No necesitas señuelos ni árboles soltando hojas.
Ahora es tu momento, hace sol
las caderas de esa chica tendrán que trabajar duro.
Yo
sueño (dilapido mi luz como si fuese un objetivo)
sueño
con el colmillo que hincado no vacía su veneno
con la apuesta
con el artificio
y no quiero pociones mágicas ni aderezos indescriptibles
sólo quiero
al embaucador,
al bárbaro,
al que brama.
Al que apurado deja mis palabras morir
en la misma postura.
CORAZÓN SALVAJE: EPÍLOGO A HUELLAS EN EL POLVO, NARRATIVA COMPLETA DE DAVID
GONZÁLEZ.
-
Siempre consideré a David González, durante los muchos años que pasé a su
lado compartiendo versos, lecturas y carreteras, el mejor escritor de mi
gener...
Hace 1 día