conseguía rozarlo
con las puntas de los dedos.
El fuego crepitaba en la chimenea y teníamos unas pinzas de hierro
con las que quemar trozos de pan y luego comerlos.
Y yo rezaba.
Con los ojos cerrados.
Entonces lo lograron. Unos brazos largos me arrastraron a la luz.
Y me zarandearon, y yo lloraba y el tiempo se detuvo
y supe
que necesitaba algo. Un príncipe y un castillo.
Una verdad.
O en su defecto
carencia de interrogantes.
Fue la primera vez que deseé, ser otra persona.
No tener luces, no hacer preguntas, no necesitar respuestas.
Aprender a gritar en un portal, hacia el portero electrónico
palabras malsonantes, y que nada, nada.
Me importara.
Tanto.

Yo todavía tengo trozos de corazón viajando en mi interior.
Llegan al pecho y entonces creen recomponerlo, pero se confunden
y me asfixian.
Entonces es cuando escribo en revistas para aficionados y fotografío a algunas personas
que ponen un hilillo de voz y sonríen tímidamente mientras les digo:
"mira hacia otro lado, hagamos de esto algo natural"
Es cuando salgo de bares y me emborracho y me pongo las gafas en una cafetería
y me cito con amigos que explican sus putas vidas
y tengo que escuchar, sonreír y aconsejar. Bailar
al son de la sociabilidad.
Es cuando necesito dormirme sobre un pecho ajeno y escuchar el latido de otro corazón
y morirme en su calor y en su desidia.
Levantarme tarde y abrir las ventanas, poner música en el reproductor
Y salir a la calle, caminar deprisa, como si la velocidad me eximiera
de hacerme preguntas, o mejor
de intentar contestarlas.
Entrar en librerías, leer poesía de pie, rápido. Con avidez.
Y creer en el futuro, tener, cierta esperanza.
Mientras me recojo el pelo y hago como que
algo me importa lo bastante
como para seguir, seguir, seguir.

Para M.

He calculado con precisión de arquitecto, la forma y la dimensión.
He calculado con afán de explorador, la latitud y el horario.
He calculado con bayeta de ama de casa, el porcentaje de polvo acumulado
en relación al tiempo que permanece
la ventana abeirta
(la que da justo al descampado)
Y no he obviado que, pese a los cálculos o las promesas
nada es factible, nada es definitivo, nada se mantiene.
Mis collares me ahogan, los zapatos me aprietan
Nunca fui la chica que esperaba nadie.
Nunca fui la chica que él quiso besar en la oscuridad del cine..
Ni la perfecta poeta de curvas diabólicas con la que viajar a la India
Y hacer hijos robustos que caminaran descalzos
(Aunque pudiera parecerlo)
Nunca fui aquella con la que formar familias o crear vínculos estrechos
más allá de las palabras que suenan en teléfonos malditos
nunca más allá de la voz radiofónica, del estallido principal
por el que uno cree que está todo
Decidido
Hecho
(que se ha llegado a alguna parte)
Aunque he calculado con balanzas de laboratorio
toda la necesidad y todo el miedo, cada pequeño esbozo de una ligera
verdad.
Aunque he calculado con matemáticas todos los besos que nunca
llegarán a darme, y todos los hijos que no tendré y todas las ciudades en las que
no viviré.
Aunque se que definitivamente, estoy jodida.
Porque tengo el corazón roto y la mente nublada y me falta el aire
y el pelo se me enreda y las piernas no responden y las manos sólo quieren asirse a "Algo"
Porque tengo la fiereza que acumulada, rebosa en rabia
Y la incredulidad de la desesperanza
Y litros de un gas noble extraño, amoroso, aromático
que yo te daría, en dulces botellas, para que con mascarilla
inhalaras.
Y pudieras entenderme, entender la esencia.
La fuerza.
La verdad.
Verla
de
Cerca.

Palíndromos. Cafetería de Albatros.

Del la web de ana elena pena...


"Ellos quieren ofrecerme coches,
joyas y pieles, tú jamás...
Entregarme sus fortunas,
descolgarme la luna, tú jamás...

Y cada vez que me llaman
me dicen que soy hermosa,

tu jamás

Me imploran y me adoran,
y sin embargo los ignoro,
y tú lo sabes.

Hombre, tú eres un hombre
como los demás, lo se,
y como eres mi hombre,
yo te perdono,

y tú jamás.

Se inventan historias que finjo creer, tú jamás.
Me juran fidelidad hasta el fin de la eternidad,
tú jamás.
Y cuando me hablan de amor
necesitan muchas palabras, tú jamás.
Me traen sin cuidado sus fortunas,
que dejen ahí la luna,
no lo lamentaré...

