Los labios falleciendo, el matadero
llevado al abandono tras años y años
Y la luna cerrada
que eran mis uñas y lo vergonzoso de un
diván japonés, trás los adornos.
Un beso no es más que un ungüento
la piel que toco no huele a carnicería y
sin embargo esto parece
una
matanza y acaso
será
con el perfume de todas las cosas
perdidas.
En el monstruoso devenir,
incompleto en
su transcurso.
NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA: EPÍLOGO por JESÚS PALACIOS
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LÁGRIMAS EN LA LLUVIA.
LOS CUENTOS CRUELES DE VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ
Si han llegado ustedes hasta aquí, atravesando las páginas que me preceden,
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Hace 6 horas