
Mientras fregaba los platos se hizo verdad
y no sé que sería: un beso, una caricia
la gran follada
pero ahí estaba.
Porque mi cuerpo se abrió y resquebrajó, seco
y cansado
y mis manos quisieron arañar el rostro
de la impaciencia.
Y las lágrimas se ahogaron en mi cara.
Bueno es cierto que
estaba oyendo cierta música
y estaba intentando soltarlo todo
que se hiciera gigante tan grande
para volcarlo derramarlo
terminar con todo.
Por inercia.
Por su propio peso.
CORAZÓN SALVAJE: EPÍLOGO A HUELLAS EN EL POLVO, NARRATIVA COMPLETA DE DAVID
GONZÁLEZ.
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Siempre consideré a David González, durante los muchos años que pasé a su
lado compartiendo versos, lecturas y carreteras, el mejor escritor de mi
gener...
Hace 1 día
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