Con todo este trasiego no alcanzaste a ver el sol.
Parecía ficción tu risa, y el modo de modular, casi lamentándote
mientras yo
te pedía vajillas de porcelana, edredones de plumas
cigarrillos de marca y te decía
cuando escucho la palabra atar oigo tu nombre
cuando escucho astillero oigo tu nombre
cuando agresión, oigo tu nombre
y chupar, y surtidor, y oficinista.
Tú entonces te ponías púdico, y yo todavía más Luzbel.
Éramos felices, discordantes e insólitos,
sabías perdonar mis anomalías y yo
agradecía infinitamente tu robustez y clarividencia
y el modo que tenías de engañarme haciendo
que todo pareciera brillante y nuevo,
que luciera como el cabello
de un dandy.
Como si por fin el cielo
fuera a bendecirnos
con su abundancia.
CORAZÓN SALVAJE: EPÍLOGO A HUELLAS EN EL POLVO, NARRATIVA COMPLETA DE DAVID
GONZÁLEZ.
-
Siempre consideré a David González, durante los muchos años que pasé a su
lado compartiendo versos, lecturas y carreteras, el mejor escritor de mi
gener...
Hace 1 día