Proporcioname lo necesario para que retire mi túnica
y haga posible lo imposible:
Que embutido tú en tu mentira,
te entregues por fin a mis adivinanzas y altercados
siempre mentales, nunca naturales.
Con la solidez y consistencia de tu pene de acero
y en confianza, sin recelo.
Decirte que asignados quedan los papeles
en la representación-marmota.
Yo de irritante droga
y tú de cuestionable trágico.
CORAZÓN SALVAJE: EPÍLOGO A HUELLAS EN EL POLVO, NARRATIVA COMPLETA DE DAVID
GONZÁLEZ.
-
Siempre consideré a David González, durante los muchos años que pasé a su
lado compartiendo versos, lecturas y carreteras, el mejor escritor de mi
gener...
Hace 1 día
0 pulsaciones:
Publicar un comentario