Cuando el silencio me ahoga, enciendo la radio y me llegan de un planeta lejano voces que apenas comprendo: ese mundo tiene su tiempo, sus horas, sus leyes, su lenguaje, preocupaciones, diversiones que me son radicalmente extraños.
Simone de Beauvoir.







Formentera - Fotografías mentales-

La oscuridad negra tan negra como, sí, la boca de un lobo. La mano y la confianza ciega. Fue bonito, un minuto largo y trenzado en el ombligo en busca de la linterna.

Lagartijas verdes cruzándose todo el tiempo en nuestro camino, daba pena caminar por no pisotear las flores y las hileras de hormigas. Cosas que aparecen como por encanto.

La ceja con el destello blanco. El bello gesticular de otro. Los miro como se miran unos bellos ejemplares que proteger de la extinción. El mar de fondo, y nosotros sobre las rocas.

Urbanitas con la tez roja, porque el sol nos ha dado un poco, de pronto tenemos mejor aspecto, parece que todo va a ir bien, que nos iremos lejos y olvidaremos aquello para lo que fuimos programados. El aislamiento en esta lista no tiene nada que ver con lo grave que parece en la ciudad, donde en realida casi nunca te cruzas con alguien.

La puesta de sol y el gran perro negro que nos siguió durante más de una hora. Al galope con , junto a las bicicletas como un enorme caballo salvaje

La puesta de sol verdadera, nada más que eso y nuestro silencio cómplice. El perro jadeando se tumbó sobre la roca, las olas golpeándola. Un barco imprimiendo la silueta negra sobre el mismo sol.

Dormir y no escuchar nada, sólo el leve murmullo de la radio en la otra habitación.

Me gusta recordar el tacto y otras cosas, no puedo sacarme de la cabeza la belleza y el cabello despeinado por la noche viendo una película de terror.

Tan fácil como extender los hilos.

El olor de la perra después de revolcarse en las algas. Los barcos, la ropa ordenada en el armario.

Azucarillos

Yo soy el propio dibujo, emborronándose con la gota y la otra gota, la rabia
es un perro gigante, nuestro amor es viejo y ya no suena a viernes.
El castigo toma formas perennes,

construirme una y otra vez qué hago si no eso,
construirme una y otra vez con retazos que se van, sí, desvaneciendo, con
la gota, con la gota se van.



Las puertas del muro azul abiertas, los vecinos pasan, me gusta mucho estar sola, es decir, no estar rodeada de gente desconocida, prefiero que no pase nadie por la calle estrecha en la que escribo, este bar me encanta, con sus sillitas de madera y sin tráfico, con el árbol gigante cerca, mucha gente viene a tocar su tronco, son muchos años, por cosas de la energía cósmica y demás. Pero afortunadamente pasan rápido, no es necesario mucho más, el tacto de la madera húmeda reconforta en unos segundos, y pese al cabello naranja extremo paso desapercibida, o eso creo, no me importa, de todos modos, estoy de espaldas.


Romperse es sumamente difícil, en realidad lo es tanto como fácil, tal vez se trate solo de que el momento sea el oportuno y todo se vendrá abajo en una catarata marrón y enorme.

En estas fechas, pedir un mínimo de silencio en esta ciudad es imposible, un niño bastardo está tocando no sé qué pito estridente en la plaza, el eco llega hasta aquí.

¿Qué es esto? ¿Una ofrenda a modo de diario? ¿Una pataleta incombustible? Se deshace en mis manos la coherencia y el nudo que tengo vuelve a mi garganta otra vez, siempre parece que quiere quedarse para siempre. Luego es expulsado, o reducido, agazapado en alguna parte va a volver como vuelvo a alimentarme mal por muchos propósitos de enmienda que haga.

Lo de la sangre y los periódicos me enferma sumamente. Lo de la sangre y los periódicos, lo de los hombres empinando el codo en congresos y ferias de restauración. Y las mujeres que son como colchonetas con botas y maquillajes y oro.

El arte es inconmensurable y fugaz, pasó por mi una pluma extraña y azul, pasó y no vuelve, me siento nada. Me siento como nada, nunca hice nada con un propósito, solo el de pasar mejor el día, ahora me encuentro con la imposibilidad de hacer algo nuevo de lo caduco e inverosímil.

Miras a la chica gorda y con turbante (menos gorda que tú en todo caso) te gusta su naturalidad y su dentadura, te gustaría mirarte y ver lo que ella ve. Desgraciadamente, somos ésta, y no otra.


La carne en el asador es lo que haría falta, haría falta eso y follar, follar mirándose a los ojos, lo que se suele llamar hacer el amor pero con palabras guarras y oídos atentos.

