Para salir de ti, el viento se murió en la cerradura
de mi extraña puerta.
Tomé por asalto la nevera vacía, recorriéndola con ojos ansiosos
una y otra vez, sabiendo de la nada.
Pero de pronto
Te miré como quien mira llover en esa fotografía
no calculé el tiempo preciso para olvidarte
olvidar culos espadas vino esas copas rojas
la imprecision de todas las cosas que no te dije.
La habitación con vistas al descampado, mientras yo fumaba
y tú dormías
y yo te observaba.
Así que se deshizo el nudo
muerto el perro
ya sabes.
CORAZÓN SALVAJE: EPÍLOGO A HUELLAS EN EL POLVO, NARRATIVA COMPLETA DE DAVID
GONZÁLEZ.
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Siempre consideré a David González, durante los muchos años que pasé a su
lado compartiendo versos, lecturas y carreteras, el mejor escritor de mi
gener...
Hace 1 día