Hombre, sólo eres un hombre, como los demás, lo se,
y como eres mi hombre, yo te perdono, y tú, JAMÁS"



.... PALÍNDROMOS

Ahora aquí sentada, he comprendido lo que quieres tú.
Y no soy yo.
En la cafetería del cine, miro a una chica delgada con un peinado moderno y
zapatitos de niña.
Un estilo muy pop, sabes.
Se toca el pelo suave y liso con los dedos y sonríe mirando la programación de la sala.
La acompañan dos amigos. Es pequeña y frágil.
Llevará una buena alimentación.
YO
Sin embargo
estoy aquí sentada, gigante y enredada. Cruzo las piernas con poca elegancia.
Acerco demasiado la vista al papel, casi diría que lo cubro con la cabeza.
(Mi abuelo siempre me decía, te vas a quedar ciega! Mi madre me pregunta ¿es que no ves bien? y yo confío en que comprendan cierta necesidad de intimidad, de esencial burbuja)
Me sobran veinte kilos.
Los zapatos me hacen rozadura.
El setenta por ciento de los hombres me parecen gay.
Voy de negro, no parezco alegre.
Más bien enfrascada en lo mio. Conversando con tenacidad en el modo auto.
Poco atractiva.
Mirando la hora en el reloj de pared.
Sola.
El collar de bolas negras me ahoga obstinado.
Lo hago ceder.
El café me provoca ansiedad.
A veces encorvo la espalda como si de un momento a otro
fuera a bendecir el suelo.
Fumo demasiado, hace tiempo que no voy en bici.
Bueno, lo único que en este momento puedo
decir a mi favor es que
escribo en
una Moleskine.
(lo que me da un toque realmente intelectual)
y que

te

quiero.

(Yo hago yoga hoy)
(Amigo, no gima)
(In girum imus nocte et consumimur igni)

Me interrogo aquí, gesticulando, justo en el borde la boca.
Me caigo aquí dentro, buceo, desarrollo nuevas destrezas
con el afán de
difundirlas por toda la faz de la tierra.
La moralidad me esquiva en la puerta del cine porno,
como el viento a las esquinas de ángulo desigual.
En las viejas
calles.


*



La chica casada miró a su hijo pequeño sentado en aquella sillita. Después se miró al espejo y abrió su cajita Pinaud con sombra de ojos de infinitos colores, pintalabios y coloretes. Extendió el verde por un párpado. Volvió a mirar a su hijo, le sonrió y acarició la cara. Extendió el verde por el otro párpado.

- Esta noche te quedas con papá.

La chica del diente partido se puso cera caliente en el bigote y tiró sin fuerza. Se puso color en el cabello y estrenó una camiseta a rayas roja y negra, comprada esa misma tarde. Había estado de compras con el chico de los ojos azules, que estaba hecho un grandísimo hijo de puta, y después de que este se comprara unas converse negras, había terminado llorando y haciéndose la enferma en las escaleras de un centro comercial.
Mientras se secaba el pelo con la cabeza entre las piernas pensaba en el arte de la manipulación y en cómo algunas personas son auténticas maestras. Sí, como el chico de los ojos azules.

- Me considero fuerte- le dijo a la chica casada mientras caminaban por una calle estrecha- pero a veces me veo en lugares de mi propia psique como desde fuera, lugares que desconozco. Una confía en su propio poder, en su equilibrio y su capacidad mental, en su fuerza espiritual, en su cordura. Y de pronto se ve a si misma agachada cerca de un banco donde descansa un abuelo, en un horrible centro comercial, lleno de ropa que no te entra y que tampoco puedes comprar, gimiendo y pensando que lo mejor que podría pasarte en ese momento es un desmayo. Dejar de existir, sólo por un rato. Dejarlo para otro momento. Acabar, descansar, suplir el tiempo que debería estar cargado de experiencias por la nada absoluta. Un desmayo. Tal vez con un golpe en la cara o en la cabeza, nada grave pero con mucha sangre. Centro de atención. Desmayo. Por fin me pasa algo. Poder decirle al puto cabrón de los ojos azules: ERES TÚ EL QUE ME HACE ESTO, ¿no te das cuenta?. Matar dos pájaros de un tiro.

La chica del diente partido lo dice todo gesticulando, mirando a su alrededor, embistiendo con palabras a la nada infinita que la asola. La chica casada parece escucha antentamente y se coloca las tetas en el sitio.
Se dirigen a un café. Un tipo alto y presumiblemente argentino se sienta a su lado. Parece un poco capullo. Pero es guapo, da la impresión de ser de esos que escriben todo el rato mensajes con el teléfono móvil, beben alcohol y dicen que van a invitarte a algo, y mientras hablan y hablan, al final de la noche descubres que todo el tiempo has estado pagando tú. Y bueno, tampoco te importa, al fin y al cabo piensas aprovecharte sexualmente. O eso crees. Crees que serás capaz de comportarte como uno de ellos, pero has perdido la práctica y más que una mata hari pareces un ama de casa que ha perdido el norte.


Mientras la chica casada sofoca una risita histérica al ver aproximarse al altísimo y cabroncísimo chico argentino, susurra:

- La monogamia es una mierda, y quiero ser capaz de dejarla en el futuro.

El chico argentino, efectivamente, resulta ser un capullo de marca mayor, un tipo drogado que cree que le ha tocado la lotería y que hoy follará "con dos, no con una, no... con dos!!" (Parece que lo piensa así, los signos de exclamación parecen escaparse por su boca, por sus oídos, y su cabeza, tiene sonrisa de gilipollas e insinua que quiere desnudarse en casa de la chica del diente partido) y mientras camina con ellas hacia Radio City, toca disimuladamente el culo de la chica casada, que se deja. Y la chica del diente partido se hace la sumamente dura. Es entonces cuando le escucha decir la siguiente perla:

- Vos, que sos una chica casada y todo eso, tenéte fe. Desmelenáte esta noche, yo voy a hasserte feliss, nunca probaste un pibe argentino ehhh, nena... tenéte fe.

