Suculento el viento, con olores de sueños
tus carrillos hinchados comiendo demasiado
el sueño profundo,
la inexactitud de los dedos.
Atravesada por lanzas vacías, huecas
como cañas de bambú
y arrastrada en el suelo limpio
como una vieja fisgona, busco
bajo las mesas, entre las sillas
algo que aún te pertenezca.
Todas mis redondeces que
se vuelven esquinas.
Toda la razón que se convierte en
cubos
de
basura
borritas de polvo
tristes
y yo
subyugada (por aquellos besos)
Después hay un ruido.
No
puedo
dormir.
MICELIO: Laura Giordani.
-
Para ver las estrellas sepultadas
habrá que hundirse sin reservas
como un muerto abriendo sus ojos
por primera vez bajo la tierra.
Y el corazón deberá inc...
Hace 23 horas
0 pulsaciones:
Publicar un comentario