Maremotos de saliva tus ojos a veces tan lejos y esa
sonrisa que pones a medias como despreciando el día
y cada paso con el que te encaminas al supermercado.
Me gustaría explicarte que hay veces que creo que
moriré a dentelladas, que el deseo de que la tierra se abra
y mate a nuestros hijos y destroce nuestra casa
parece instalarse como un agudo vendedor de seguros en
mi puerta, como un presentador de la tele de sonrisa
blanqueada, contratado de por vida y a tiempo completo.
A veces, me pasa eso, me veo de negro caminando por la acera
sin querer mirarte porque mirarte significa hacerme redonda
y girar sobre mi misma y regresar al pudor de la
insignificancia.
Regresar al momento fatal en que vi morir una lagartija
en que vi estallar un caracol enfermo
y vi como un cazador tiroteaba a un perro
y vi morir a mi amigo amarillo como la vainilla de sobre
(esa que se mezclaba con leche para hacer helado)
y vi sangrar a mi padre el dedo gordo colgando de la mano.
Todas esas cosas, ver sangrar ver morir idolatrar a un
muerto, un cantante muerto, y
odiar
la respiración
de alguien más
en la habitación pequeña.
No es abrumador existir.
- pregunto.
Un sombrero pasa girando
por el suelo.
Es el viento.
CORAZÓN SALVAJE: EPÍLOGO A HUELLAS EN EL POLVO, NARRATIVA COMPLETA DE DAVID
GONZÁLEZ.
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Siempre consideré a David González, durante los muchos años que pasé a su
lado compartiendo versos, lecturas y carreteras, el mejor escritor de mi
gener...
Hace 1 día