"Tenéte fe, por dios. ¿De dónde ha salido este tío?. ¿Esa es la frase que se usa ahora para follar? ¿Alusiones a la fe en una misma?." - Eso piensa la chica del diente partido mientras se enciende un cigarrillo y acelera el paso sobre sus sandalias. No quiere ver como el chico argentino le soba el culo a su amiga, no quiere llegar a escuchar una puta palabra de su boca.

La chica del diente partido sabe que la chica casada se siente segura, que no va a tirarselo, ni siquiera a besarle. Ella está como en una enorme caja de cristal, con agujeros para meter las manos, como esas que utilizan en los concursos de la tele donde los famosos tienen que tocar un animal con los ojos cerrados. Y desde dentro de esa caja puede permitirse jugar y hacerse la lánguida, hacerse la cachonda, la putón, la salvaje. Al fin y al cabo nadie tiene la polla tan larga como para meterla por unos de esos agujeros y llegar a alguna parte sin la colaboración de quien se encuentra dentro. Se atreve a decir cuando le pega por fin el corte al chico argentino:

- Llámame dentro de dos años, a lo mejor para entonces he tirado por la ventana algunas partes de mi vida y no con ánimo de destruirlas, si no simplemente de airearlas - le sonríe.

La chica del diente partido desea desaparecer.. Se pone nerviosa con la situación. Ahora va a por ella, pese a que se muestra fría y antipática. El tipo piensa que en breve estará fumando hierba y desnudo en un sofá ajeno, como si estuviera en su casa. Ella se pone tensa cuando él se acerca y sonríe, y pretende pasar de su boca a la boca de la chica del diente partido una calada de espeso humo de marihuana.
Al final ella acepta, labios sobre labios, por presión.
Por presión, acepta. Durante su estancia en el baño de Radio City la amiga casada ha liberado sus ganas trasladándolas a la chica del diente partido, diciéndole al chico argentino que tiene suerte de estar cerca de ella, que va a follársela y le va a encantar. Que la chica tiene ganas.
Así que el tío va lanzado y ella aspira la calada del porro de su boca.. y su lengua se hace grande, grandísima, dentro de la boca de ella. Y se besan y ella se separa haciendo una barrera con las manos.

- Ha sido un beso por presión - le dice. Y él pone cara de no entender nada, de lo que se deduce que debe tener una polla enorme - No me gustas - añade.

La chica del diente partido aprieta las piernas y cierra los ojos. Piensa en cambiar de idea y llevárselo a casa. Darle un vaso de leche con Nesquick y galletas, meterlo en la ducha y echarle un polvo. Será suficiente con que tenga la boca cerrada, piensa. Al menos para hablar.

Pero abre los ojos, y sabe que no. Que el tiempo ha ido dibujando un miedo extraño en su corazón y en su cuerpo, una coraza extraña que impide que otro cuerpo toque su cuerpo. Y ella sabe que se trata solo de un dibujo que puede borrarse tan facilmente como se escribió. Sólo que no sabe cómo, no sabe cómo.

Llega a casa, se masturba un rato mirando al techo. Piensa en su corazón roto. Se duerme con la mano dentro de las bragas. Nada importa demasiado al despertar. Resaca, el ánimo por los suelos.

- Tenía que habérmelo follado, tenía que haberme tenido fe. - le dice al pájaro enjaulado - Cojones.




*El cuadro que se ve en la fotografía y que está desde hace tiempo en la pared de mi casa con el consecuente gusto, es de Sergio S. Isasi, del que podeis ver más aquí.

- Tengo esa tendencia- dijo la chica del diente partido- tendencia a seguir insistiendo dentro de mi, aunque en el fondo se que todo ha terminado.

Lo dijo mesándose el pelo y conteniendo una sonrisa, bajando un poco los ojos, posando la mirada en el plato de la cena, que sorprendentemente, seguía con la comida intacta y casi fría.

- Estás loca- dijo su amiga, haciendo un gesto de negación con la cabeza- te estás jodiendo la vida y perdona que te lo diga, pero estoy harta de escuchar tus frasecitas sacadas de libros... tu biblia particular, tu mezcladillo histérico...- se lleva el tenedor cargado de lechuga a la boca y la introduce como cuando se mete un paraguas en su funda- Estás colgada, sí.

La amiga también sonríe porque al fin y al cabo se conocen y respetan. Sabe con quien está hablando y no la incomoda ya decirle cuatro cosas a la indecisa y miedosa chica del diente partido.