La policía nacional ha pasado por aquí con sus motos mientras yo deliraba histriónica hablando por teléfono, gesticulando con un porro en la mano. Estoy de espaldas (ya lo dije) así que no los vi venir. El primero redujo la marcha y se giró, mirando mi mano, que yo seguí de todos modos moviendo, sólo que esta vez con cuidado de que se fijara en la parte marrón de la boquilla donde pongo el cartoncito, una forma como otra cualquiera de hacer porros, pero que pasa a veces por un cigarrillo si no se tiene mucha vista. El policía no tenía mucha vista, o es que ha decidido no tenerla. Escribo, bebo café y fumo en una calle peatonal por la que no pasa casi nadie. Estos paladines de la justicia, estos vigilantes de la ley y el orden, me resultan antipáticos aunque tengan buenos culos. Mi naturalidad manifiesta a la hora de esgrimir mis pequeñas banderitas cotidianas, me ha librado de una multa y del mal trago, que al fin y al cabo lo es.


Mi bulto debería verlo un médico. A veces creo que moriré por indolencia. Es muy probable.


Mi mundo se hace pequeño, muchas veces es una miniatura que chilla sin que nadie la oiga. Soy un garbanzo en el universo, un garbanzo en mi ciudad, un garbanzo de todas formas en mi calle y en mi casa.


Es tarde, las manos se me quedan heladas, estoy esperando que tus labios rocen los míos con algo parecido a la casualidad. El corazón me latía tan rápido en el patio, de verdad pensé que iba a hiperventilar y desmayarme.

Divagación.

Necesito sentirme fuerte, utilizo todas esas complicadas contraseñas
para el correo electrónico y páginas de contactos, reordeno las prendas
por tipos y frecuencia de uso, necesito y tú lo sabes
sentirme tan fuerte.
Trato de tener sueños lúcidos, ahora que no escribo apenas
y que lo poco que hago, lo hago pasando de puntillas por el mal.
No sé, no pretendo nada,
necesito reaprender el vahído de la escritura, que me de un poco igual, caer
dentro de ella que
apagues la televisión, que terminen las fiestas, tener las gafas, tal vez este fracaso
se deba también
a una visión deficiente.
A los ángeles les suenan las tripas, nada de viejas arpas,
el abuelo no me mira pero está riéndose con ese hueco
en las encías recostado en el sofá, en la pantalla,
y la primavera está llegando, el amor
flota en el aire como un globo de gas y pulsaciones,
mi memoria es una cadena negra y por las noches sueño también
sin darme cuenta, con palacios de zirconita y peleles con penes pequeños
y contigo, amor, mi legendario amor, en los calabozos de la ciudad, rodando como
ruedan las piedrecitas pequeñas en verano haciendo daño en los pies,
en junio todavía tenemos las plantas
delicadas y siempre hay un dolor,
Ismael tiene varios, nosotros sabemos mucho de las personas, las
vemos venir, y sigo soñando con cráteres y perlas, con chicos que pierden la
cabeza, dilapidan sus fortunas, se despeñan como
cabras montesas y afortunadas, pobres pero aún ilesas
sus ojos saliendo de las órbitas mientras
corren por el arcén de
la nueva autopista.

*

Me siento fuerte con enredaderas
y cosas complicadas que hacen el entramado más
resistente.

Palabras.

Luego está la sangre, de pronto resbalando por el muslo, líquida y rosa, y el cabello de un naranja eléctrico, y él diciéndome que esta tarde puedo ir a comprarme todos los trapitos que quiera. Sonrío y me hago pequeña, en el espejo sólo soy un insecto pedante, los problemas de cervicales hacen que me maree, sobre todo cuando miro hacia arriba, ahí arriba está nuestra colección de cómics. Escribir como ejercicio inútil cuando ya parece que tu vida está precintada, un sueño vago de algún imbécil en algún lugar podría ser más interesante que contar ladrillos en la fachada de enfrente o comprar carne picada y compresas, pretender ir a la inauguración de una librería justo en la calle de atrás, cruzarme con el yonki del brazo roto y saludarle.
Miro su autorretrato justo enfrente de mi, mientras escribo sus ojos bélicos van acariciando mi nariz, podría decirle que en mi enfermedad hay canciones muy bonitas, que harían llorar a las princesas, y también que he desperdiciado mucho tiempo, escribiendo sin contar nada concreto, fotografías mentales deshechas en en palabras, desmenuzadas torpemente, no hay nada más que eso, torpeza, y que me gusta, me gusta la carne cruda, no mentía en aquella entrevista, ¿no es horrible? Que me guste, quiero decir.
Fumo por toda la casa, dejando aquí y allí mi ceniza esparcida como cagadas de paloma, abro las ventanas y hace frío, un frío pequeño y que precede a la primavera.

