Al otro lado del espejo es ese libro que lei hace tantos años en clase de filosofía, y aquel tipo al que se le caían las gafas no podía dejar de mirarme los codos.
Quisiera ahora mismo echar un muerdo a cualquier trozo de carne y vaciar la cabeza. Dejarla hueca, que pudieras beber zumo de coco dentro de ella. Que pudiera yo nadar hacía arriba, si acaso eso puede hacerse.
Podría esforzarme por poner los ojos en blanco.
Nada me aturde más que hablar de mi.
No sé por qué me empeño en hacerlo.
MICELIO: Laura Giordani.
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Para ver las estrellas sepultadas
habrá que hundirse sin reservas
como un muerto abriendo sus ojos
por primera vez bajo la tierra.
Y el corazón deberá inc...
Hace 23 horas
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