- Eso sí - continúa después de masticar la lechuga- deberías plantearte seriamente la posibilidad de perder unos cuantos kilos, ibas a sentirte muchísimo mejor...
- Estoy tan harta yo también. Por las noches, antes de dormir y con los ojos abiertos mirando la ventana, ese gran hueco que da al resto del mundo, no dejo de imaginar situaciones en las que estoy delgada y guapa, en las que nada me da miedo y por fin tengo una cita con el chico del autocine, y por fin me presta su jersey, y lleva esos zapatos raros que tanto me gustan, y me pasa un brazo sobre el hombro. Pero después- la chica del diente partido coge el tenedor y pincha un trozo de queso de cabra a la plancha- cuando me levanto por la mañana todos los propósitos han desaparecido y el bote de Nesquick me mira desde el estante, parece que le salgan ojos, y todo es una mierda, y mis huesos están resentidos de tener que cargar conmigo, y yo lo se, pero ahí sigo, esperando que suceda un milagro. Y nunca llegará, porque los milagros no existen, eso es lo que los hace ser milagros, precisamente su "no sucederá jamás". Antes te caerá un rayo.
- Qué linda eres- dice la amiga adelantando un brazo por encima de la mesa y acariciándole la cara a la chica del diente partido- Hace nada eras una terrorista emocional y ahora mírate: aquí preocupada por los deseos que no te atreves a hacer realidad porque no sabes qué será peor. Si seguir como hasta ahora o arriesgarte a verte a saber qué.
- Hay gente que me pone a parir, no he dejado el terrorismo, no te creas.
- ¿Por qué piensas todavía en él?
- Porque es un imbécil engreído y no soporto que me hiciera tanto daño un capullo de semejante calibre.
- Pero ya pasó!!
- Y qué. Mírame. Para mi se congeló el tiempo en ese segundo. No ha pasado nada, me he quedado muerta, y tú lo sabes. Estoy cansada de estarlo, pero vivir me duele y aquí se está bien, en la nada, sin riesgos, sin alegría y sin tristeza. Aquí, en el limbo emocional...
- Tienes que hacer algo. Olvídate de tus complejos y tus fobias, ve a una cita con el chico del jersey a rayas. Bebe con él. Fóllatelo. Aunque estés gorda hueles bien y tienes unas tetas preciosas. Tu mirada es dulce y perversa a la vez, sabes cómo hacer para cautivarle. Arriésgate!
- Olvídalo, cariño. Eso no va a suceder. Aunque yo sepa que lo que dices es verdad y que de todos modos no pierdo nada. Aunque yo sepa que debería lanzarme y olvidarme de mi misma, dejar de autopercibirme de esta manera tan terrible, de palparme, de auscultarme, de tomarme la tensión, de intentar equilibrar mi mente y pensar que todo está bien. Nada está bien. Y no voy a moverme, no voy a hacerlo. Soy una cobarde. O estoy bloqueada. Acojonada. Me han roto, me han mutilado, me han arrancado la parte de mi que creía en algo. Ahora estoy sola, sola, sola. No creo en nada.

La chica del diente partido llora y busca la mirada del camarero. Confía en el morbo y la curiosidad que mueve a tanta gente, confía en que la mirará y se interesará por ella. Por lo que le pasa. Se enjuga la lágrima, tan real, tan sentida.
Juguetea con la comida en el plato, enciende un cigarrillo. Mira a su alrededor.
Luego a su amiga. Le dice:

- No tengo hambre
- Qué raro- contesta ella sin hacerle mucho caso.
- Sí... ¿estaré enferma?
- Quien sabe.. - con voz cansada.
- Es raro que no tenga hambre- insistente.
- A lo mejor es que estás tranquila, la ansiedad te da hambre - por decir algo.
- Jajajajaja
- Estás colgada- lo dice ya con una sonrisa.
- Es otra de mis tendencias, ya sabes.
- Creo que el camarero te mira mucho.
- Es un hijo de puta. Todos los camareros son unos hijos de puta. - Lo dice parodiando a su ex.
- Qué mamarrachada
- Quien con niños se acuesta se levanta meado.
- No empieces con tus frasecitas.
- Es un refrán. Oye - cambia de tema- cómo me gusta Pau Gasol.
- Está bien, es atractivo.
- Uhm. Me lo follaría. Es tan grande. Me casaría con él. - La chica del diente partido mira hacia arriba como pidiéndole algo al cielo.
- ¿No podrías ser un pelín realista? - a la amiga ya le crispan este tipo de comentarios.
- La realidad es muy cruel, mira a tu alrededor, joder. El otro día en el trabajo intentaba escribir algo y un compañero me rondada todo el rato por detrás, resoplando y silbando sin llegar a silbar y diciendo frasecitas en alto que leía de los documentos que tenía que tramitar. Estaba ocioso y quería leer algo, aunque fuera una palabra, de lo que yo estaba escribiendo. Me puse a parir. Le odiaba, cortaba mi inspiración, se burlaba de que intentara escribir un libro. No paraba de sonarle el puto móvil. Era una bestia. El tipo de tío que conoces y no puedes evitar pensar si se follará a su mujer hasta dejarla medio muerta o se la cascará en el baño sin parar leyendo El mundo del tractor. Y yo pensaba en mi maldad. En como se puede odiar a alguien sólo por hacer eso. Comprendes. Todo cruel, cruel. La realidad es así, fea y cruel. Y no le gusta que miremos al cielo cuando está despejado sólo para sentirnos bien.
- ¿Quieres un café?
- Mejor un té.

Fuman mientras esperan. El camarero sonríe a la chica del diente partido y hace un comentario sobre la piedra (un ágata) que lleva en su anillo.