Hago ejercicios para desatascar el embudo de mis palabras, derrocharlas siempre fue lo mío, no sé qué está pasando.

Vertebral

Me sentí ridícula con el vestido retro en ese lugar. Un bar de jazz para puretas y pijos, la banda no estaba mal, de todas formas los temas elegidos no eran de mi agrado. Y sentada en ese taburete tan pequeño... una mujer enorme sentada en una sillita para enanos o viejos entrenados en el gimnasio, o para gente que hace yoga, de estilo espiritual. Yo hice yoga una vez, pero ahora tengo la espalda bastante destrozada, estuve cómoda veinte minutos, el resto fue una tortura china y estúpida. Ahora estoy en casa escuchando música brasileña, fumando. En la calle hay mucho jaleo. Me gustaría estar por ahí, bailando, sentirme bien aunque sea embutida en un vestido retro (que, todo hay que decirlo, habrá sido muy criticado por el ala gay del grupo.) Bien. Me he puesto un cubata con Chivas que es lo que había en casa, restos de la pasada navidad, todo un sacrilegio para puristas de las tonterías. ¿Harán estas cosas que concluya una historia de amor? Mis piernas regordetas y el carmín dolido, estropeado y fugaz. La piel con esquelitas de todos los muertos, el pasadizo de la garganta, vienen de ahí algunos monstruos, muchas zorras y un calor que no es humano, ¿harán estas cosas que se acabe el amor? ¿Somos en realidad tan poco egoístas o barremos todos hacia donde nos conviene?

¿Puede el dolor de espalda destruir una pareja?

3.

Cuando aspiras y mantienes el cinturón abrochado, siempre un agujero más
como si sentirse apretado fuera una forma, como otra cualquiera,
de asirse al mundo.
Un regalo en una revista mensual, y saltas con gafas nuevas, te empeñas
en que te interese, de algún modo, la cosmética y la moda, en realidad es
ser otra persona, con la piel lisa y algún modelo apropiado para cada ocasión,
una suerte de famélica hembra, que empieza por hacerse valer en el mundo
de la literatura y los recitales performance.
Después está que no te aclaras, te miras al espejo y ves belleza, y te miras y ves
un monstruo extraño, una cara deformada, un vientre hinchado y la maldad.
Y el asesinato.

2.

Juntas las manos mirando a la luz, expones la cara, un somnoliento perro de angustia, van ahí las tardes de lluvia, tú, pensando, estresado, en canciones tristes te revuelves el pelo una mejilla hinchada la resurrección de la carne en tu motor de riego, escampa la luz, sortea un pasillo un vehículo y esta vena, el amor en el aire, un signo de extravagancia, por ejemplo,
sería caer y no
levantarse.

1.

La frase preferida de algunos es: ahora no es buen momento. La frase preferida de otros es: todo llegará. El aire aquí es muy caliente. No me gustan los hospitales ni los centros de salud. Se respira cierta gripe, la soledad de los abuelos, las gafas usadas en contenedores de material contaminante.
Hay momentos en que para mi, esto se ha convertido en nada. Quiero decir, es como si hubiera desaparecido la capacidad y también la necesidad de hacerlo. Prefiero fumar y mirar por la ventana, el patio interior con juncos y palmeras donde fuman unas enfermeras. Una da una calada profundísima y se sujeta la chaqueta con la otra mano, cerrándola. Hoy hace más frío.

Palabras que no nos gustan.

Dicotomía. Realidad. Arritmia. Procesar. Ajenjo. Raquítica. Enclenque. Bótox. Enjundia. Idiosincrasia. Hiperventilar. Colación. Miedo, ansiedad, lexatín, bajón, sola, gorda, siempre, otra. Madrastra, hijastro, mujerzuela, epíteto, bofe, cachicamo, sarro. Reglosa. Hermenéutica, Diacrónico y sincrónico, epocal, epistémico/ca. Padre, Madre, Pescado. Instruir, pollito, anémona, libertinaje, zozobra. Pretension, desproposito,recelo, celos, posesión, cargo, despedidga, grande, dependencia, soledad, menosprecio, descompás, murmullo, barullo, .....ismo. Referente. Hagiografía. Solidario. Válido. Implementar. Proyecto. Orgánico. Felicidad. Zote. Crematístico. Cuchipanda. desilusion, desamor, rutina, hipocresia, maltrato, ansiedad, depresion, vacio, muchedumbre, hambre,























Dime tus palabras odiadas pinchando aquí, voy añadiendo las que me enviais.































































































































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