- Es preciosa- dice.
- Lo se- dice ella quitándoselo para que el camarero pueda verlo más de cerca.
- Tú no viniste un día a cenar con un tío de pelo largo y gafas?- dice devolviéndole el anillo después de haberle dado unas cuantas vueltas.
- Sí
- Tenía cara de hijo de puta.
- Jajajaja. Tú también.
- ¿Quieres que salgamos un día?
- Claro. Tengo esa tendencia.
- ¿Cual?
- Me gustan los chicos con cara de hijo de puta.
- No cuenta Pau Gasol - dice la amiga.
- No, Pau no cuenta.

Se rien. Fuman otro cigarrillo. El camarero las mira de vez en cuando y sonríe entre las mesas.

- Oye- dice la amiga.
- Qué.
- Que sí, que tiene cara de hijo de puta.
- ¿Ves?


Visiones

A veces, una quisiera arrojarse de cabeza al foso de los cocodrilos.
Suspirar mientras cae honestamente a que la devoren, con las palmas de las manos abiertas y sin arrepentimientos de los que justifican al mismo tiempo los errores. Suspirar mientras se cae de dicha, de descanso, de desahogo.

Me lanzo horizontal contra las dunas protegidas de esta playa donde ahora mismo trabajo, no reposo, no existe alegría en mis ojos.
Odio al mundo, que está a punto de engullirme, mientras me resisto y sujeto mis muñecas con viejas arandelas de ruido que me aten a la tierra. Es un ruido extraño, irreconocible, como de música degradada, que ha ido muriendo en el oído drogado hasta que no es nada.

Quisiera sacudirme los miedos como un perro mojado por la lluvia, que se secaran más tarde, como gotas sobre la tierra, aparecer en tu casa con un vestido original, invitarte al autocine. Que me dejaras tu jersey.

Una se mira la piel reseca y piensa en la soledad y en el miedo que ésta provoca, acercándose gigante, con unas grandes fauces llenas de mierda,es entonces cuando crees que follando se arregla todo, crees que mirando hacia otro lado se arregla todo, crees que pensando que mañana será otro día se arregla todo, y que no es demasiado tarde ni siquiera para hacer ese viaje o para volver a amar.

Volver a amar parece casi imposible ahora que el recuerdo de esta putada se ha quedado a vivir conmigo. Me siento como un charco opaco, con barro fino y pisoteado por niños de quince años saliendo de la disco móvil: Ellos se reflejan en mi y yo me reconozco en ellos, ellos no quiere reconocerse en mi y a mi me asusta hacerlo en ellos.
Lo comprenderán tarde. Acabarán por sucumbir, por estirar la pata, llenarse de facturas y amputaciones, de pesos sucios y actuaciones poco célebres.

El pasado no existe.
Eso es lo que dicen: ni el futuro, sólo el ahora, el presente, este segundo.
Pero si este segundo es una cerdada, entonces incluso el futuro parece negro y lo único que llega a ser transparente y digno es el pasado, lleno de vida, intensa y bella. Lleno de pollas pequeñas y adolescentes y de tardes bebiendo cerveza y de larguísimos besos y de esa letania parecida a una bonita canción, siempre de fondo. Una buena banda sonora.

En el pasado está ese chico que quería casarse contigo y formar una familia, y está el primer teléfono móvil que acompañó a una historia de verano. En el pasado está la sombrilla que se voló casi matando a aquel tipo y el alivio de caber dentro de una talla 42. En el pasado está tu amigo todavía vivo y el corazón sano y valiente. En el pasado está tu madre, rubia y elegante, recogiéndote del colegio y esa sensación de orgullo supino al abrazarla, tú con las gafas, pobre patito feo, pero qué feliz.

En el pasado están las cometas que hacía tu abuelo y el disfraz de india americana en esa fotografía, el iaio con el rifle y haciendo una visera con la mano, como si mirara al horizonte.

En el pasado está la valiente manera de dejar a tu novio por un gilipollas al que amabas intensamente. En el pasado está la foto en la que saliste haciendo la pava, en la revista Penthouse, y el cámara de televisión que te llevaba en la Harley por el pueblucho de mierda en que veraneabas. Y Reighton Road, en Hackney. Cómo olvidarlo.

Uno puede recrearse también en el preciso momento en que la vida dio un giro pequeño y no se tuvo en cuenta el tan conocido y sin embargo misterioso Efecto Mariposa.
Por eso, como principio de tu presente, está en el pasado aquel día fatal en que tus labios besaron los labios del tipo de los zapatos raros en la puerta de aquella discoteca asquerosa,
y el día siguiente cuando dormiste en su cama
y los siete años que siguieron a esa noche y que ahora te obligan a poner tierra de por medio y aceptar tu cansancio de estar muerta, casi tanto como Fausto Urpí.
Te obligan a lanzarte al vacío otra vez.
Y no puede resumirse nada, Nada puede resumirse.
Todo está aquí, se ha acumulado largamente en mi, en forma de serpiente enroscada. Toda la vida a tomar por culo. Así es como lo pienso a veces. Esa es la frase. La concreta.
Quisiera empezar de nuevo, atrapar el momento en que todo empezó a torcerse, y matarlo.
Destruir
ese
momento.

Yo tenía un pequeño charco. Era mi charco, a la salida del colegio. Y siempre tenía agua, ese charco. Era de esos que permanecen después de grandes lluvias, y que duran tiempo y tiempo y cada vez son más pequeños pero conservan su agua marrón un día y otro día y siempre al salir del colegio me miraba en él. Y me miraba y cada vez veía menos porque el charco menguaba.
Y yo crecía en forma de peste crucigrama bocadillo de tortilla folio reciclado y khol para los ojos. Yo crecía en forma de desagrado y victimismo y con pequeñas grietas, en forma de sexo sucio, de asiento trasero, a la antigüa. Crecía en forma de tumor, de vacío existencial, de carencias siempre las mismas, asesinas.
Crecía en forma de destino, de recorte de periódico, de sábanas secas.

El final de la historia es simple: el charco desapareció, y yo cumplí mi cometido.
El cielo se desvencija no tengo cama ni fotografías reales y listas para golpear. Las uñas rojas acarician teclas, el cabello se enreda por costumbre, la ceniza cae sobre la mesa.

Yo no necesito entender nada. Sólo enredar dedos en dedos y morder el hombro para sofocar el grito. Dulzura y delicada presión. Como un avance, como un aval.

Después de la noche.

16.2.2006

¿Será que soy insensible a la muerte?

Y a los videos musicales, y al cáncer,

y a la estación fria, y al calor de gruta.

Soy insensible a la razón, a la oscuridad, al silencio.

A tus ojos con ecos vacíos en los que duermo y despierto

Y al cabello despeinado en el instante de la fotografía

y al alarde estúpido de la enredadera tatuada

y a mi propia envidia, y a mi propia suerte.

Soy insensible al caos, al sufrimiento, a la realidad

angosta y cínica, pasadizo funesto.

Muerte y esperanza, en el programa informático

todos han de saber la verdad, que

la perra ha muerto

que alguno de mis familiares hace por respirar en la UCI

que el cártel de se vende sigue colgando en balcón de enfrente

que yo me vendería por una buena suma de dinero.

Por un viaje a algún lugar, lejos.

Que todo es más simple y más estúpido que un sueño basto y cruel.

Que Freud era un gilipollas.

Que aún te amo porque no existes.

Y tienes mejor cara así, sin ser nada más que

lo básico,la simpleza del amor

que no puede, que no debe

morir.



Sin embargo yo he tenido un sueño horrible en el que unos médicos cambiaban todos mis órganos de sitio y yo me sentía muy débil muy débil e iba a morirme pero tenía la posibidad de curar a otros porque de mi cabeza salía luz.
Comía con un policía, incómodamente. Sentada en una silla muy pequeña. Tú salias de detrás de un terraplén con libros en las manos y una carpeta pequeña donde guardabas tus datos personales.
Yo no podía correr, por la operación, ahora que mis pulmones vete a saber dónde estaban. Pero extendía la mano para hacerme ver y tú te hacías el loco girando una esquina, para después reaparecer por detrás y olerme el pelo.


Sucumbí, medianamente, al bloque de arcilla en esa tienda
quise aplastarlo con mis manos y hundir mi nariz en ella y
secarla y romperla.
Del mismo modo me acerco a ti, con el miedo intacto
de las mujeres mayores
a confundirse de hijo en el pabellón del hospital.
Con el miedo intacto a una mala mirada
la cara de sorpresa, el sexo inútil.

nada de nada

atravieso la escalera, no la subo, la atravieso, la parto, me comunico con mi interior con un yogur vacio y una cuerdecita que llega muy lejos. Practico para expandir los limites de mi mente, como el niño Alejandro. Digo mentiras.
Todos quieren casarse con una poetisa enferma y luego nadie soporta los velos, las mareas negras, el incienso la quietud o las ofensas. Las personalidades torturadas/torturadoras son expuestas en vitrinas como modelos de algo-nada. Nadie quiere a un gilipollas en su casa. Te miran a dos metros, entornando los parpadillos, sufriendo con la loca al final del poema, alabando los metros y metros de hojas los kilometros de palabras. Después a casa a regar las macetas a implorar a luchar.
Me aburre luchar. No se luchar, no se amar, no se perder, ni siquiera se ganar, no se nada, nada, nada. No me conozco, me indago lo que veo no me gusta. Vomito. Atravieso escaleras, compro calcetines rojos, me divierte ver pasar el tiempo como si pasara una desgracia.
Soy.
Mas no estoy.
Y quien quiera que crea que puede amarme que se teletransporte y por favor, que no escupa.
Que no me escupa.
Que no me pegue.
Las almas complicadas, los bocetos de persona, esos que nunca llegamos a nada pudiendo haber llegado a todo, esos a quienes miran con el paso de los años diciendo oh mirala podria haber sido alguien importante alguien grande. Esos - Esa soy yo.
Alcanzo, eso sí, una gran pobreza de espíritu.
Me rodeo de pseudo genios de cafeteria, subnormales hastiados por un miedo atroz a ver a ser a crear
yo soy
eso




Todos los cables sucios...

...de grasa. Las manos del electricista son grandes zarpas desde que tiene el carnet de instalador. Instalador de desazón, de vínculos estrechos, de distancias congeladas oprimiendo un botón en el mando del televisor. El electricista pasea sus venas de cobre por mi casa, menea su cabello estilo medusa a través del teléfono. Y bastaría
tal vez
con un NO
Pero decir no, es a veces más dificil que aceptarlo por respuesta.
¿no creen?



descalza como sobre la mesa de madera, carne, pocas verduras, salsas picantes. siempre soy la misma, el horoscopo dice que por fin voy a cambiar a decidir lo que ser, pero no creo. a veces estoy tan cansada de dar explicaciones, me quedo tan triste cuando no cumplo con mis obligaciones porque no me da la gana.. me arrepiento tanto de ser esclava de mis mentiras....
mierda, esto no es ni siquiera un intento de prosa poética


un hilo de humo

un hilo de humo
en mí
un hilo de humo ata un cruce de visceras ata
un fino hilo de humo
esta quietud a
tu nombre
se queda estrecho
un hilo de humo
fino



llueve me gusta la luz blanca a las tres de la tarde


puedo contar las miserias de una encuestadora en apuros de una fumadora empedernida de una escurridiza gigante que gira en la nieve como una bola blanca como una mujer de 25, viendo a su ex, un chico rubio y fascinante, subir y bajar montañas con la facilidad que caracteriza a cualquier escalador habitual. Me subo en mi coche rojo fresa madura y corro a mi casa entre mis mantas con esa sensación horrible de no ser lo suficiente y sin embargo abultar demasiado.
Las sonrisas que me dedica la gente en el peaje de la autopista, la carretera, las montañas, el documental que filmo en mi cerebro-cámara. Salen las casitas, el mar, sale un conejo que cruza la carretera.



Tengo madera, tengo.
Voy a poner a crepitar
este interior

Tú, cerdo (01-11-2005)

Hoy vi un hombre dulce.
Sí, sí. Lo juro. Un hombre dulce. Se dedica a reparar centrífugas para laboratorio.

Automaticamente, después de planteada la cuestión de si enamorarme unos minutos o no, decidí pasar de largo y dedicarle un hasta luego lánguido y arrastrado en las sílabas, que denotara cierta atracción hacia su persona y que dejara claro que era un candidato para el folleteo y la familia.

Los putos perros no paran de ladrar en el descampado.

La situación es clara. Estoy sola, mal de la cabeza, enganchada al anís estrellado por el tema de los eructos y soy un despiste de mujer. Por otro lado existen ciertas virtudes como la inteligencia, el candor y la cocina, claro que esta última es una virtud falsa y heredada.

Todas mis virtudes se quedaron entre tus sábanas.
Cuando llegué por primera vez dijiste que no habías tenido tiempo de cambiarlas, y sinceramente, no me importó.
No me importo follar donde antes habías ya follado, no me importó sudar y parecer una puta rumana de alto standing con el meneo del culo que inspiraba la coca. No me importó caer rendida a tus pies ni soportar tu egolatría incipiente.

No me importó, porque te amaba.

El rimel hace pegotes en mis pestañas.
Todo se vende, se relentiza. Mi alma está cansada. Sufro en cualquier estancia, en cualquier momento. Y disfruto a partes casi iguales, de estar en casa, mirar por la ventana, fumar esa maría, apurar las horas y masturbarme mirando a un imbécil correrse a través de una webcam.

La soledad es una enemiga, pero puede ser una buena zorra si la tratas bien.

Esta noche hablaré de las notas que tomé ayer. Y del aire frío que en mis pies parece querer quedarse a vivir.

La limpieza general acaba convirtiendose en "ese gran momento" en que por fin, todo a tu alrededor parece relucir y recibirte con otra cara, una cara nueva, realmente lavada. Un cambio en la ubicación de los cuadros, una cortina nueva para el baño y cuatro fundas para los cojines del salón. Frotar con ahínco en las esquinas de la casa, las ocultas, donde acaban por acumularse cantidades ingentes de mierda en forma de pelusillas. Tú nunca te imaginaste "eso" antes de mover el mueble.
Lo mejor es que has sacado 13.45 euros del experimento. Entre monedas encontradas en sitios tan inverosímiles como la maceta de una planta (que en este caso escondía la cantidad de 55 céntimos) o la bolsa para las pinzas de la ropa (2.70) y algún billete en el bolsillo del pantalón (5 euros) Luego en sitios más comunes como el sofá o el interior de la lavadora.
Bien.

REFLEXIÓN sin conclusión

Dejé todas las exigencias en viejas cajas junto a las plantas
Las plantas murieron despacio, una tras otra, una tras otra
las hojas cayeron blandas, como ausentes
Yo, me separé de mi misma y ensanché mis caderas, tomé cuerpo
(demasiado, tal vez)
Olvidando las viejas cajas, llenas de
exigencias y violencia, de estrecho campo de acción
olvidé mi belleza y llegados a este punto, crei
que retomar esta serie de atributos por los que era conocida
servía más bien de poco.
Así que sin tenerme lealtad ninguna, me arrastré y sucumbí
ante una gran estupidez, que venía en forma de borrón
y cuenta nueva.
Todo agigantado por mi pequeñez de espíritu.
Bueno, de qué sirve todo esto me pregunto.

Nada que celebrar.
Repetición a ti debida.
Inexcusable esta
manera
cutre
de abstenerte.

Miro todas mis cosas.
La mochila roja, la ventana entreabierta
las bragas pulcramente ordenadas en
el estante.
Toda mi vida, degradada, adormecida,
el viaje en coche todos los días
el mismo camino que vomitan los ojos.
Me veo rellena de embustes, como si
aquellos saludables momentos felices
no fueran más que puntos negros indefinidos
pequeños y con condiciones.
La ira me dobla en dos, maléfica en su
escalofrío, en su naciente importancia.
Y cuando logro enderezar mi cuerpo
y mirar al frente, con desamparo
como si me hubieran robado la vida, pienso
en ti y en cómo decirte
me abandonaste, me abandonaste
y eres un mierda
un mierda
un mierda
un mierda.

Inspección de interiores.
Pozo oscuro, siniestra cuneta.
Mentirosos de manos derretidas.
Cerdos al horno, cardinalmente imbéciles.
Os odio, síntoma
de mi indolencia
de la saciedad con que doy cada paso, absorta
en mi propia inseguridad, en mi empacho de
indignación, de franqueza ante el espejo.
Se avivan las cenizas con un soplo
se invoca la realidad desde el llano
y todo parece dejar de girar, sólo centellea.

Casi la Noche (2.12.2005)

2.12.05
Casi la noche

Mirale, mirale. Has visto a ese tipo? Se ha dejado el pelo largo, apenas le reconociste. Pero después se acercó a ti y cuando abrió la boca lo ubicaste rapidamente en el tiempo en el espacio y le ubicaste hasta en su propia vida. En el mismo barrrio, con la misma gente, con la misma profesión.

A veces todo me cansa. Sinceramente, quería que el chico se largara. Que nos dejara a Kike y a mi hablando de nuestras cosas. Que si esto que si lo otro y que me dejara a mi quejarme sin tener yo necesidad de andar pareciendo simpática o llena de energía, como si todo me fuese bien de verdad: Pues yo llevo dos años currando en el mismo sitio, sí, para la generalitat. Sí, en Benicalap, ahí vivo desde hace dos años. Sí, sigo escribiendo. No, no voy a quedarme a cenar hoy en el barrio del carmen, no.

Mi coño lagrimea cerrado y estúpido. Sólo quiere una dulce polla en su interior.

No pretendo ser guarra no pretendo levantar ampollas no pretendo ser grosera ni moderna, sencillamente quiero ser yo. A veces se pone complicado de veras.

Di un gran salto contigo al vacío inexacto y ahora que estoy
todavia pagando el paracaidas falso
y estoy todavía giimiendo habiéndome quedado en nada.
Habiéndome quedado en transparencia.

El chico suizo no puede dejar de jugar con la perra, hablandole en francés y yo me pongo histérica porque intento concentrarme para escribir pero no quiero parecer demasiado grosera cerrando la puerta.

En eso consiste mi vida, en no parecer demasiado nada.
Sencillamente, ir desapareciendo, con cada aliento, cada vez más terca, más imbécil, más invisible, esperando enamorarme en cada esquina, recuperar el aliento, sudar en la cama, no quedarme sola, no pensar en todo aquello que
un buen día
desapareció.

El hombre joven bajó por la escalera tremendamente estrecha, del quinto piso a la calle. Bajó deprisa, mientras sacaba el paquete de tabaco de un pequeño bolso que llevaba siempre con la correa cruzando su pecho.Recordó el instante en que decidió abandonar a la chica rubia, como lo meditó apenas unos minutos, el tiempo suficiente para tomar la decisión de sacarla de su vida. No quería joderla pero tampoco la quería. A lo hecho, pecho. Y golpeaba con sus manos esta parte de su anatomía mientras se miraba al espejo y creía en su propia divinidad. Así que tomó el teléfono móvil entre sus manos y la expulsó de su vida al estilo “esputo”, limpíandose después la barbilla con la manga, disimuladamente.

Yo estaba de rodillas sobre la cama, las sábanas arrugadas, ocultando regalos en sus pliegues. Un trozo de cobre cortado, ancho y grande, afilado en sus aristas era el anillo que me regalabas. O que habías olvidado. Desperté para no saberlo.

Palabras que no nos gustan.

Dicotomía. Realidad. Arritmia. Procesar. Ajenjo. Raquítica. Enclenque. Bótox. Enjundia. Idiosincrasia. Hiperventilar. Colación. Miedo, ansiedad, lexatín, bajón, sola, gorda, siempre, otra. Madrastra, hijastro, mujerzuela, epíteto, bofe, cachicamo, sarro. Reglosa. Hermenéutica, Diacrónico y sincrónico, epocal, epistémico/ca. Padre, Madre, Pescado. Instruir, pollito, anémona, libertinaje, zozobra. Pretension, desproposito,recelo, celos, posesión, cargo, despedidga, grande, dependencia, soledad, menosprecio, descompás, murmullo, barullo, .....ismo. Referente. Hagiografía. Solidario. Válido. Implementar. Proyecto. Orgánico. Felicidad. Zote. Crematístico. Cuchipanda. desilusion, desamor, rutina, hipocresia, maltrato, ansiedad, depresion, vacio, muchedumbre, hambre,























Dime tus palabras odiadas pinchando aquí, voy añadiendo las que me enviais.































































































































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